“Nuestra realidad no es un chorro fulgurante de optimismo”

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Carlos Polo no da tiempo a sus lectores para que lo extrañen.

Por Efraín Villanueva

Hace apenas unos meses, en la FilBo, presentaba Las malas notician llegan primero. Ahora regresa, sin haberse ido en realidad, con Es de noche cuando los gatos son pardos, Premio de Novela Distrito de Barranquilla 2018.

EV: La novela gira alrededor de un periodista que investiga una serie de feminicidios. Las víctimas cargan las penurias de la vida en la marginalidad. ¿Cómo tomaste esta decisión? ¿Qué intención hay detrás de ella?

CP: Hace algunos años fungí como redactor judicial, me tocó lidiar con la muerte casi a diario y de cerca, quizás demasiado cerca; le vi la cara a la tragedia, a la desgracia. Creo que fue en ese entonces que germinó la cimiente de esta novela, una idea vaga, una resonancia, un murmullo que fue creciendo y tomando forma. Es un hecho que en los países del tercer mundo la violencia golpea más fuerte y con más frecuencia en los barrios periféricos y marginados. La realidad me sirve como punto de partida, me da profundidad y verosimilitud y eso es muy importante a la hora de construir una historia.

EV: Hay demasiadas pistas en la novela que delatan a Barranquilla como escenario de esta. ¿Por qué mantenerla en el anonimato?

CP: Es parte del juego que le propongo al lector. En la tradición de la novela policíaca nada se da por sentado, los lectores desentrañan la trama a través de pistas. Puede que esa ciudad se parezca a Barranquilla, pero también puede ser cualquier ciudad caribeña. O cualquier ciudad suramericana porque debido a nuestros dolores y heridas es que nos parecemos tanto.

EV: La música está codificada en la novela. Las canciones llenan las calles, los bares que frecuenta el protagonista, pero también su cabeza, lo mueven y acompañan. ¿Qué te interesa explorar en la relación música-literatura? ¿Qué tanto hay de los gustos de Carlos Polo en esta decisión? 

CP: Esto sí es muy personal y se ha convertido en parte del estilo, de la poética de mis historias. La música ha jugado un papel fundamental en mi vida. La música está presente en las alegrías, en las tristezas, en los desengaños, en el amor, en la vida y en la muerte. En mis textos, la música ha sido mi aliada para recrear atmósferas, estados de ánimo, me resulta un complemento ideal. Cada historia tiene su propio ritmo y aun cuando no se mencione una canción o un género, la música no deja de estar ahí. La música que habita en este libro de alguna manera también integra la banda sonora de mi propia vida.

Es de noche cuando los gatos son pardos.Este es título de la nueva novela de Carlos Polo Carlos Polo-page presentada este jueves 1 en #LaCueva con el rock de Roldan y @alvarobarbozadrumsLa obra de Carlos Polo fue elegida en el primer lugar del premio Estuario de Novela del Portafolio de Estímulos de la Secretaría de Cultura de Barranquilla 2018. Secretaría Cultura, Patrimonio y Turismo de Barranquilla Alcaldía Distrital de Barranquilla

Posted by Jorge Mario Sarmiento Figueroa on Friday, November 2, 2018

EV: A pesar de su ambiente festivo, la ciudad se presenta oscura, incluso a pleno día, peligrosa, decadente y con un departamento de policía más interesado en las apariencias que en resolver crímenes… 

CP: No creo que sea mérito propio de esta ciudad pasada por el tamiz de la literatura. Así es Colombia: Muy a pesar de todo ese asunto festivo y carnestolendo, en el fondo llevamos la melancolía y desarraigo del afro que fue sacado a la fuerza de su tierra y la nostalgia del indígena al que le arrebataron su paraíso. En la misma ciudad vemos esa doble faz. Por un lado, la alegre. Por el otro, la que engorda las páginas judiciales, aquella que no resulta óptima para una postal. El 90% de los crímenes violentos en nuestro país no se resuelve. Si un asesino no es arrestado en flagrancia es muy difícil que lo capturen y allí entran una serie de elementos que escapan incluso de las manos de los mismos agentes, que se la juegan ante un sistema precario, sin apoyos tecnológicos. En fin, el tema tiene demasiado de ancho como de largo.

EV: El anónimo protagonista raya en lo cliché: un periodista arrojado al turno nocturno del periódico local, bebedor y fumador en exceso, divorciado y sin poder ver a su hija y vive en un apartamentucho de un barrio decadente. ¿Qué interés tenías al jugar con su casi caricaturización?

CP: Quise desviarme de los detectives agudos, intelectuales e increíblemente deductivos de los inicios de la novela policíaca y del personaje/héroe norteamericano que se lleva en hombros a la impoluta rubia y fulmina de un golpe al enemigo.

