Alberto Linero no deja sus hábitos sagrados

768

No ha dejado sus hábitos sagrados, más allá de renunciar a su sacerdocio, luego de más de más de veinticinco años, de haberse ordenado como sacerdote.
Por: Gustavo Tatis Guerra

Padre Alberto Linero, amante a la lectura

El padre Alberto Linero (Santa Marta, 1968) reafirma que “no me salí del sacerdocio por una mujer. Ninguna persona tiene tanto poder sobre mí”. Su testimonio escrito en su reciente libro ‘Mi vida de otra manera’, publicado por editorial Planeta, es más que una explicación pública de su decisión: es un libro de sabiduría sobre las bondades de las crisis, la gratitud, el arte de diseñar una nueva vida y la aventura de llevar su existencia a una novedad.

Desde hace años me llega con la puntualidad de un milagro sus devocionales que ha escrito a lo largo de una década, sin detenerse, con una disciplina espartana e implacable, anticipándose a las estaciones de cada mes. Pero hace tres días me llegó con una dedicatoria autografiada la alegre y festiva novedad de su libro, que es un soplo de sabiduría y de honestidad iluminadora. Anoche busqué la manera de entrevistarlo, llamé a la editorial, y logré una entrevista telefónica.

Una vez en Cartagena, fui hasta el Minuto de Dios para entrevistarlo, y ocurrió algo inusual: no se dejó entrevistar sino que prefirió entrevistarme en una hora de diálogo sobre el nacimiento de alguna de las historias que escribo. Me sentí premiado por este encuentro humano, con un ser que desde que lo conocí como actor, encarnando a un sacerdote caribe, desenfadado como es él en la realidad, me atrajo por su festiva y espontánea personalidad. Sin duda, el padre Linero es un personaje entrañable en la cultura del Caribe y Colombia.

La visión de Dios

Padre Alberto Linero, mantiene intacta la fe 

Mi primera pregunta fue saber si su visión de Dios había cambiado dentro y fuera del sacerdocio, y me respondió que Dios ha sido su protagonista a lo largo de sus cincuenta años. “No conocemos a Dios. Dios no cambia. El que cambia es uno”, me respondió. “Pero al principio, mi percepción de Dios era la de un padre rígido y ortodoxo, pero a medida que pasaban los años se volvió la de un padre compasivo y misericordioso, que siempre estará junto a uno, pese a todo. Leo y releo La Biblia, pero el Evangelio que más me conmueve es el Evangelio de Marcos, porque es un relato sin pretensiones. En esa sencillez posiblemente está toda la hondura. Y está Jesús en su dimensión humana. Releo el relato de cómo Jesús regresó a Cafarnaúm y en una casa donde ya no cabía nadie, porque todo el mundo salió a verlo. De pronto, llegaron a la casa cuatro personas. Llevaban en una camilla a un hombre que nunca había podido caminar. Como había tanta gente, subieron al techo y abrieron un agujero. Por allí bajaron al enfermo en la camilla donde estaba acostado. Esta escena tiene tanta hondura humana, como el relato del ciego Bartimeo, al que Jesús le devuelve la visión.

En cambio, el Evangelio de San Juan fue escrito cien años después, y es más reelaborado. Hay libros que me han impresionado, como la novela El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Me tocó muchísimo por la lucidez del escritor al plantear un Jesús en su condición humana y mostrar las posibles contradicciones”.

Un sacerdote caribe

El padre Linero predicando en el estadio Metropolitano

Le pregunto si ser un hombre caribe, con sentido del humor, festivo, enamorado del fútbol y del baile, no habría incomodado a la institución religiosa. Y me responde que “sí, de alguna manera, el desenfado caribe está ahí en los que nacimos frente al mar. Y la vida tiene el ritmo y el son de las olas.
Los que nacimos frente al mar sabemos que sólo bailando podemos espantar las tristezas. Y ese modo de ser caribe es opuesto a la rigidez de la institución. Comprendí entonces que podía ser cristiano sin dejar de ser caribe”.

En la primera línea de su libro escribe que “nunca me he sentido obligado por Dios a hacer lo que no quiero hacer”. El gran sentido de Alberto Linero ha sido el don de la creatividad y el sentido de la libertad. Se siente dueño de su vida, y se extraña que mucha gente le dijera de muchas formas cómo debía dirigir su vida, como si fueran dueños de su propia vida, al decidir renunciar al sacerdocio. El título de su libro y de su convicción es un verso del compositor sabanero Adolfo Pacheco, ‘Me rindo, majestad’, cuyo clamor es que “quiero vivir mi vida de otra manera”.

Bondades de la crisis

Alberto Linero cree que estamos equivocados cuando creemos que toda crisis es negativa, y no reflexionamos sobre las bondades que estas nos revelan. La soledad estuvo siempre presente en todos los años del sacerdocio, pero se enfrentó a la soledad, con su gracia caribe, orando desde el amanecer, trabajando sin tregua, y contagiando a multitudes con su vocación evangelizadora. Tuvo conciencia de que su palabra impactaba demasiado entre los seres humanos, cuando en las veredas más recónditas del país, alguien reclamaba que le leyeran el devocional de cada día para seguir viviendo.

“Comencé a sentir el vacío que se experimenta cuando terminas de hacer una gran obra y todos se van, cuando llegas a casa y no hay nadie con quien compartir las alegrías, las tristezas o los desafíos que se han vivido con tanta gente”.
No es la soledad convencional: la de una habitación vacía. Es la otra soledad del ser frente a sí mismo y ante su destino espiritual. Lo que estaba en crisis no era su fe ni su relación con la Iglesia Católica. Por el contrario, su fe está siempre revitalizada. El origen de la crisis “era un desencuentro profundo con la manera en que se entiende el ministerio de los sacerdotes hoy en día, un desenamoramiento, una pregunta por mis posibilidades de vivir de otra manera mi visión evangelizadora dentro de ese contexto”.

La tarea de escribir

Escribir no es nada fácil, me dice Alberto Linero. Cuando estructuró el libro dudó si escribirlo en primera persona podría parecer vanidoso y narcisista. Su existencia ha sido una coexistencia. Siempre escucha a los demás, y está dispuesto a escuchar la visión de los amigos. La cotidianidad ilumina cada uno de sus pasos, dentro y fuera del sacerdocio. Su amigo Néstor Morales aportó muchísimo en este proceso escritural, por su conocimiento y su condición humana.
Al renunciar al sacerdocio y al iniciar su libro, se acordó de su abuela Cleotilde, que lo marcó desde niño. “Era una mujer macondiana, valiente, libre, con una imaginación, me enseñó a pensar, me influyó en la manera de relacionarme con Dios”.

Epílogo

En el diseño de su nueva vida “sí me imagino construyendo una familia y teniendo una relación de pareja con una mujer inteligente, con valores claros y dispuesta a fabricar los sueños que elijamos juntos”.
“Yo no estoy dejando de ser cura porque haya sido un cura infeliz. La decisión que he tomado no anula la felicidad vivida”. No tendrá vergüenza ni miedo de mostrar a la mujer que elija como pareja. Espera estar enamorado “y amar con todas las fuerzas”, pero no se imagina con hijos por su edad. Daré lo mejor de mí para ser feliz, gozarme cada instante y aprender de todas las situaciones una lección de vida que me haga mejor persona”.
Dios estará en el centro de todos sus sueños.

Compartir.

Acerca del Autor

Chachareros

Chachareros es una invitación a que todos nos envíen sus artículos. La Cháchara los recibe con gusto

Los comentarios están cerrados