El Gato y la camelia

93

Un gato juega y deshoja una camelia, tenuemente la lluvia aún sigue cayendo.

Por: Ubaldo Manuel Díaz

Querida Aleyda. Ayer amaneció lloviendo y como no pude ir a clases me mandaste a leer un libro para la próxima semana. Coincidencial o providencialmente, bueno casi nunca creo en las coincidencias, mucho menos ahora cuando amanecí con el agua al cuello.

Para no apartarme del tema, te comento que encontré aun libro de Antón Makarenko, uno de los pedagogos más grandes que tuvo la antigua unión soviética. Mejor hablemos de los escritores rusos, para no meterme en  problemas con los separatistas. Aquel escritor de quien Máximo Gorki escribiera “ que hombre tan asombroso es usted “ El libro se llama problemas en la educación soviética. Siempre he tenido una especial predilección por los escritores Rusos, porque en cierta medida me inicié en ellos. Cómo olvidar a Dostowieski, Gorki,  Navocov, Chejov. Cómo olvidar  ese famoso clásico como lo es el Dr. Zchivago que un día me hizo llorar, porque uno como niño no quiere que mueran sus héroes o personajes. A mi parecer el Dr. No fue ni una cosa ni la otra, porque no muere ni en la guerra ni en la paz de Tolstoi, pero muere de amor y no se si morir de amor es heroísmo o martirio.

Me distancié de los escritores rusos, no por razones de pensamiento o ideología, lo que sucede es que cuando te estaba escribiendo esta carta, cayó una gota de amargura en mi tintero, al recordar a otro tristemente célebre ruso. ¿Sabes quién es?. Le voy a dar algunas pistas: le decían el ingeniero de almas, el hombre de hierro, el que rompió su amistad con Hitler porque le invadió Rusia. Bueno, si no sabes te lo voy a decir: es Stalin. Por el maldito hábito de no olvidar porque soy un tauro, ese nombre siempre se me ha asociado con el archipiélago de GULAG. Dejemos a Stalin por un momento, pero te prometo que en esta carta no va a quedar títere con cabeza.

No vaya a creer que cometí un  parricidio con los escritores rusos, lo que pasa es que a medida que uno va creciendo, va despejando ciertas dudas como por ejemplo: las cigarras de Rusia no cantan igual a  las nuestras, que la lolita de Navocov es frívola y fría comparada con las desaforadas y ardientes lolitas nuestras.

Aleyda, volvamos al tema del resumen del libro. Le comento que se me presentó un dilema al encontrar un libro de Fernando Savater, llamado el valor de educar. De este autor poco conocía, desprevenidamente leí una entrevista que un periódico capitalino le hizo cuando vino a Colombia. Dicha entrevista no me dijo nada o poco me interesó, porque eran las mismas preguntas estúpidas que hacen los periodistas. Le voy a hacer muy sincero, no quiero hacer resúmenes ni mucho menos sinopsis a estos libros. Desde pequeño siempre he odiado hacer esto, más bien he tenido una actitud crítica de rechazo o adhesión a cualquier autor, porque un libro se lee para la vida, nunca para complacer a un maestro. Cómo sería si los escritores escribieran sus libros para satisfacer la o buscar la complacencia de los críticos? Sería fatal. Para mi era hostigante, un castigo cuando el profe de literatura nos decía: Dentro de ocho días traer el resumen de la Iliada  o la Odisea. Yo sabía de antemano todas las peripecias del mercenario Aquiles y sus guerreros en el basto universo de sus aventuras. Pasado esa semana de veía en el descanso el comercio jamás visto: cambio el resumen de la iliada por la odisea o viceversa. A este profesor alguna vez tuve que decirle la frase dicha por el hijo del telegrafista de Aracataca: Los escritores haríamos mejor negocio, no escribiendo los libros originales, sino las sinopsis para bachilleres.