El personaje de mi novela no tiene nombre porque es nadie, un desencantado que se diluye entre trago y trago. Es lo opuesto al canon, es un tipo falible, como cualquier mortal. Es lo opuesto a los flemáticos Dupin de Poe y Holmes de Conan Doyle, pero también al Marlowe de Chandler. El narrador/personaje de mi novela es un periodista sin fuerza extraordinaria, sin poderes sobrehumanos, sin carisma, es un habitante de una ciudad fallida. Estamos acostumbrados a que Supermán y sus Súperamigos nos conduzcan al paroxismo hollywoodense del final feliz. En ese sentido, mi personaje es un antihéroe.

EV: Pero, sobre todo, es de un patetismo impresionante, siempre en el papel de la víctima e incomprendido, pero sin atreverse a hacer nada por cambiar su situación. Como lector, nunca pude sentir empatía por él, solo piedad, lástima. ¿Era esto parte de tu propósito?

Imagina si sintiéramos empatía por el pervertido Humbert, el profesor de literatura, personaje central de Lolita, por el extravagante ludópata Aleksei de El Jugador, por el confundido Raskólnikov aprendiz de criminal de Crimen y castigo o por el pusilánime cornudo Trusotski de El eterno marido, por el sufrido Gregorio de la Metamorfosis, por el tacaño Scrooge de Cuento de Navidad, por el enfermo, psicópata y ostentoso Patrick Bateman de American Psycho o por el animal incomprendido Grenouille de El perfume.

El personaje de la novela está quebrado, no busca nada en específico, no tiene norte claro, no tiene esperanza, su nihilismo es un canto desesperado, no pide, ni pretende nada, va con el flujo del mundo que le tocó en suerte y además lidia con su exaltado estado mental.

Si se lee entre líneas, la mayoría de los personajes del libro vibran en ese mismo plano. Un boxeador devenido en mototaxista, una modelo y diva de reality show convertida en prostituta, jovencitas víctimas de un predador brutal y salvaje y de una sociedad que no da respiro y de un sistema que no permite siquiera regalarles la dignidad de la justicia. Puede que el personaje sea patético porque nuestra realidad es patética, nuestra realidad no es precisamente un chorro fulgurante de optimismo.

EV: Es de noche cuando los gatos son pardos: ¿cómo llegas a este título? ¿De qué forma crees que el título de un libro interviene en la lectura de este? 

Carlos Polo: Es una evocación a la noche, la atmósfera central del libro. Entre otras, ¿qué más nocturno que un gato? Es también un juego a alusiones populares que transitan de boca en boca, dichos inscritos en nuestro ADN cultural. Buscaba que el título generara una recordación inmediata.

Además de su poder poético, el título alude al intento de mimetizar nuestros defectos, como lo hacen los personajes de la novela. Personajes desilusionados que deambulan en la noche tratando de ocultar sus llagas. Es en la oscuridad, o en la escasez de luz, donde resulta más fácil disimular los defectos. En algún momento de nuestras vidas, todos nos convertimos en gatos pardos.

EV: Pregunta obligada: ¿qué referencias literarias influyeron en esta novela?

CP: Es difícil puntualizar mi deuda con cada uno de los autores que me guiaron. A Palahniuk quizá le deba las limitaciones de los personajes y su confrontación con la normatividad social, su marcado nihilismo y enajenación mental. A Easton Ellis, especialmente en American Psycho, las obsesiones descriptivas y las alusiones a la música y la cultura popular. A Conan Doyle y Chandler, presumo, el manejo de la tensión, del dato escondido y del rompecabezas que se le propone al lector desde el inicio.

EV: No solo esta novela ha sido premiada, también lo fue Las malas noticias llegan primero (segundo lugar en la Beca de Creación de Cuento) y otras de tus obras literarias y periodísticas. ¿Qué significan estos reconocimientos?

CP: En mi caso los premios significan tiempo para escribir sin el agobio de las cuentas por pagar. Aunque me resulta chocante, los premios terminan legitimando el trabajo literario, sobre todo en un medio en el que todo es susceptible a ser banalizado y etiquetado, de llevarse al soso nivel de la competencia, de la carrera de caballos. No debería ser de esta manera, pero no nos podemos mentir. Para muchos no eres nadie hasta que les enseñas la medallita, el diploma, de lo contrario ni el saludo, es una mierda con la que hay lidiar. Además, está el bendito problema de la publicación, las editoriales no están desesperadas buscando autores, así que los premios, por lo menos en mi caso, me han permitido publicar. Mis tres últimos libros han visto la luz gracias a los premios.

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