Banderas carnívoras

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Enorme reto para los colombianos decentes: aprender a votar más por seres humanos y menos por profesionales de la política, esas banderas carnívoras.

Por Jorge Guebely 

No son los sistemas de gobierno los corruptos, lo son sus políticos. Dos dictaduras izquierdistas, China y Venezuela, evidencian esa conclusión. Desde Deng Xiaoping hasta nuestros días, China se comporta dictatorialmente. Sus políticos, por convicción o miedo, respetan las leyes, las aplican sin privilegios y castigan ejemplarmente al corrupto. Venezuela, al contrario, se excede en patriotismos, en prebendas para la minoría pro-gubernamental y en violentas represiones para la mayoría. Auténtico fracaso dictatorial.

Diferentes sus resultados. Millones de venezolanos se hunden en la miseria. Muchos de ellos, de todos los estratos sociales, quisieran destruir el régimen. En China, ochocientos millones de ciudadanos escapan realmente de la pobreza. Población que permanece tranquila, el Estado les garantiza una existencia digna. Aún hoy, cima de la alienación, se puede ser político con perspectivas humanas.

Las democracias padecen el mismo mal. Su bienestar no es automático, depende del nivel humano de sus demócratas. Corea del sur, tan democrática como Colombia, en 1960 padecía la misma pobreza estructural que la nuestra. Pobreza estructural que sigue vigente en Colombia, profundizada, mezclada con crímenes y dirigentes públicamente corruptos. Por el contrario, Corea del sur es país desarrollado según la ONU. Su estable economía crece sin exclusiones ni marrullas estatales. Líder global a través de aparatos electrónicos y navales.

El milagro coreano, primero que económico, es humano. Las leyes se aplican sin privilegios de clase. Por respeto a los impuestos ciudadanos desapareció la burocracia parasitaria. El castigo a los corruptos es severo y no cuenta con la complicidad de los altos jerarcas nacionales. Empresas familiares, LG o Samsung, se convirtieron en multinacionales con el apoyo total del Estado. La educación fue adecuada a las necesidades de la tercera y cuarta revolución industrial. Contrario a Colombia, su democracia goza de excelente credibilidad, económica y política, en el contexto mundial.

Ningún orgullo con la democracia colombiana si nuestros demócratas proceden con gran faltante humano. Inútil sentirnos superiores a la dictadura venezolana si hiede tanto como democracia colombiana. Allá como aquí se gobierna para los permanentes lacayos de cada gobierno. Y se tritura la oposición social. Y hay grandes masas de desplazados. Y existen camarillas de privilegiados. Y la condición humana de los políticos de allá es tan deplorable como los de acá, sin importar las banderas. Ambas dirigencias ondean sus repulsivos síntomas de una ideología, peligrosa enfermedad humana, pandémico desastre social.

Enorme reto para los colombianos decentes: aprender a votar más por seres humanos y menos por profesionales de la política, esas banderas carnívoras.

jguebelyo@gmail.com

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