Vallenato clásico vs Vallenato Nueva Ola

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¿Es la Nueva Ola una amenaza para el vallenato tradicional?

Por: Jhony Polo Barrios

Poncho y Emiliano Zuleta,simbolo del vallenato tradicional

“Mis influencias, sobre todo en Colombia, son extraliterarias.

Creo que más que cualquier otro libro, lo que me abrió los ojos fue la música, los cantos vallenatos.

Te estoy hablando de hace muchos años, cuando el vallenato apenas era conocido en un rincón del Magdalena. Me llamaba la atención la forma como ellos contaban, cómo se relataba un hecho, una historia, con mucha naturalidad. Esos vallenatos narraban como mi abuela.” Entrevista a Gabriel García Márquez. El viaje a la semilla. Octubre de 1977.

Es normal que en cualquier rincón del Caribe colombiano se traiga a colación el tema del vallenato clásico y el nueva ola. La discusión, que pareciera no tener fin, tiene su punto de ebullición en cuál de los dos es mejor. A veces se habla del asunto en las parrandas al calor de un trago de ron o de ñeque preparado con toronjil, se habla en los partidos de softbol y de dominó y hasta en los velorios se toca el omnipresente tema. Es por eso que en este artículo esbozaré de manera sucinta algunas diferencias entre ambos.

Tenemos en efecto que una de las principales críticas hechas al vallenato de nuestros días radica en el contenido insulso y escueto que proponen  sus letras, frente a las novelísticas y poéticas composiciones que hicieran en otros tiempos autores como Adolfo Pacheco, Emiliano Zuleta Baquero, Rafael Escalona, Juan Polo Valencia, Leandro Díaz, Alejo Durán, entre otros.

El vallenato contemporáneo se exacerba en ritmo a la par que se ahorra indiscriminadamente en el contenido de sus letras. Está pensado en la mayoría de los casos para el baile. Todo esto, claro está, lo impone el mercado musical, que tras los jugosos dividendos extiende sus tentáculos a un público incauto y ya conquistado que muchas veces adolece de cualquier sentido crítico.

Pocos renglones arriba hemos señalado que el motivo de las críticas radica esencialmente en la letra de las canciones, podemos decir al respecto y a modo de contraste que mientras el vallenato clásico cuenta historias y narra la existencia desde lo sencillo, el nueva ola banaliza los acontecimientos importantes de la vida; mientras que el clásico hace de una historia cualquiera y sencilla un gran suceso, el neo vallenato hace de una magnifica historia una cosa insignificante.

Añoramos entonces la fascinante historia de “El viejo Miguel”, un padre que se va a otra ciudad, una metrópolis quizás no  muy lejana a buscar un modo de vida distinto y más próspero para su familia, dejando a sus espaldas una estela de recuerdos y vivencias propias de los pueblos del Caribe. Historias como esta existen miles, pero solo en la prodigiosa composición de Adolfo Pacheco se convierte en una novela magistral que demora un poco menos de siete minutos.

Hernando Marín,excelente compositor

Hay quienes  nos resistimos a ver morir a ese vallenato de letras poéticas e historias fantásticas, incluso deseamos que retornen las composiciones  que denunciaban las injusticias, aquellas que poseían un agudo sentido crítico, como la profética canción que hiciera Hernando Marín y cuyo título es “La dama de La Guajira”.  Nos negamos a condenar para siempre  en el  museo de las cosas perdidas a los vallenatos que nos mueven emociones y que nos ensanchan el espíritu.

Hay que volver a contar historias y a engrandecer amores. Todo es susceptible de ser narrado, desde una vieja que se llama Sara, una beldad cuyo nombre es Matilde y que hace sonreír a la sabana cuando camina, hasta una casa que está sostenida en el aire y sus cimientos desafían la fuerza de la gravedad.

Quiero finalizar con la esperanza intacta después de todo, porque precisamente llamamos clásico a lo que se vuelve intemporal, aquello que por ser bello definitivamente es capaz de trascender el tiempo. Eso es precisamente lo que ha hecho el vallenato clásico: armar una morada en la memoria colectiva de los que amamos las buenas historias, y mientras existan en la memoria, de alguna manera esas composiciones seguirán siendo actuales y vivas. La memoria actualiza. Guy DeMaupassant dijo una vez: «nuestra memoria es un mundo más perfecto que el universo: le devuelve la vida a los que ya no la tienen».

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