¡Que hable el porro!

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No se trata de eliminar de sopetón las canciones de JBalvin y poner las de Totó La Momposina; se trata de conocer y difundir lo nuestro como esencia y estilo de vida, no como tendencia.

Por: Fernando Génez Martínez

Un video que aflora los sentimientos de nacionalismo provincial en las personas, bajo la consigna de “la gente del pueblo, uejee”, plasmando una forma de decir que ser de pueblo solo está de moda, pues esto no es más que una manifestación de nuestra propia deculturación, fue tendencia en las redes sociales.

Y es que el hecho de recrear estos simbolismos o tomar nuestros elementos culturales con el fin de generar tendencia (seguramente Aída Bossa no lo hizo con esa intención), o más bien demostrar que estamos dentro de la tendencia es penoso y solo genera mayor desdeño hacia nuestra idiosincrasia.

Solo por ilustrar el punto, tomemos por caso una modelo famosa o un cantante famoso, sean caleños, antioqueños o de la costa Caribe colombiana. Viviendo en Miami, con una coartada de seguidores de edad adolescente, y que cada tanto publica una imagen (ya sea comiendo en cuchara de palo, con ruana al hombro o comiendo cholado) apelando a su identidad o herencia cultural, aunque -sin afán de juzgar- lleven una vida típica americana de Beverly Hills o Malibú. Es el reflejo de nuestra sociedad loca y pretenciosa, propia del tercer mundo, pues nunca hemos visto un británico presumiendo que toma té.

Reiterando la finalidad de escribir estas letras no es criticar ni juzgar sobre estos acontecimientos, sino reflexionar acerca de nuestra cultura histórica y tradicional. Colombia es un país diverso y multicultural, cada región posee sus elementos y símbolos culturales que las caracterizan. Quisiera referirme particularmente al tema de la música. La cumbia, es un sonido popular en toda Latinoamérica y en cada país tiene sus diferencias y particularidades. Pero la cumbia colombiana es considerada la mejor en el campo internacional, ya que los sonidos y mezclas son auténticamente precolombinos. Sin embargo, muchos considerarían que el género musical por excelencia en Colombia es el vallenato, o como prefiero llamarlo: música de acordeón -que tampoco es un término totalmente correcto, pues no es el único género musical que incluye acordeón-. Aunque también existen en nuestro país otros géneros como la salsa, el sanjuanero, joropo, champeta, entre muchos otros.

Existe también la música sabanera, popular en Bolívar, Córdoba y nuestro departamento Sucre. Aquí tenemos el porro y el fandango. Más que géneros musicales, el porro y el fandango, y los elementos que estos conllevan (sombrero “vueltiao”, pollera) son los que unen nuestra región. El porro es eso que tienen en común las Fiestas del Dulce Nombre en Sincelejo, el Festival de la Chicha en El Carito y la Fiesta de Santo Tomás en Buenavista.

Hay una parte de la historia que todos conocemos: Generalmente son interpretados por bandas de viento, llamadas bandas papayeras, y son bailados en fandangos (también se le llama fandango a la reunión o evento social). La historia desconocida es la trama en sí, el porro per se. Por tal razón considero deculturación presumir diciendo: “…como todo sabanero me emociono cuando escucho un porro…” cuando no es así y mucho menos se entiende la dinámica y la historia detrás.

A modo de ilustración, cabe mencionar que las bandas papayeras se constituyen con trompetas, trombones, bombardinos, clarinetes, bombo, platillos y redoblante. Aunque se pueden incluir más instrumentos.

Entonces, el porro es un son suave, lento, a dos tiempos en el pentagrama. Se divide en 3 secciones: Danza, Porro y Bozá, y finalmente termina otra vez con Danza. Las danzas, de cortos compases, dan inicio y fin a la obra como en una especie de anuncio que da entrada y salida al porro propiamente y a sus dos partes principales. La sección Porro se identifica por estar dominada por el sonido de la trompeta y el bombardino, a modo de diálogo o más bien discusión, la trompeta dice y el bombardino responde, y la Bozá por ser el momento en que predomina el clarinete como mediador en la batalla, y en que suele suspenderse la percusión del bombo. Principalmente hay dos clases de porro: palitia’o y tapa’o. También existen variaciones como el porro canta’o, porro vallenato y tropical.

El palitia’o comúnmente es más suelto (no se ciñe 100% al pentagrama). En este se golpea con el percutor (con lo que se toca el bombo) una tablilla incorporada al aro del bombo o externa a este. Esto ocurre al momento en que el bombo queda en silencio y el clarinete toma el rol protagónico. Por su parte, el porro tapa’o es más sofisticado, elegante. En este el ejecutante del bombo tapa (de ahí el nombre) con la mano el parche opuesto al que golpea, y carece de la sección Bozá. El fandango, por el contrario es más rápido, y los instrumentos como redoblantes, platillos y clarinetes tienen más protagonismo.

El ritual de baile consiste en que el hombre corteja a la mujer, y esta, recatada y al mismo tiempo coqueta, no se deja y se caracteriza por un sensual movimiento de caderas. Por esto, como pavo real el hombre se presume con el sombrero, y la mujer siempre dando la espalda, cuando el hombre se acerca mucho, redibuja la barrera pasando las velas encendidas entre los dos.

La diferencia entre el porro y la salsa no está en los instrumentos, métrica o compás, sino que radica en que en las regiones salseras se preserva la salsa con academias de música y danza, se promueve como ADN cultural en los habitantes. Aquí en cambio, se considera corroncho a quien se llena de vida con porros en época diferente a fiestas patronales o cuando no debe hacer tendencia (“perrata el que escuche el porro Fiesta en Corraleja cuando no es 20 de enero”). Dejando estos sonidos como estereotipo solo a los campesinos y ganaderos.

La invitación es a promover lo nuestro. No se trata de eliminar de sopetón las canciones de JBalvin y poner las de Totó La Momposina, se trata de conocer y difundir lo nuestro como esencia y estilo de vida, no como tendencia.

*Se hace referencia al nombre del porro compuesto por el maestro Leonardo Gamarra, ganador del Festival del Porro en San Pelayo 2012.

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Chachareros

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1 comentario

  1. Que buena for ma de educar a nuestra a gente y ayudarnos a entender un poco mas a cerca de lo lindo y majestuoso que es nuestro folclor. Felicitaciones, siga adelante.

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