Señales pre-dictatoriales

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Las élites económicas, para mantener sus privilegios, acuden siempre a las dictaduras. Sean de derecha o de izquierda.

Por Jorge Guebely

Las élites económicas, para mantener sus privilegios, acuden siempre a las dictaduras. Su voracidad no permite que la democracia alcance un bienestar para todos. Fomentan las dinastías, las dictaduras militares o civiles, para suprimir derechos generales. Con ellas, prospera más la mezquindad humana y menos la sensatez.

A cada intento de democracia surge una reinvención dictatorial. Sucedió con la griega, demolida por la dictadura imperial de Alejandro magno. También la romana, que terminó con la dictadura imperial de Julio César. Napoleón borró los primeros atisbos democráticos de la revolución francesa. Nuestro Bolívar fue un demócrata de palabra, pero actuó como dictador, incluso, como monarca. Después de la república liberal colombiana en el siglo XIX, sobrevino la dictadura civil conservadora que duró hasta los años treinta del siglo XX. Los gobiernos liberales en las décadas del treinta y cuarenta soportaron la oposición feroz de Laureano Gómez y terminaron en la dictadura militar de Rojas Pinilla.

Históricamente, la humanidad no ha podido liberarse del poder económico, militar y político de las élites.

Después de sesenta años de democracia frágil y mentirosa, nuestra élite aviva un espíritu dictatorial. La bandera la portan políticos con espíritus excesivamente conservadores. Las señales se hacen cada vez más evidentes: intento de regular las manifestaciones sociales, crear una súper Corte, regular el periodismo, desconocer los acuerdos de paz, rechazar las consultas regionales, poca importancia a los asesinatos de líderes sociales, escasa intención de hablar con ELN, las virulentas amenazas de un fiscal cuestionado, idolatría por un líder… Atmósfera pre-dictatorial, endurecimiento del Estado para proteger intereses de los poderoso, camino inverso al desarrollo democrático.

Muchos estarían propensos a aceptar esa dictadura. Incluso, personas que no pertenecen a las élites. Basta recordar el éxito del Centro Democrático en las pasadas elecciones presidenciales y la escasa mayoría contra los acuerdos de La Habana y el 72% de jóvenes bachilleres de la (IEA) que manifestó complacencia con un régimen dictatorial.

La gente, desesperanzada, la acepta, la pide. Sueña con la redención desde una extrema; un redentor que nos salve de la corrupción, de la delincuencia política. Se olvidan de los estragos sociales e individuales de las dictaduras, de Pinochet y Videla en la derecha, de Maduro y Ortega en la izquierda. Olvidan que, contra las falsas democracias, hay que educarse en la auténtica democracia; contra la democracia representativa, construir más democracia participativa; contra los políticos de banderas y partidos, elegir políticos con desarrollo humano. “Verdaderos políticos, no sofistas: farsantes en el manejo del Estado”, como lo proponía Platón.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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