La profecía de Gabo para una Colombia que muere lentamente

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La metáfora de una familia en cuyo corazón se enquistó el egoísmo y la soledad, es también un país en la que los hermanos se creen unos más que los otros.

Por Jorge Guebely

Una vieja Colombia muere lentamente. La persigue la podredumbre. Esa sombra que semeja un ataúd, un cementerio, un abismo.

Lo presagió García Márquez en “Cien años de soledad”. Lo explican sus múltiples metáforas. El descenso de la familia Buendía refleja la ruina de Macondo que metaforiza, a su vez, el deceso de la patria vieja. Ninguna salvación para ese país dirigido por un anquilosado, mezquino y peligroso espíritu conservador. Estirpe de políticos godos, de curas godos, de militares godos, de jueces godos y hasta de liberales godos. “La única diferencia actual entre liberales y conservadores es que los liberales van a misa de cinco y los conservadores van a misa de ocho”, afirmaba el coronel Aureliano Buendía.

Nada detiene su muerte. Ni siquiera las 32 guerras promovidas por el coronel Aureliano, todas terminaron en derrotas. Élite sin futuro: “…todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrían una segunda oportunidad sobre la tierra”. Ominoso final descubierto por Aureliano Babilonio en los pergaminos del destino.

Agonía de esa muerte resurge en el pasado debate contra el Fiscal de la Nación. No se liberó de sus mentiras, sigue siendo verdad su complicidad con los sobornos perpetrados por Odebrecht y su carácter servil de las élites económicas. Quedó en evidencia su talante corrupto. La Fiscalía se desprestigia, se muere a pesar de la solidaridad de algunas momias políticas y el aval de algunos insaciables vampiros nacionales.

Muere lentamente desde hace dos siglos. –Las muertes institucionales son prolongadas-. Muere porque, sobre su agonía, surge una Colombia distinta. Así lo vaticinan las marchas estudiantiles por una respetable educación pública universitaria. Y los docentes de Fecode que marchan por los niños que aún no pueden marchar. Y las marchas indígenas contra la práctica colonial de la élite criolla. Y las centrales obreras que marchan contra el saqueo legal a través de los impuestos.

Y lo vaticinan también los millones de colombianos que votamos contra la corrupción. Y “La Comisión de la Verdad” que se resiste a ocultar las infamias cometidas por todos los actores de la guerra. Y “La Justicia Especial para la Paz” que pretende justicia aún para los intocables. Y muchos líderes sociales que se juegan la vida por la dignidad humana. Y muchos periodistas independientes, y algunos políticos sociales. Muere la élite conservadora y se cumple la profecía de “Cien años de soledad”, esa estirpe no tendrá una segunda oportunidad.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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