Lo terapéutico de llorar en fin de año

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En los días finales del año es cuando los seres humanos se tornan más sensibles al llanto.

Por: Roque Herrera Michel

Llorar en este 31 de diciembre resulta altamente terapéutico para la salud mental. Desahogar en lágrimas ese nudo en la garganta producto de haber vivido tan intensa cascada de emociones y estrés a lo largo y ancho de este 2018 que agoniza.

Como veremos, echarnos una buena llorada, además de ser gratuito,  hace bien al alma y al cuerpo, pues no hay mejor manera de desahogarse o de hacer catarsis y descargar nuestras emociones y energías represadas, que dar rienda suelta a la caudalosa catarata de sabor marino que sale de nuestros ojos y que le sirven de natural colirio.

¿Por qué llorar con ganas un 31 de diciembre?

Existen miles de situaciones y razones por las cuales una persona no contiene sus lágrimas en estos días finales del año. La primera puede ser simple y llanamente por amor o de alegre felicidad por las cosas positivas vividas o el reencuentro con seres especiales o, quien lo creyera, debido a una gozosa situación placentera o un logro, resultando ser las razones más satisfactorias para ponernos a berrear como unos niños.

No obstante en finales de ciclo anual  algunas personas lo hacen de tristeza ante una pérdida o ausencia humana o material. Otras cuando, por más que lo han luchado e intentado, no les han salido las cosas como querían. Aquellas otras al sentirse acorralados en momentos de crisis o  impotentes ante circunstancias adversas que no pueden cambiar o por una persona que las hace sufrir así sea que la quieran mucho.

La soledad y los nostálgicos recuerdos  también  hacen expeler líquidos lacrimosos, así como películas, fotos y sitios que nos despiertan añoranzas de épocas y sitios intensamente vividos. También las lágrimas brotan en momentos de arrepentimiento o de pánico o de angustioso estrés. De todas formas en todos esos tristes y felices momentos de balance de final de año  resulta de gran utilidad recurrir al llanto.

Tipos de llanto

Las intensidades del llanto van, en un extremo, desde los seres que son duros de llorar y sólo derraman lágrimas por dentro, siguiendo por los que experimentan momentos de “llanto contenido” (a los que no les sale ni una gota de llanto por más que quieren), trasegando luego por el simple humedecimiento de los ojos, pasando después por el  gimoteo (en el que se sólo asoma una “lágrima suelta” a las cuencas orbitales), luego por el sollozo o llanto normal, hasta llegar al otro extremo de lloriquear “a moco tendido” con la ayuda de un buen pañuelo.

No obstante la expresión mojada de nuestros sentimientos, como las llama el compositor ibérico Manuel Alejandro, puede brotar en momentos de indecisión como en el caso de aquellos que “no saben si reír o llorar” o de quienes “ríen para no llorar”.  O si no en aquellos interesados homínidos que expulsan falsas “lágrimas de cocodrilo” para manipular  o intencionalmente inspirar lástima en los demás. Un ejemplo de esto es el hipócrita gimotear de las plañideras que sólo lo hacen por dinero ante muertos que les son, en su mayoría, desconocidos.

Beneficios de llorar

Al través de los siglos el fenómeno del llanto ha inquietado intensamente a poetas, filósofos y científicos.  Shakespeare expresaba que las emociones que no se exteriorizan a través del llanto hacen gemir a nuestros órganos. Estudios científicos manifiestan que las lágrimas ayudan a eliminar las toxinas que se van acumulando en el organismo a causa del estrés. Físicamente ayuda a combatir las bacterias que se acumulan en la vista, al limpiar el canal visual y los lagrimales evitando la resequedad de los ojos. En Japón se ha creado una terapia bautizada rui-katsu  (“buscando lágrimas”) en donde se  reúnen un grupo de personas en una salón en donde se proyecta un vídeo y luego empiezan a llorar. La terapia busca sacar a flote las emociones de las personas en un país en el que ocultar los sentimientos es enseñado desde pequeños.

Como bien dice el célebre proverbio irlandés, “las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman”. El llorar hace que disminuyan las emociones negativas (rabia, tristeza, miedo, entre otras) que nos embargan. Esto se explica por la liberación que se produce de adrenalina, (hormona que activa el sistema nervioso) y noradrenalina (llamada la hormona del estrés), que ayudan a eliminar la tensión física y emocional.

¿Los hombres también deben llorar?

Definitivamente la respuesta es un .

Para el Dr. Antonio Cano, psicólogo y catedrático de la Universidad Complutense (España), los hombres lloran menos que las mujeres cumpliendo una herencia patriarcal y cultural, posicionando al hombre como un ser que no debe llorar y relacionando esta conducta como un signo de debilidad y feminidad.  Este paradigma debe romperse pues llorar no hace al hombre menos hombre si no que lo muestra como una persona muy humana,  sensible y realista.

No obstante algunos equivocadamente insisten en tomar al llorar masculino como una señal de debilidad o inmadurez reprimiendo con soberbia sus ganas de lloriquear. El llorar no tiene sexo y puede considerarse como un SOS que el “llorón”  (sea hombre o mujer) lanza a los demás en momentos de crisis para aumentar el apoyo social.

Técnica efectiva para llorar con ganas

Los expertos estiman que en vez de enseñar a los humanos a no llorar, desde pequeños se les debe adiestrar cómo, cuándo y en donde hacerlo (con asertividad) para lo cual recomiendan seguir los siguientes pasos como una técnica ideal para poner a sudar los globos oculares:

  1. Aislarse. Irse a un lugar solitario en donde sienta que nadie te escuche ni te pueda interrumpir.
  2.  Agachar la cabeza, mirar al cielo, al techo o al vacío infinito. No está de más tener a mano un pañuelo con secantes propiedades.
  3. Irrumpir en llanto hasta más no poder o que se nos sequen los ojos. Para esto es igual de conveniente tener cerca una persona de nuestra confianza que nos abrigue y calurosamente nos contenga.

Todos reconocemos lo calmado y despejado que un ser humano se siente y lo  diferente que percibe el mundo después de haberse desahogado expulsando a través de las gotas de llanto tantas emociones que no pudieron haberse dicho con palabras.

Es por eso que en estos días de fin de año, en medio de los pitos y abrazos que lo despiden, el llanto debe ser necesariamente bienvenido pues genera muchísimo bienestar y cercanía humana….

¡Que la felicidad les haga llorar a todos en este nuevo 2019!

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Chachareros

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