Asesinatos de pobres

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Algunas verdades incómodas y dolorosas. 

EL COMENTARIO DE ELÍAS  

Por, Jorge Guebely. 

En política, los asesinatos de pobres carecen de importancia. Igual si son víctimas jóvenes, estudiantes de la policía, o campesinos reclamantes de tierra. Como en el medioevo, el dogma asesina lo humano. Las banderas políticas no suelen ser por la vida sino por la seguridad económica de la elite, “Seguridad Nacional”. Inhumana cultura capitalista donde el capital importa más que el ser humano.

El exceso publicitario por el torpe e infame acto terrorista del ELN en la Escuela de Policía se ha convertido más en una cortina de humo que en acto de auténtico humanismo. Un orquestado estallido emocional para ganar incautos y ocultar la podredumbre distinguida de altos jerarcas nacionales. Otra trampa para aparentar sensibilidad. Una sonrisa pública en boca de lobos. Un escandaloso caramelo envenenado.

Según Mao, se crean tigres de papel para desgarrar con la verdadera bestia. Mientras se le teme al falso, el verdadero nos devora por la puerta trasera. Nos devora la bestia que recorre los pasillos del Estado y define la mal existencia de los colombianos. El que fomenta la exclusión, la desigualdad y el privilegio de las elites: el origen real de todas las guerrillas. El que admite, permite y fomenta la corrupción. Cómplice de paramilitares, parapolíticos y funcionarios con garras de delincuentes. El que calla los asesinatos de líderes sociales y estalla falsamente adolorido por los de la guerrilla. Como las víctimas infantiles, el depredador reside en la misma casa, con rostro familiar.

Al parecer los pobres no duelen.

Al parecer los pobres no duelen.

En pocos meses, hemos vuelto al primer Uribe. Otra vez, la represión sepulta los diálogos y los heridos regresan a los hospitales. Otra vez, el terror de las extremas y el temor al gran hermano que nos vigila policial y digitalmente. De nuevo, la esperanza vulnerada.

Otra vez, el fantasma de la guerra con Venezuela. Estrategia para recaudar beneficios políticos y económicos. Conviene a dirigentes de ambos países. Complace a capitales industriales que venden armas y a capitales financieros que otorgan préstamos. Un mismo capital internacional que apoya las dos sub-naciones; a Venezuela, para fortalecer el ejército que ya está fortalecido; a Colombia, para equiparar sus fuerzas militares con la venezolana. Próspero negocio montado sobre las incoherencias de dos dirigencias tercermundistas.

Y mientras las élites, nacionales e internacionales, se lucran, los pobres soldados pobres mueren en guerras que no les pertenecen. Mueren y sus asesinatos carecen de importancia. En política, el asesinato político de los pobres sólo tiene importancia si sirven para crear cortinas de humo o para saciar la voracidad de los capitalistas.

jguebelyo@gmail.com

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