Pésima maldición es el salario mínimo

451

Les niega una vida digna a los colombianos: ni vivienda adecuada, ni correcta alimentación, ni respeto ciudadano…

Por Jorge Guebely

El salario mínimo actúa como una maldición, una cruz para los pobres de Colombia. Les niega una vida digna: ni vivienda adecuada, ni correcta alimentación, ni respeto ciudadano… Los convierte en seres degradados, en esclavos condenados a escoger políticos para obedecer y sobrevivir.

Para Pablo VI “La dignidad del hombre existe cuando obra según su libre elección, sin ninguna coacción externa”. Es decir, en libertad. Y ningún ser humano con nuestro salario mínimo es libre. Ningún pobre es libre. La libertad social en el capitalismo la otorga el dinero y el salario mínimo es una migaja que perpetúa la esclavitud en la falsa libertad.

Semeja una trampa de la ilusión. Los $46.874 de aumento se esfuman rápidamente con copagos de salud, administración de conjuntos, peajes… Se volatilizan en el resto económico: transporte, alimentación, vivienda… Lo demostró un estudio pasado de la universidad del Rosario: cada vez más, el salario mínimo pierde capacidad de adquisición. Más aumenta el mínimo y más aumenta su capacidad de empobrecer. En cada aumento, se incrementa la esclavitud.

Drama conocido y padecido por los empleados de salario mínimo, población que apenas llega el millón de colombianos. Mayor es el número de ciudadanos abocados a la informalidad, vergonzosa cifra cercana al 60% si tenemos en cuenta el estudio citado, si descreemos los anuncios exitómanos de los políticos, si somos sensibles a la sensación laboral del país.

Peor aún, si reconocemos el gran porcentaje de personas que, a pesar del rebusque, jamás alcanza el salario mínimo. El 6% no les aumenta nada, excepto, el costo de vida. Acontecimiento nefasto que devela el misterio de la deplorable desigualdad colombiana y el rostro de una clase económica y política muy conservadora y mezquina hasta la enfermedad.

6% que no molesta a los empleados estatales, los que van a la mesa de votación más por conveniencia que por convicción. Especialmente, los altos mandos del Estado: congresistas, magistrados, ministros… Los que acostumbran a aplicarse aumentos por encima de la ley. Tampoco incomoda a las grandes empresas, ellas usufructúan los avances tecnológicos para despedir empleados. Sólo molesta a las pequeñas y medianas empresas que, alcanzadas para pagar el nuevo salario mínimo, terminan despidiendo más empleados.

Salario mínimo que sirve para aumentar el desempleo, la pobreza, la esclavitud, y ganar más fácilmente elecciones. Para que un porcentaje de colombianos, humillados por el estómago, ponga en subasta su voto al mejor delincuente y haga evidente el desprestigio de ese poder popular.

¡Qué pésima maldición la del salario mínimo en Colombia!

jguebelyo@gmail.com

Compartir.

Acerca del Autor

Jorge Guebely

Los comentarios están cerrados