Fernando Gaitán no pudo despedirse de ‘Betty la fea’

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Periodista, guionista y director escénico, se convirtió en un icono mundial de los dramatizados de la pantalla chica. Era uno de los personajes invitados al XIII Carnaval Internacional de las Artes.

Por Canuto Espejo/Elpaís.com

El escritor Fernando Gaitán Salom, uno de los libretistas colombianos más famosos en el mundo, falleció este martes a la 1:46 p.m., a causa de un paro cardiorespiratorio, según el comunicado difundido por la Clínica del Country, en el norte de Bogotá.

Fernando Gaitán Salom tenía un mundo por delante. Su camino fue truncado a los 58 años.

A los 58 años de edad, el genial libretista estaba en la cúspide de su producción escénica, con un jugoso contrato que acababa de firmar con la multinacional del entretenimiento Sony Pictures. Además, su ‘Betty la fea’ seguía dándole satisfacciones al montarla como obra de teatro. Por ello, pensaba reunirse con Ana María Orozco, actriz que representó exitosamente el papel de ‘Yo soy Betty la fea’. No pudo despedirse de ella.

En su agenda de este año, además de la firma de un atractivo contrato con la Sony Pictures, estaba incluida su presencia estelar en el XIII Festival Internacional de las Artes, que se realizará en Barranquilla desde el jueves 14 hasta el domingo 17 de febrero. Este evento, organizado por la Fundación La Cueva, tuvo en su primera edición como invitado especial, precisamente al mítico esccritor fallecido este martes.

Gaitán es el creador de éxitos de la televisión nacional como las novelas ‘Yo soy Betty, la fea’, ‘Café con aroma de mujer’ y ‘Hasta que la plata nos separe». Además, durante las tres décadas que duró su carrera se desempeñó también como periodista, dramaturgo y productor de televisión.

De ‘Betty’ en particular se hicieron 22 adaptaciones en todo el mundo.

Hace tan sólo algunos días había firmado un importante contrato con Sony Pictures para la realización de una producción dirigida especialmente a su emisión en plataformas de distribución por Internet, siendo uno de los contratos más importantes que Sony ha realizado en América Latina.

El pasado viernes, estaba feliz al iniciar la segunda temporada de la obra de teatro ‘Yo soy Betty la fea’, en el escenario del Teatro de Bellas Artes de Cafam de Bogotá, que ha logrado agotar boletería en su primera temporada, y esta nueva serie de presentaciones iban por el mismo camino.

Bogotano, tercero de cuatro hermanos, fue un melómano de tiempo completo, por eso, intentó siempre tener un bar, un centro de entretenimiento, entre ellos Punto G.

Su trabajo con la escritura comenzó como periodista, haciendo parte de un diario capitalino donde conformó su Unidad Investigativa, pero muy pronto, a los 22 años de edad, empezaría en el campo de la televisión realizando libretos para programas de concursos.

Uno de sus míticos éxitos fue la telenovela ‘Café con aroma de mujer’, convertida en atractivo internacional.

Pronto, tendría la posibilidad de hacer libretos para producciones que harían historia como ‘Azúcar’, así como la comedia de los años noventa ‘Laura por favor’ y ‘La fuerza del poder’, pero sería hasta 1994 cuando logra empezar a escribir una historia brillante dentro del género de la televisión: ‘Café, con aroma de mujer’.

Las superproducciones de Gaitán

Entre el 94 y  el 95 se emitió en Colombia la novela ‘Café con aroma de mujer’, protagonizada por el brasileño Guy Ecker y la caleña Margarita Rosa de Francisco.

La historia de amor entre ‘Gaviota’ y Sebastián Vallejo que se desarrollaba en medio de la competitiva industria cafetera del país cautivó a los colombianos.

Luego, entre 1999 y 2001, el país vivió intensamente el romance improbable de ‘Betty’ y don Armando, interpretados por los actores Ana María Orozco y Jorge Enrique Abello, en una historia para pasar de la risa al llanto.

Más recientemente, entre el 2006 y el 2007, se emitió por RCN la novela ‘Hasta que la plata nos separe’, con Marcela Carvajal y Víctor Hugo Cabrera, que contaba la historia de amores y odios entre Rafael y la doctora Alejandra.

