Flagelo para-estatal

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“Todavía seguimos siendo más chimpancé que cualquier chimpancé”.

Por Jorge Guebely

Azote maligno contra el ser humano nacional lo constituye el espíritu godo de la élite colombiana. “Fuerzas oscuras”, las calificaba Virgilio Barco, que cometen atroces crimines sociales para preservar sus tradicionales privilegios: poder vertical con exclusión social y aspiraciones dictatoriales. Largo historial de permanentes guerras, durante doscientos años de república, para salvar, a sangre y fuego, sus prerrogativas económicas y culturales, similares a las de la vieja aristocracia europea.

Como en la antigua Europa, parte de su poder económico y político lo gestan en las enormes propiedades de tierra. Tierras mayoritariamente excluidas de verdaderos impuestos estatales y del desarrollo tecnológico mundial. Hacendados que piensan y actúan como marqueses colombianos, auténticos enemigos de la democratización del campo y de la sociedad. Sus presidentes actúan como vasallos del rey español o del presidente norteamericano. Ninguna dignidad nacional ni respeto popular.

Atroces en sus guerras, primero combatieron al espíritu liberal, encarnación del demonio como se proclamaba desde los púlpitos católicos. Guerrearon hasta terminar en la horrenda masacre de La Violencia donde pululaban liberales populares degollados, descabezados y desmembrados.

Godificada la élite liberal, arremetieron contra las guerrillas de todas las tendencias: liberales como la de Guadalupe Salcedo, cristianas como las del ELN, comunistas como las de las FARC, urbanas como las del M19, indigenista como la del Quintín Lame. Pero nunca cedieron en sus privilegios. Vencidas las guerrillas, más por contexto internacional que nacional, arremeten hoy contra los líderes sociales: reclamantes de tierra, promotores de paz, defensores de derechos humanos, demandantes de justicia, policías rasos… Hacen trizas todo lo que implique progreso cultural o evolución humana.

Para su sangrienta tarea, cuentan con un Estado completamente minado en todos sus poderes: ejecutivo, legislativo y judicial.  Construcción jurídica que les sirve de mampara para aparentar legalidad y decencia. También cuentan con un para-estado criminal, poderosos personajes con ejércitos particulares o con paramilitares, esos mercenarios criollos que negocian con la criminalidad. Cuentan, además, con la sumisión de un pueblo catequizado, durante varios siglos, en la funesta tradición.

Los espíritus futuristas y humanizantes del país permanecen amordazados entre el Estado legal y el para-Estado. El mismo principio del policía bueno y el malo. Mientras el para-Estado comete crímenes atroces, el Estado legal actúa con impunidad. Sólo declaraciones falsamente indignadas, sólo recompensas envenenadas, sólo promesas que nunca se cumplen.

Mientras los líderes sociales mueran impunemente masacrados por el para-estado, la evolución humana en Colombia continuará estancada. “Todavía seguimos siendo más chimpancé que cualquier chimpancé” como lo pensaba Nietzsche del resto de la humanidad.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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