Apartes para reseñar una novela parda

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A propósito de la novela ‘Es de noche cuando los gatos son pardos’, del escritor Carlos Polo.

Por: Devinso Jiménez Sierra (filósofo, narrador y docente universitario)

En la narrativa existen esas peculiares formas de la materia, sus distintas maneras de morir en la espesura de la pantalla o el papel. El crimen, como apertura de la trama, subjetivamente nos induce a cierta mutación necrófila que unos llaman novela policial y otros, más sofisticados en el juego de la sensación, novela negra.

Como cualquier otra novela busca desprender lo que se sujeta al cuerpo en cajitas de fósforos llenas de vacío y poca recordación, un precipicio en el que “a veces, las palabras danzan frenéticas bajo el marco blanco y cuadrado del monitor, nacen, crecen, fluyen, se reproducen, se asesinan entre sí, se contaminan, estallan como flechas suicidas, se colonizan, se destruyen, se masturban, se inmolan, se atacan entre verbos y adverbios, entre vocales confundidas”. Sujetados de las dos partes del libro como si su lomo y tapas fuesen capas de adamantium.

Borges la denominaba novela problema; su estructura suponía un estado de tensión inicial que detona la narración y funda cuatros líneas, a modo de mapas mentales; ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Por qué? Su condición sine qua non es el objeto del crimen o los crímenes como correlato base de la historia, lo que ocurre en sus episodios, motivaciones en sus distintos grados, están en función del descifrado sincrónico del crimen. Otras características asociadas al canon del género son:

  1. La búsqueda de la verdad como método racional. En la novela Es de noche cuando los gatos son pardos no es la verdad lo que predomina como prueba de la narración, hay en ella la piel de un animal convertido en personaje principal, un periodista caído en desuso resguardado en el alcohol y los limites irrisorios que conjugan la realidad sombría de la noche, pero también pensamientos acostumbrados a la salsa, al rock, a los ritmos que respira su ciudad, se siente el calor y la humedad de una Barranquilla contada desde el patio trasero, donde se guardan los trastes viejos. Es la visión de un pasajero que corre detrás del bus que lo ha dejado a la una de la mañana sin más remedio que la oscuridad, una narración necesaria para los oídos delicados que duermen sobre algodones.
  2. El investigador al final se convierte en héroe moderno. El protagonista no es el Dupin de Poe, Ni el inspector Lecoq de Gaboriau, Ni Arcenio Lupin de Leblanc, ni mucho menos Rouletabille de Leroux o el padre Brown de Chesterton. En este caso lo ordinario funge como investigador/testigo de las distintas maneras de la muerte, dictando con nombres propios; Julika, Leila, Angie Cristal, Tatiana, María Angélica, los cadáveres al descubierto. Todas, juntas, empiezan a moverse en su cabeza como un nido de colibrí finamente sujetado al tallo. Su vida es díscola; el mundo le sucumbe mientras él trata de alcanzar ese ritmo de vida que late en cada historia que atrapa, la sensación constante de su existencia sin sentido, esa nostalgia por lo pasado y un tono dulce en medio de la podredumbre del aire, siguiendo esa melodía en el estéreo o diseñando juegos de palabras que lo lleven de nuevo al pedestal.
  3. Se restituye el orden. La novela refleja la disparidad de las cosas, la ciudad y sus entronques de pobreza en cada lugar que recorren las letras en su mirada, la incertidumbre de la justicia que se desea, la tristeza recogida en el ambiente, en cada descripción sofocante de todos los que tras la desgracia no tienen otro camino que andar en medio de los escombros que deja el destino. Es un caos lo que nos muestra la novela, es la literalidad de las escenas, sin amaño, sin truco, sin lenguajes sofisticados en medio de la sangre, con la musicalidad del pensamiento y la arritmia de la vida.
  4. Hay una sucesión de pistas para resolver el crimen. La novela tiene secuencias narrativas con altos niveles de tensión, pero no es la resolución de los crímenes lo que busca, hay una necesidad de contar la banalidad de la muerte, el modo en que nos acostumbramos a ella y la reproducimos como copias baratas de pinturas famosas. Es la no resolución lo que nos causa ese mordisco en el alma, ese mismo dolor de quienes no alcanzan la justicia que aliviane la carga. El retrato de una sociedad que estratifica el crimen según su origen y se alimenta de las posibilidades mentales que aspire su imaginación, en medio del morbo y el sensacionalismo. La novela va más allá, te toma de la mano, te conduce hacia el horizonte de las víctimas, sus lazos familiares, las aristas de lo que son, el humo que dejan después de su quema.
  5. Los métodos científicos son la herramienta para la resolución. La ciencia pura de esta novela es la desgracia y sus tonalidades; la metástasis de la conciencia en medio del dolor, la inspección catódica del vacío que dejan las finadas, quizás la construcción de nuevos mundos en la cabeza de un protagonista que no las deja morir, que les acomoda un lugar a cada una para que lo acompañen sin hablar, con esa forma de melancolía que tiene la ausencia. La ciencia de esta novela es la existencia de la violencia y sus correlatos, la mano negra dejando los cuerpos tirados como signos jeroglíficos en las aceras limpias pero oxidadas en medio de la luna barranquillera.

No es una novela policíaca, afortunadamente, es una puesta en escena de los modos en que respira una ciudad por sus ductos de desagües, arroyos y alcantarillas; con toda la mezquindad fluyendo como agua descompuesta, es la mente del que ve y sueña lo que come, con las mismas canciones que escuchó desde su walkman y ahora reproduce en soporte digital, la visión de uno que escribe tocando las teclas dañadas que no queremos escuchar, pero que nos reflejan y hablan en el idioma que entendemos.

Es de noche cuando los gatos son pardos es una propuesta que toma como excusa el thriller policíaco para construir una historia  paralela de un personaje ordinario, como la mayoría de este mundo, para decirnos que estamos perdidos, flotando en marisma descompuesta, pero que de alguna manera eso también tiene significado, que la vida es más historias sin resolver que novelescos finales rosa. Que en la penumbra todos somos gatos pardos que se escabullen entre aburridos disfraces que tienen por máscara nuestros propios nombres.

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1 comentario

  1. Aquí la persona que habla sobre la obra, parece querer ser mas importante que el tema a comentar. Dedica todo el espacio a mostrar conocimientos y muy poco sobre lo que interesa a quien quiere saber sobre la obra. eso es lo malo de los egos sin talento.Por cierto es Arsenio Lupin con S, no con C, como lo escribe el erudito que la comenta.