La comunión en la mano

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Comulgar en la mano no es algo nuevo, sino la costumbre más natural durante los primeros siglos, tal como lo refleja la iconografía cristiana de África, Oriente, Roma, España y  Milán.

Por: Padre Rafael Castillo Torres

Al respecto las Instrucciones Generales del Misal Romano nos recuerdan: “Si la comunión se recibe solo bajo la especie de pan, el sacerdote, teniendo la hostia un poco elevada, la muestra a cada uno, diciendo: El cuerpo de Cristo. El que comulga responde: Amén, y recibe el sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo. Quien comulga, inmediatamente recibe la sagrada hostia, la consume íntegramente”. IGMR # 161.

Recibir la Sagrada comunión en la boca o en las manos son maneras respetuosas y muy expresivas de acoger al Señor. Esta actitud, que depende de cada fiel, no puede ser impuesta por el sacerdote según su gusto o preferencia.

Comulgar en la mano no es algo nuevo, sino la costumbre más natural durante los primeros siglos, tal como lo refleja la iconografía cristiana de África, Oriente, Roma, España, Milán, etc. En el siglo IV, el padre Trujillo en el Seminario san Cirilo de Jerusalén enseñaba a sus fieles: “Cuando te acerques a recibir el Cuerpo del Señor, no te acerques con las palmas de las manos extendidas ni con los dedos separados, sino haciendo de tu mano izquierda como un trono para tu mano derecha, donde se sentará el Rey. Con la cavidad de la mano recibe el cuerpo de Cristo y responde Amén”.

La comunión en la boca se introdujo hacia los siglos Vll y Vlll, y solo en el siglo X se va aceptar en Roma. El concilio Vaticano II va a recuperar la práctica más antigua, desafortunadamente, muchos de nosotros, no hemos descubierto su hondo significado.

¿Cómo ha de ser el gesto?: se extiende la mano izquierda, haciéndole con la derecha una especie de trono, para luego tomar el Pan con la mano derecha y comulgar allí mismo, delante del sacerdote, antes de retirarse. No se “coge” el Pan con los dedos de la mano derecha, a modo de pinzas, sino que se “acoge” el Pan en la cavidad de la mano izquierda.

El gesto es una mano abierta que pide y recibe, unos ojos que miran con fe al Pan eucarístico y unos labios que confiadamente dicen amén.

Este gesto expresa nuestra confianza y acogida al Señor. El pan que recibimos en nuestras manos es el alimento que sostiene nuestra fe y nuestra alegría interior.

Qué bueno poder acoger al Señor cada domingo.

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