Destino universal

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La prosperidad reducida a ruinas económicas y humanas.

Por Jorge Guebely

Anima releer los clásicos de la literatura, nos recuerdan el desfalco humano por cuenta del poder económico. Releer, por ejemplo, “Los Buddenbrook” de Thomas Mann, novela que anuncia la voracidad destructora del capital financiero.

Numerosas páginas narran la decadencia de una próspera familia alemana, los Buddenbrook. Familia que inició su imperio comercial a mediados del siglo XVIII, comprometida con la revolución liberal, y devorada, a mediados del siglo XIX, por la codicia insaciable del capital financiero. Poderoso monstruo de la economía que devora bienes ajenos a través de sus voraces sacerdotes: banqueros y políticos patógenos, liberales y conservadores.

La prosperidad de los Buddenbrook quedó reducida a ruinas económicas y humanas. La esplendorosa mansión quedó como propiedad del banquero Kesselmayer, hombre de amable ferocidad.

Mann devela la derrota del capital productivo con intenciones éticas: “Hijo mío –aconseja el viejo Buddenbrook al hijo-, atiende con ánimo a los negocios durante el día, pero no hagas más que aquellos que no puedan quitarte el sueño por la noche”. Devela también el ascenso del capital financiero. Capitalismo sin ninguna ética, de dentelladas puras con el dinero especulativo que todo lo convierte en perversos negocios.

Perversos negocios como las dos guerras mundiales, ejemplos de mayúscula inmoralidad. El capital financiero patrocinó todos los bandos. Sin importar quiénes perdieran, ganaba todas las guerras. Los perdedores pagaban los desastres de la confrontación, los ganadores sufragaban la reconstrucción y ellos hacían empréstitos. Mientras ellos ganaron, 30 millones de soldados perdieron la vida defendiendo monstruosas patrias.

Progreso y corrupción, otros dos negocios perversos del capital financiero. Promueven construcción de carreteras para que los políticos patógenos se enloden en la podredumbre. Negocios para someter gobiernos a través de las altísimas deudas externas. Países neo-colonizados por el imperio de las bolsas y los bancos, los verdaderos imperialistas.

Negocios tan perversos como nuestra pretendida reforma pensional y económica. Favorecen más a los banqueros y a las élites económicas, y menos al resto que sólo pagaría más impuestos. Hasta los ‘menos que nadie’ pagarían más impuestos a través de la canasta familiar. Negocios tan perversos como sus partidos políticos, como sus instituciones torcidas, como sus funcionarios corruptos. Capitalismo financiero, sistema de lobos donde el mordisco es la moral de cada día.

Nada esperes del capital financiero. Es avaro, corrupto e implacable. Adueñado del Estado, retomando a Marx, sigue haciendo sus negocios en el distinguido club. Cuentan para eso con sus políticos patógenos y la corrupción. Bajo el imperio del capital financiero, el destino de los Buddenbrook es universal: los honestos fracasan.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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