Esta mañana sacando en mi violín una de las estaciones de Vivaldi, te asocié con la lluvia de primavera de TURGUENEV. Cuando te ví por primera vez caminando por el malecón de los abuelos, caminabas de un lado a otro para no pisar las flores. Cuando te sentaste junto a mi, no se si lo hacías con intención, pero no he podido olvidar ese botón que faltaba en tu blusa celeste y dejaba entrever un hermoso y turgente seno, redondo y duro como una manzana, sostenido por ese delicado encaje blanco, el encaje de mis fantasías y  pecados.

El mundo es para los soñadores. No se porque hoy me levanté pensando en ti y en esa frase. No recuerdo quien la dijo, y si no es de nadie, me perdonarás pero son esas pirotecnias intelectuales que a veces tengo. Y si es cierta esa frase, el pendejo de Jairo ya es dueño del mundo, porque todos los días se te duerme en clases.

Querida profesora, quiero que tengamos un poco más de imaginación. No se como vas a hacer para que jairo no se duerma más en clases. No se que voy a hacer para exorcizar y sacar de mi cabeza de una vez por todas la manzana del encaje. Cómo vas a hacer para que no llueva y no tener que mandarme a leer más libros, porque tu sabes que soy un hombre  dulce y no me puedo mojar. No se que voy a hacer para no comerme mas los caramelos que furtiva y sigilosamente metes en mi mochila. No se que vas a hacer para entender que ya he crecido y no me regales mas caballos de palo el día de mi cumpleaños. La verdad Aleyda no se que vamos a hacer los dos. Lo que si se es que todas las noches cuando me acuesto y abrazo mi almohada, suspiro por ti. Muchas veces me levanto y miro la luna, aquella luna plateada y consentida que una vez te pregunté que por que  no se caía del cielo y tu respuesta fue una sonrisa y un beso en mi frente. No se si era que no sabías o no querías dañar mi fantasía, explicándome la ley de Newton. Ayer por la tarde me hurté de la cacharrería de Samuel una moña para tu cumpleaños, porque me gusta verte con ese cabello recogido, te ves linda, con esa belleza hierática, grave y extraña, parecida a un guerrero mongol, de esos que nos muestras en las cartillas.

Aleyda ya han sonado las campanas del reloj en la vieja iglesia, una bandada de palomas abandona el árbol que está junto a mi ventana. La lluvia aún sigue cayendo sutilmente sobre las lustrosas avenidas. Un abuelo abandona el último fortín de su supervivencia: su puesto de dulces, un gato pasa raudo la desierta calle perdiéndose en el infinito. Yo aquí fumo mirando indiferente como pasan los últimos chavales del colegio, uno de ellos me saluda y me dice : que tragedia con este invierno.

Aunque el día amaneció verde y azul, hoy estoy aquí sin esperanzas, viendo caer la lluvia. De todas formas ha llegado el invierno. Profe en esta soledad nada pasa, nada sucede, solo el gato que vuelve a cruzar la calle. A veces he pensado que la literatura es basura, porque cuando llegan esas tardes grises y mandarinas preguntándome y embriagándome de ti, no se que decirles ni que escribirles, solo decirles que esto es un imposible. Cuando leas esta carta, talvez pensarás con una trémula sonrisa que todo lo mío es fantasía, pensarás que es imposible no moverse, no pensarte, no caminar, trafagar en este cruel invierno. Ya ves que desde aquí no he hecho sino  ver la calle vacía, la lluvia y pensar que la literatura es basura. Hoy será una oportunidad para guardar bajo juramento mi ultima palabra antes que termine este día y no importarme si el gato vuelve a cruzar la calle.

Profe en estos momentos me doy por vencido, no quiero saber nada de la lluvia, ni del maldito gato. Si no fuera porque todos los días te va a recoger ese señor alto de lentes bifocales del carro azul, la luna  se compadecería de mi y todas las noches entrada la primavera, tomados de la mano, fuéramos al balcón verde – lila de la calle murillo y yo te regalaría una camelia.

Hoy no quiero hacer nada, resúmenes, leer libros, mucho menos tocar el violín.: Solo quiero pensarla y dormirme entre sus brazos.

 

 

 

 

 

 

Compartir.

Acerca del Autor

Tu Cháchara

Deja un comentario