Una vida de novela

Fernando Gaitán Salom, nació en Bogotá en 1960. Era de esos hombres capaces de escuchar hablar a un niño de 10 años sin inmutarse ni aburrirse. Prefería esperar el tiempo que sea, escuchar como un alumno de clase y pasar la arremetida conversación con un par de tintos fríos mientras esperaba su turno.

Su ‘Ópera Prima’ fue la telenovela ‘Yo soy Betty la fea’, que protagonizaron Ana María Orozco y Jorge Enrique Abello.

Y cuando le daban la palabra, la charla podía resultar igual de amena que la del más imaginativo de los niños. Todos quienes lo escuchaban quedaban rendidos por lo que decía.

Dicen sus amigos más cercanos, que era capaz de entretener a un jardín infantil sin disfraz y a un auditorio de revoltosos sin necesidad de llamar al orden. Sus historias y cuentos son memorables.

«Fernando es mejor contador de cuentos que libretista», asegura su colega Dago García, quien lo conoció hace 20 años cuando sagradamente se reunían una vez al mes con Diana Uribe, la historiadora, a hablar de todo menos de televisión porque querían ser como Bernardo Romero Pereiro, Julio Jiménez y Martha Bossio.

Dago dice que lo impresionante de Fernando es su capacidad desmedida de contar historias. «Una vez nos contó que, estando sin trabajo, en la olla, le pidió a un amigo que le ayudara a buscar trabajo. El amigo le preguntó: ‘¿sabes vender carros?’. Fernando le dijo: ‘no sé un culo’. Entonces, hizo un cursillo rápido y a vender carros».

Prosigue García: «En su primer día de trabajo, con el cursillo rápido de ventas a cuestas, atendió a un cliente, que vendía enciclopedias y requería urgente un carro. Tras mostrarle las numerosas opciones, Fernando no vendió ningún carro, pero sí compró una enciclopedia que ni necesitaba».

Excelente conversador en doble sentido –sabía escuchar y hablar-, Gaitán era un tomador de tinto insaciable, fumador de grandes ligas –que empujaba uno con el otro-, dormilón, jugador de ajedrez para apaciguar tensiones y ciclista frustrado, aunque ese era su deporte favorito.

Sin embargo, la periodista Graciela Torres, sostiene que Gaitán era un gran conversador, pero sólo con sus amigos. «De resto, era un hombre introvertido, de pocas palabras, que se expresaba a través de sus obras, de bajo perfil, pero amante de la vida nocturna, a pesar de que no le fue bien como empresario de bares y fiestas».

Torres asegura que uno de los lunares de Gaitán en su trabajo es la realización de los libretos. «No entregaba los libretos a los actores a tiempo. Siempre está escribiendo al límite, trasnochando, pero eso lo ha vuelto célebre». Y agrega: «Gaitán, a pesar de eso, era capaz de escribir una novela en un par de noches».

Recibió dos doctorados Honoris Causa: la Universidad Politécnico GranColombiano de Bogotá le otorgó el título de doctor en Medios de Comunicación y la Universidad Autónoma del Caribe de Barranquilla lo nombró doctor en Radio y Televisión. Además, la productora Televisa de México le rindió un homenaje.

«Fernando Gaitán es hoy por hoy el mejor escritor de telenovelas. Con su ingenio transformó el género, rediseñó la forma de hacer telenovelas y fue quien pudo juntar ese gran talento de los libretos con el que tienen los directores, los productores y los actores», anotó José Antonio Bastón, presidente de contenido de Televisa.

En 2010, Gaitán se convirtió en abuelo –su juguete nuevo, decía-, su dedicación a la televisión le costó el matrimonio– cuando escribió ‘Café’-.

Fiestero por naturaleza –cuando no trabajaba asistía a todo lo nocturno, contó un mesero de El Sitio, el bar bogotano del que era accionista- y cuando podía se convertía en una ‘ama de casa’ para sus dos hijas, quienes eran su vida.

Que amara y conociera a las mujeres eso es comprensible, más aún, cuando de sus obras más populares han salido heroínas tan encantadoras y sublimes como Beatriz Pinzón, de ‘Yo soy Betty, la fea’, y Teresa Suárez, la Gaviota de ‘Café’, que todavía hoy son un referente de la televisión mundial aunque él apenas lo asimilaba. «Yo solo escribo», decía.

