Aterra mucho

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Nos hacen creer que vivimos un paraíso con ángeles, pero nos cubre nuestro infierno cundido de auténticos demonios.

Por Jorge Guebely 

Ya no aterra que los políticos fabriquen mentiras, cortinas de humo, bellos artilugios distractores, para ocultar horrorosas verdades. Así lo hace Duque cuando afirma favorecer a todos los colombianos, el sistema sólo le permite proteger a las élites. Y el expresidente Uribe cuando rehúsa gravar la canasta familiar porque él ha sido uno de los que más ha intentado gravarla. –Leer la columna “Una vieja estrategia”, de Yohir Akerman en El Espectador-. Uribe, el amigo de las élites y el falso benefactor de los excluidos.

Y no aterra porque esa es la función social de todo político: Triunfar como auténtico profesional del artificio.

Tampoco aterra la cortina de humo del salario mínimo de los colombianos. ¡Engaño institucional! ¡Infamia nacional! Ni siquiera paga el actual precio de la canasta familiar. Sólo cubre el 60%, según la Financial Red Mexicana. Nos superan Panamá cuyo salario mínimo cubre dos veces y media su costo total, y Costa Rica que lo hace 6 veces. Nos superan incluso Honduras y Guatemala con coberturas de 125% y 80% respectivamente. Países cuyos pueblos marginados migran a los Estados Unidos para encontrar mejor destino en un lugar inhóspito.

Nuestras mentiras políticas no sólo nos degradan, sino que nos anestesian.

 

Y un grupo de colombianos no se aterra con el aumento del IVA en la canasta familiar. No importa si genera más dramas y tragedias. No le importa la miseria salarial del país. No le importa la dificultad para ganar $1.200.000, precio mensual de cuatro mercados básicos para una familia tipo de cuatro personas; sin contar vivienda, educación, salud, transporte… Sueldo demasiado alto para un país donde, según el profesor Raúl Alameda, el 60% sobrevive en la informalidad; el 53% es marginal y pocas veces logra 1.5 de salario; el 21% es muy pobre y vive hasta con 3 SMVM. 74% de colombianos que vive en la hambruna aparentando vida.

Ya ni siquiera aterra ser colombiano que, según Borges, es un acto de fe. También es un acto estoico para soportar la proliferación de cortinas de humo, de mentiras coloridas, de esperanzas edulcoradas. Drogas que distorsionan la realidad: nos hacen ver las infamias de Venezuela, pero nos ocultan las nuestras; nos permiten ver los venezolanos desplazados, pero nos borran los nuestros. Nos hacen creer que vivimos un paraíso con ángeles, pero nos cubre nuestro infierno cundido de auténticos demonios.

Parodiando a Nietzsche, ya no aterra que los políticos fabriquen mentiras pues son profesionales del artilugio. Pero aterra mucho que un pueblo se las crea.

jguebelyo@gmail.com

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