Monseñor Óscar Arnulfo Romero, un santo en tierra

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Humilde, sencillo guardián de los derechos humanos, jardinero de bendiciones, sus restos reposan en la cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador, justo debajo del altar mayor.

Por: Gustavo Tatis Guerra

El Papa Pablo VI y Monseñor Romero

El domingo 14 de octubre de este año será canonizado en una ceremonia en Vaticano, Monseñor Óscar Arnulfo Romero (Ciudad Barrios, San Salvador, 1917- San Salvador, 1980), y el Papa Pablo VI, que fue su profesor en Roma, y quien lo nombró obispo y monseñor de El Salvador.

Simultáneamente, en la iglesia de San Pedro Claver, en Cartagena, habrá una eucaristía y se develará un busto y reliquia del santo salvadoreño, que será instalada en el santuario del padre de los Derechos Humanos en Colombia.

Frente a mí, está una de las mujeres que confiesa haber sido sanada de un cáncer terminal, por monseñor Romero.

No quiere revelar su nombre, pero su testimonio desde Cartagena, llegó al Vaticano.

Estoy conversando al tiempo con ella y con el padre jesuita, Jorge Alberto Camacho, del santuario de Claver.

Y observando las imágenes de monseñor Romero, junto a su profesor Batista Montini, futuro papa Pablo VI, quien hace medio siglo, en 1968, estuvo en Colombia.

No es casual que ahora los dos sean canonizados.

Cuando monseñor le contó a su profesor su vocación social y humanística, él no dudó en ungirlo con su mano en el hombro y animarlo, mientras que cuando monseñor fue a Roma a conversar con el papa Juan Pablo II,  este, le dijo que le bajara el tono y tuviera prudencia en sus homilías sobre derechos humanos. La homilía un día antes de su asesinato, la del 23 de marzo de 1980, fue un clamor al ejército salvadoreño y a los escuadrones de la muerte, de cesar la práctica abominable de la desaparición forzada, aprender y hacer posible el mandamiento de No matar a ningún semejante, evitar la represión y toda forma de violencia contra los hermanos.

Esa homilía, que él bautizó “La Iglesia, un servicio de liberación personal, comunitaria, trascendental”, es conocida como “Homilía de fuego”.

Monseñor Óscar Arnulfo Romero, líder social

Un disparo certero al corazón del monseñor le propinó un francotirador desde un auto de capota roja, a las 6 y 30 de la tarde del 24 de marzo de 1980, en plena misa, en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en El Salvador, poco antes de la Sagrada Consagración. Se supo después que el asesino fue el subsargento Marino Samayo Acosta, de la sección II de la extinta Guardia Nacional, quien recibió orden del mayor Roberto d´Aubuisson, creador de los escuadrones de la muerte en El Salvador y fundador de Arena, y del coronel Arturo Armando Molina.

El asesino recibió 114 dólares por el crimen. La hermana de uno de los autores, Marina dÁubuisson, contrariando a su hermano Roberto, creó la fundación que ha promovido la beatificación de monseñor Romero. Paradojas de la vida y la historia. El 7 de marzo de 2018 el papa Francisco autorizó canonizar a Romero, el primer salvadoreño elevado a los altares y el primer arzobispo mártir de América. Está incluido en el Santoral en la Comunión Anglicana. El 23 de mayo de 2018 fue beatificado en la plaza Salvador del Mundo. Es uno de los diez mártires del siglo XX, inmortalizado en una estatua en la abadía de Westminster en Londres. Romero fue nominado al Premio Nobel de Paz en 1979.

Testimonio de una sanación

Monseñor Óscar Arnulfo Romero

La mujer me dice que no ha sido muy creyente en su vida, pero la experiencia sobrenatural de haber sido sanada por monseñor Romero, le desestabilizó las certezas y las creencias, y le devolvió un hálito desconocido: la fe en lo imposible.

En enero de 2015 empezó a desangrarse, con un cáncer terminal de vejiga, en Cartagena, y fue llevada de emergencia a un hospital de Bogotá. Le extrajeron la vejiga, iniciaron la quimioterapia, y el dictamen médico era desolador, era como entrar en un laberinto de esperanzas perdidas.

Cuatro personas que oraban sin cesar, entre ellas, su esposo creyente, un amigo personal de monseñor Roberto Cuéllar, y otros amigos, encomendaron su salud a Romero.

Las imágenes nucleares del cáncer eran desconcertantes, pero día a día, el fatal tumor iba disminuyéndose cada vez más.

El 24 de abril de 2015, no había señal de ningún cáncer. Había desaparecido misteriosamente, sin explicación científica.

Los desconcertados fueron los médicos que estaban ante la evidencia de un hecho sobrenatural, y no existía la imagen de que por allí había estado un cáncer.

Una misa con miles de feligreses se hizo en la catedral de Notredame, en París, en homenaje a monseñor Romero, y como Acción de Gracias y gratitud por la sanación.

La mujer guarda en su casa, las imágenes de Romero abrazado al papa Pablo VI, instantes de su obra humanística con los campesinos salvadoreños y la gente pobre de su país, y la manera como monseñor creaba un altar en los lugares impredecibles y recónditos de la nación, siempre del lado de los más humildes.

“Su opción fueron los pobres”, dice ella. Y él mismo lo había declarado en 1977: “La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres, así la Iglesia encontrará su salvación”.

“Si Pedro Claver viviera hoy, no dudo que estaría junto a monseñor Romero”, me dice el padre Jorge Camacho.

“Ahora estarán juntos en el mismo santuario, porque él es una versión contemporánea de la misión de Claver en su tiempo. No es casual, tampoco, que, en este mismo santuario, estuviera el papa Francisco en 2017”.

El busto de Romero es una escultura de Joaquín Serrano, que hace un año llegó donada a Cartagena, y ha encontrado, por fin, su lugar para siempre: el santuario de Claver.

Epílogo

Monseñor Romero hizo una misa única, cuando asesinaron a su amigo el padre Rutilio Grande, junto a dos campesinos, el 12 de marzo de 1977.

La misa única del 20 de marzo, fue un clamor por la unidad de la Iglesia, amenazada en esos años en El Salvador. En esos tres años hubo desapariciones forzadas, crímenes de lesa humanidad, y el 9 de marzo de 1980, hicieron el primer atentado contra la vida de monseñor, con una bomba de 72 candelas, de dinamita comercial que estallaría en el momento en que se iniciaría la misa. La bomba fue desactivada.

Las homilías de monseñor paralizaban al país, y las decisiones políticas se tomaban antes o después de sus homilías.

Humilde, sencillo guardián de los derechos humanos, jardinero de bendiciones, sus restos reposan en la cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador, justo debajo del altar mayor.

Su mausoleo en bronce lleva su nombre y lo rodean cuatro ángeles que representan los cuatro evangelios.

Tenía 62 años al morir. Su sacrificio se ha convertido en canciones, como la de Rubén Blades, en libros, imágenes, películas, y en una peregrinación humana que no cesa.

Monseñor Óscar Arnulfo Romero, era un santo en tierra.

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Acerca del Autor

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

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