Se dice de mí…

Entre el 25 de octubre de 1999 y noviembre de 2001, Colombia vivió un encantamiento sin precedentes. ‘Yo soy Betty, la fea’, una telenovela que no prometía por su protagonista (una mujer desgarbada, con gafas, mal vestida y una sonrisa de alambres) terminó enamorando al país y al mundo por ser una heroína linda por dentro, aunque fea por fuera.

Tras 10 años de su primera emisión ‘Betty’ sigue cosechando triunfos. En el 2010, el libro de los Guinness Records la incluyó como la telenovela más exitosa de la historia, al ser emitida en más de 100 países, ser doblada a 15 idiomas y contar con 22 adaptaciones alrededor del mundo. Mientras usted lee este artículo, alguien ve en televisión a ‘Betty’.

«El aporte de Fernando a la telenovela es que retrata fielmente la cotidianidad contemporánea. El mito de la Cenicienta se rompe, pero pone otros temas presentes: la ética en el trabajo, por ejemplo. Es el único capaz de ponerle humor a una reunión de Junta Directiva», dice Dago García.

El motor de búsqueda Google registra 550.000 páginas con información de ‘Betty, la fea’, la red social Facebook aloja una página con 1340 miembros y le escribieron frases entrañables y en otras lenguas como: ‘Sei semplicemente adorabile’, ‘You’re simply adorable’, ‘Soy Betyadicta’, ‘Armando fue mi primer amor’…

«Los guiones de ‘Yo soy Betty, la fea’ eran magistrales, consecuentes, diálogos fluidos, gramaticalmente perfectos, profundos, nada planos, con posibilidades de mucho sentido a pesar de que llegaban el mismo día de grabar la escena y no había tiempo de estudiarlos», cuenta el actor Luis Mesa, quien interpretó a Daniel Valencia en la telenovela.

Mesa recuerda que los guiones de la popular serie ‘Hombres’ que dirigió Carlos Mayolo no tenían el ritmo cadente de los que tenían los de ‘Betty’. «Eran guiones comunes y corrientes. Los comenzó haciendo Mónica Agudelo, pero los terminó Gaitán y recuerdo que no eran del otro mundo. Eran normales».

Otro éxito fue ‘Café, con aroma de mujer’. La historia de una recolectora del grano que se enamora del dueño del cultivo donde ella trabaja rompió todos los esquemas. Gaitán llevó la telenovela a la zona rural, pero a la vez la mezcló con escenas de la capital. Algo no abordado, al mismo tiempo, en la televisión.

Fue tan popular que el país se ‘paralizaba’ para saber con qué ocurrencias saldría ‘Gaviota’, la protagonista.

Muchos políticos manifestaban que no los llamaran en el comienzo de la noche porque veían ‘Café’. Además, se le adicionaba una actuación memorable de Margarita Rosa de Francisco, actriz querida por todos los colombianos.

Era férreo defensor de sus libretos

Pepe Sánchez, quien dirigió ‘Café’, sostiene que al comienzo, el trabajo de ajustar las escenas y las grabaciones por el tipo de lenguaje que quería emplear Fernando fue complicado, pero con el correr de los días se ajustó a lo que se quería sin alterar la historia. «Mejor dicho, ambos cedimos», recuerda.

«Creo que el mérito de Gaitán es que tiene sorpresas lógicas: una mujer rural logra pasar una temporada en Europa y llega a triunfar. Igual pasó con ‘Betty’: una niña fea en medio de la belleza sobresale por su talento e inteligencia. ‘Café’, creo, era un cuento de hadas y por eso triunfó, y seguirá triunfando», agrega Sánchez, quien destaca de Gaitán ese olfato especial para perseguir el éxito.

Con ‘Hasta que la plata nos separe’ fue una telenovela en la que Gaitán continúo por la senda de la tragicomedia, al juntar la historia de un hombre honesto que conoce a una mujer de élite por un accidente y deben convivir juntos. A eso le sumó que el reparto debía ser igual de importante que los protagonistas como sucedió en toda la serie.

