Democracia representativa en crisis

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Como en Colombia, los ciudadanos franceses están asolados por el sistema.

Por Jorge Guebely

Como en Colombia, los ciudadanos franceses están asolados por el sistema. Tanto la economía como la política los destruyen. Les toca luchar por su propia cuenta para salvarse de la proliferación de impuestos, de pésimos empleos, de la degradación pensional, del empobrecimiento social, de la exclusión.

Se autodenominan “chalecos amarillos” para no parecerse a ningún partido político, ni tener líder de oficio, ni identificarse con ninguna bandera de izquierda o derecha. No los embarga la locura de cambiar el sistema. Simplemente obreros, campesinos, ancianos, todos de provincia, que quieren vivir dignamente.

Protesta espontánea, pero sentida, reprimida por muchos años. Organizada a través de los medios tal como lo había pensado Baudrillard. Basta leer la conclusión de su manifiesto para constatar que se trata de un movimiento verdaderamente político, no partidista: “Francia es un país rico, con gente valiente y trabajadora, que no tiene por qué vivir en la miseria”.

Como en Colombia, el gobierno francés responde con nimiedades. La misma estrategia de Duque con los estudiantes. Los mandatarios del mundo se resisten a entender que la gente, la que no pertenece a la élite, lucha por sus derechos. No exige limosnas, sino respeto y decoro. Lo exige directamente, sin intermediación ninguna, porque han entendido que los representantes representan un fiasco social y humano.

Después de dos siglos de inoperancia para los pobres, fracasa la democracia representativa. Hoy, sirve exclusivamente a las élites, especialmente las financieras, la de Macron en Francia y Merkel en Alemania. Élite neo-liberal, en conflicto con la conservadora de Trump o Bolsonaro, ninguna de las dos representa intereses de los pobres. Sólo ellas tienen democracia para competir económica y políticamente.

Militares y políticos constituyen el primer anillo de su seguridad. Los políticos, igual si son pobres, no defienden intereses sociales de quienes los eligen sino de quienes pagan sus elecciones. Políticos que prestan sus servicios al mejor postor, verdaderos mercenarios urbanos.

La política colombiana, no sé si la francesa, se ha contaminado de falsos representantes, auténticos estafadores, de escasa sensibilidad social. Burócratas de la élite astuta que, al exagerar su dependencia, han podrido la democracia representativa.

Los “chalecos amarillos” han entendido, como nuestros estudiantes de universidades públicas, que sólo la democracia directa, sin los sospechosos representantes, es eficaz para construir un país con verdaderos seres humanos. El próximo destino histórico que urge construir porque no son esclavos, ni seres despreciables, ni cosas miserables. Son sujeto de respeto, merecedores de una vida digna y “La dignidad no es negociable”, según Saramago.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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