Empobrecimiento

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Colombia ya es tan inequitativo que un 1% de sus habitantes posee casi toda la riqueza nacional.

Por Jorge Guebely

Avanza el empobrecimiento de la clase media. La empobrecen los crecientes impuestos para sostener gobiernos corruptos y políticos que gobiernan como sórdidos negociantes. La empobrece la competencia del libre mercado, el neoliberalismo criollo.

La cifra del 87% entre pobres y miserables de Colombia aumenta como estrategia de poder económico y político. Familias que sobreviven del rebusque y, en el mejor de los casos, hasta con 6 salarios mínimos mensuales. Porque ganar esa cantidad es ser sólo rico entre los pobres. Ninguna comparación con los verdaderos ricos que ganan hasta 420 salarios mínimos. Mucho menos, con los potentados que suman, en promedio, 1.333 salarios mínimos mensuales. El 1% de colombianos, horrorosa prueba de nuestra desigualdad social, primera en la región suramericana y una de las más desiguales del mundo. Evidencia de nuestro conservadurismo malsano, de nuestro país chapado al medioevo donde no existía clase media; donde sólo había aristocracia y plebe, los muy ricos y los muy pobres. Vergüenza para el liberalismo colombiano, su revolución ha sido un bochornoso chasco histórico.

Basta el dramático ejemplo de una persona pensionada para ilustrar el descenso económico de la clase media. Su pensión significó una mordida del 25% de su salario habitual. Cada año disminuye por el aumento con base al ipc, siempre muy bajo comparado con el alto costo de vida. Disminuye con el 12% que paga a una EPS que, como toda institución estatal, es un perverso fraude.

Hace 13 años, la pensión de esa persona disminuye por medicina prepagada, su esperanza de preservar la salud física. Sin embargo, desconocía que en Colombia la salud no es servicio público sino negocio de usureros privados. Otra rapacería legal contra los asalariados.

Ahora, al cumplir 65 años, su medicina privada aumentó 40%. Ya su mesada no alcanza para pagarla. A su edad, sus enfermedades son más frecuentes y más costosas, ya no es mercancía negociable por el mismo precio. Argumento infame, como la del Estado mismo que la justifica: “Esas tarifas las regula el mercado, no el gobierno”. Disyuntiva cruel: o come o paga medicina privada para morirse en buena cama.

Confinada a una eps, esquilmada durante 13 años por una empresa de medicina prepagada, la víctima quedó en condiciones deplorables tanto para la vida como para le muerte. Su empobrecimiento es real; su dignidad, disminuida; su condición humana, deteriorada. Exactamente lo que necesita nuestro sistema: seres humanos empobrecidos, con autoestima gangrenada, para fingir democracia, justicia y paz. Gente con apenas estómago y sin conciencia. Porque “Si los pobres comienzan a razonar, todo está perdido”, según Voltaire.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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