Liliana González, quien hacía de ‘La Pajarita’, o Lincoln Palomeque, ‘El Dandy’, terminaron dando qué hablar al igual que el protagonista, Víctor Hugo Cabrera, que tenía el papel de Rafael Méndez y quien ‘revivía’ para la televisión luego de aparecer en ‘Romeo y buseta’, un clásico ochentero.
Muchos temían que Gaitán perdiera su protagonismo tras ser nombrado como vicepresidente de producto del canal RCN, un cargo mucho más ejecutivo y administrativo que creativo. Para otros fue un gran acierto, como le ocurre a Dago García, quien tuvo el mismo cargo, pero en el canal Caracol.
«Fernando no perderá el sello de libretista, al contrario, tendrá más esencia al escribir, dedicarse de lleno, buscará contenidos, aprobará, coordinará proyectos y estará muy sintonizado con el ‘staff’ de libretistas», asegura Graciela Torres, la ‘Negra Candela’.
Gabriel Reyes, presidente de RCN Televisión, tuvo que esperar tres años para que Gaitán aceptara el cargo. «Nadie más idóneo que Fernando, para manejar los productos en nuestro canal, que esté en contacto con el televidente y los creadores de las historias» sostuvo en el homenaje de Televisa en México.
«Gaitán no es de egos. Es abierto a los guiones, escucha ideas, no impone, tiene el concepto de la dramaturgia clara, sabe cuáles son las debilidades de la historia, sugiere, no cuestiona. Algo totalmente distinto a lo que era Ángela Suárez, (la antecesora de Gaitán) quien era más emotiva y era más del público. Otra cosa: uno ve a Gaitán inmenso, admirable, y eso ayuda», dice un libretista del ‘staff’ de Gaitán que prefirió guardar su nombre.
Bajo esa batuta, Fernando Gaitán era igual de conocido que su endiablada creación: Beatriz Pinzón. La revista People lo nombró en el 2007 como uno de los cien hispanos más influyentes, al lado de personajes como Gabriel García Márquez y Pedro Almodóvar.
Pero él sólo afirmaba que solo quería dormir los domingos, jugar con su nieto y salir de noche a rumbear.

«Un buen narrador de cuentos»

No era fácil encontrar a Fernando Gaitán. En el 2010 El País se puso en contacto con el libretista para esta entrevista.

Mientras se le buscaba, había pasado un par de días en México y allí, el presidente de contenido de Televisa, José Antonio Bastón, le hizo un homenaje por su trayectoria en la creación de novelas y lo ha encumbrado al rol de «mejor escritor de telenovelas de la época moderna».

Ese tributo lo tomó por sorpresa, pero no lo silenció y dio las gracias. «Es un gran honor», dijo.

¿Sobre qué aspectos de su vida escribiría si tuviera que hacerlo?

Creo que escribiría de mi etapa de periodista, algún día seguramente lo haré porque fue una etapa definitiva para encontrar lo que soy yo hoy. Sólo me atrevería contar eso.

Muy pocas personas hablan de sus defectos. ¿Cuáles son sus defectos?

Tengo muchos: impuntualidad, miedo a los aviones, a los perros, inseguridad, miedo a los libretos, a decir no, desorden… son varios, interminables.

Impresiona que sepa tanto de mujeres. ¿De dónde viene ese don que todos sueñan?

Eso es de toda la vida. Desde mi época de juventud siempre he tenido una afinidad con ellas enorme, incluso, cuando era periodista tenía muchas amigas. Con el tiempo las quiero más porque me he convertido en un gran confidente de ellas, y lo he sido y lo soy todavía.

No sé qué tanto ha servido conocerlas y escucharlas tanto, pero la afinidad es enorme y tengo una forma muy fácil de entablar una relación con ellas, y esa afinidad está en escucharlas, estar con ellas, acompañarlas. A eso se suma que tengo dos hijas y siempre he estado con mujeres. Mi equipo de trabajo son mujeres. Tengo más amigas como mejores amigos que amigos. Son múltiples mis amigas. Son un apoyo mutuo.

Dago García dice que usted sabe más de contar cuentos que de ser libretista de televisión. ¿Eso es cierto?

El tema sale porque, dicen, soy muy buen narrador de cuentos de la vida. La vida me ha dado oportunidad de ver cosas de la vida muy particulares, divertidas y creo que eso me llevó a ser libretista de televisión, a pensar en la comedia y hoy todavía los cuento y la gente se ríe.

