La higuera de Chipre

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Adán y Eva la utilizaron para cubrirse el sexo; hoy, en Chipre, la higuera es símbolo de vida, lucha y fertilidad.

Por Ever Mejía

Los grandotes siempre quieren ser más grandotes. Si para alcanzar sus logros hay que mutilar, aplastar, destruir o invadir, pues no tendrán más remedio que hacerlo. Esto lo ha sufrido, por ejemplo, una isla muy pequeña de nombre Chipre.

En la antigüedad, los grandotes fueron los egipcios comandados por el tercer faraón Tutmosis. Después vinieron los asiros y los persas. Hace no tanto tiempo, sin consenso entre ellos, los griegos, los ingleses y los turcos declararon que aquella diminuta isla les pertenecía.

Por esas dinámicas azarosas de la guerra, en la que los más pobres suelen tener muy poca suerte, los grecochipriotas consideraron pertinente expulsar o desaparecer a los turcochipriotas; porque en la tradición mutiladora, las diferencias no pueden convivir. Una mañana de junio de 1974, el turcochipriota Ahmet Cemal salió a reunirse con sus compañeros de la Organización Turca de Resistencia. Agarró un par de higos del jardín y se despidió de sus hermanos, que nunca lo volverían a ver.

Treinta y dos años después, una mañana del 2006, el observador Xenophon Kallis disfrutaba de las playas de Episkopi en Chipre. Se extrañó al ver una higuera en aquella tierra árida. Probó un par de dulces y apetitosos higos y contempló el panorama, pero no encontró nada similar. Su curiosidad lo llevó a investigar: hubo una guerra en ese territorio y antes en ese lugar no había una higuera, sino una cueva.

Luego, el Comité de Personas Desaparecidas lo estableció así: un grupo de turcochipriotas fue llevado a una cueva que estaba en el lugar, la cueva solo tenía entrada por mar, allí los metieron y la llenaron de explosivos. El cuerpo de Ahmet Cemal fue encontrado junto al de Erdogan Enver y Unal Adil, muy cerca del lugar donde está la higuera.

Las versiones de por qué nació un árbol de higo en medio de una playa desértica son numerosas. La comunidad y los familiares de Ahmet Cemal creen que aquel higo que tomó del jardín se cultivó en su cuerpo lleno de fertilidad y en las condiciones más adversas creció y dio sus frutos. En el principio de los principios la higuera estuvo relacionada con la vergüenza, Adán y Eva la utilizaron para cubrirse el sexo; hoy, en Chipre, la higuera es símbolo de vida, lucha y fertilidad.

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Ever Mejía González

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