Universidad pública

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No busquemos enemigos afuera. El Estado es el primero que no quiere colombianos pensando.

Por Jorge Guebely

No hay peor enemigo para la universidad pública colombiana que el Estado mismo. No sólo la desfinancia sistemáticamente, sino que la infiltra con la podredumbre de su política nacional. La convierte en fortín económico y electoral a través de sus fichas que suelen ser más eficaces que los auténticos académicos.

Lógica evidente, mientras un académico piensa y vive fundamentalmente en la academia, la ficha piensa y actúa integralmente en una práctica que es corrupta. Personas que utilizan la institución para beneficios personales o de grupos, esquilmando al Estado. A veces, legales, pero inmorales que maquillan magistralmente los mecanismos de control: rendición de cuenta, libre información al ciudadano e información en la web. Casi nada los devela.

Así, la universidad pública paga caro el desacierto de trabajar con los mismos valores de un Estado capitalista tercermundista. Valor donde la voracidad por el dinero somete al ser humano. Donde la democracia, esa estrategia ciudadana para acrecentar la conciencia social e individual, se rebaja a artificios electorales y a ambiciones de poder universitario.

La institución universitaria pierde, si alguna vez la tuvo, el horizonte humano de educar para la vida y no para el éxito económico y político de los más avispados.

Como en el Estado, el clientelismo en la universidad pública se consolida como un sólido sistema de caponazgo, dominado por los uribes y los vargaslleras de la academia. Clientelismo que cae verticalmente hacia abajo; surge de más allá del MEN, pasa por capos regionales, hasta alcanzar a los minicapos de facultades y programas.

Se fortalecen las nóminas paralelas y se multiplican los fondos especiales para maquinar negocios turbios. Muchos programas de posgrado se comportan como verdaderos mercados académicos. Se manipulan concursos universitarios para fabricar favores partidistas. Conjunto de costumbres malsanas que enanizan el crecimiento universitario, horizonte inaplazable en las luchas estudiantiles.

Parodiando a Marx, la universidad pública es el espacio donde proliferan comités de mini-burgueses académicos para tejer sus negocios personales.

Universidad pública que se diseca sin reverdecer jamás. Su autonomía jurídica no alcanza para consolidar su autonomía administrativa, ni su madurez ética, ni su profundidad académica. En vez de vislumbrar nuevos horizontes por trabajar con el conocimiento científico, tecnológico y artístico, se confabula con lo peor de la cultura nacional. En vez de orientar, es orientada. En vez de sanear la conciencia, la pudre. En vez de educar para la vida, educa para la muerte humana. En vez de ser faro en la noche, es sombra en el día con apariencia de luz.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

1 comentario

  1. Avatar
    José Anaya Lara el

    Y asi sucesivamente la juventud que se deja llevar por los que les lavan el cerebro, nunca obtendrán un título, a pesar de que pueden llegar a cursar varias carreras, no logran ningún título que les sirva para su futuro, se gastan su juventud pasando de carrera en carrera de patio en pario y de salón, buscando adectos para sus movimientos revolucionarios, en vez de dedicarse a estudiar, para hacerce profecionales, engrandecer el alma mater y luchar por acerla respetar, pero ya ciendo un profecional parido de sus ENTRAÑAS, cómo lo hacen hoy dia MUCHOS de sus egresasos, dedicados a la docencia y a la preparación de verdaderos profesionales orgullosos de lo que son y de lo que lograron, estudiando y no tirando piedras y botellas incendiarias, en dónde asta ellos mismos salen perjudicados, cómo el caso que ocurrió hace varios años, cuando aún la UA, se encontraba en la cede de la 43…. no COMPARTO el pensamiento de profecinales resentidos, COMPARTO el pensamiento y el actuar de aquel que se preparó para el y para defenderla a la responsable de su título, pero desde el Congreso o desde los tribunales, pero NO desde las calles perjudicando a aquel o aquellos que nada tienen que ver con sus resentimientos.