Por eso sus telenovelas son de la vida cotidiana y que el televidente se identifica…

Esa es la posibilidad que más disfruto. Los personajes que he creado han salido de la calle, no son impuestos, sino que salen de la nada, no los saco de la literatura. No ha sido una imposición, sino algo muy natural.

Es observar, escuchar para buscar esos personajes y todo eso se resume porque fui periodista, pues me tocó ver mucha gente que se va quedando en la memoria, personajes inolvidables.

Dicen que sus textos gramaticalmente son perfectos. ¿Eso lo aprendió cuando era periodista?

Sin duda. Aprendí a escribir al fragor, rápidamente, en una sala de redacción, escribir bajo presión, inmediatamente y eso fue un periodo inmenso de renovación de escritura que sirvió para lo que hago hoy.

¿Cómo se siente en su nuevo cargo de Vicepresidente de productos del Canal? Suena muy administrativo, se teme que se pierda un buen libretista y nazca un regular ejecutivo….

No es nada ejecutivo. Es más creativo, aunque se maneja muchas cosas administrativas, pero para eso tengo un equipo aparte, para que solucione eso, y no quiere decir que no lo conozca, pero sé que me pueden solucionar las cosas y yo me dedico a los escritores, a ver la programación, es un trabajo en caliente que disfruto porque estoy con libretistas que me aportan y les aporto. Y eso me gusta.

Eso de aparecer en los Guinness Récords ya es demasiado… ¿No cree? 

Me tomó por sorpresa porque no lo esperaba. Si bien es un premio numérico es muy importante porque da cuenta de lo que se puede alcanzar a través de los números. Es muy curioso el premio, pero son datos memorables.

Tras diez años de emitirse ‘Yo soy Betty, la fea’, ¿ha vuelto a ver la telenovela o ya es cosa del pasado?

Ya es un proceso sedimentado. Cuando la puedo ver, la veo, pero fue un suceso maravilloso del pasado, pero prefiero no devolverme porque no me daría continuidad en lo que hago. ‘Betty’ fue un proceso muy bonito.

¿Le hace falta escribir bajo presión como en aquellas épocas cuando hacía los libretos de ‘Betty’?

La presión no pasa nunca. Antes era con ‘Betty’, ahora es con todos los productos y los libretistas. Yo creo que hoy es peor y es una presión a la décima potencia.

Dago García también dijo que pensó en usted para la película ‘Las Cartas del Gordo’ porque tenía cara de cura, a pesar de ser mal actor…

Dago me citó al set porque él cree que soy galán de Hollywood, y me pidió que hiciera el personaje, con Biblia en mano. Pero aún no me paga un peso de los honorarios, ni siquiera me ha pasado lo que quedó de las regalías.

Ana María Orozco, en su papel estelar de ‘Yo soy Betty la fea’ alcanzó renombre internacional.

¿Qué tiene la noche que le gusta tanto?

Desde que me separé he tenido bares. Y digamos que la noche es un distractor espectacular porque veo la gente viva, no respiro televisión, veo gente de la calle, el ejecutivo, el que baila demás, está el romance, el beso, las mujeres, los hombres. Soy un noctámbulo, casi no duermo, me encanta la noche.

Uno siempre tiene secretos guardados. ¿Cuáles son sus secretos guardados?

Me iba un día a comprar un saxofón y casi se me cae la mandíbula, y me tocó dejarlo. Otra vez, intenté con la guacharaca y soné muy mal en un concierto.

Por eso prefiero estar con mi familia, escuchar música, cosa muy diferente a Dago que sólo ve televisión. Por ejemplo, me sorprende mucho el fenómeno Buena Vista Social Club, por lo que resistieron y además, porque fueron maravillosos. Me gusta la nueva ola de música juvenil. Otro secreto es que le bajé al cigarrillo y al tinto… me estaba enfermando.

Usted dice que tiene nuevo juguete. Y se trata de su nieto. ¿Qué representa para usted su primer nieto?

Eso es una maravilla. Eso es un hijo de la vida, aunque no sea de uno. Comienza uno a proyectarse de nuevo en la vida, se recuerda la infancia a través de él, los juguetes comienzan a interesarme y recuerdo lo que pude hacer y no hice en mi niñez.

Es algo maravilloso que no tiene nada en comparación. Además, estoy cada vez más cerca de mis hijas. Eso ya es todo.

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Canuto Espejo

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