Una barca en la tormenta

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Nuestra barca está amenazada desde afuera por toda clase de fuerzas adversas, pero también tentada desde dentro por el miedo y la poca fe.

Por: Padre Rafael Castillo Torres

Rafael Castillo

Cuanto estamos viviendo hoy como Iglesia, con los desaciertos del exnuncio Viganó, el daño causado a menores por algunos sacerdotes; el escándalo reciente de dos de ellos detenidos por actos obscenos en un lugar público de Miami; y el dolor y la tristeza que nos produce lo anunciado por el padre Lineros, aunque sí es un caso diferente que debemos distinguir, son el reflejo de cómo la tormenta y las olas sacuden la barca de los discípulos de Jesús.

Nuestra barca está amenazada desde afuera por toda clase de fuerzas adversas, pero también tentada desde dentro por el miedo y la poca fe.

¿Cómo vamos a asumir esta crisis en la que parecemos naufragar? Leamos a Mateo 14, 23 -33.

Es el relato en que Jesús, en medio de la tormenta y la gritería, se acerca a la barca caminando sobre el agua. Los discípulos no son capaces de reconocerlo porque lo único que ven, en una noche muy oscura, es la tormenta y un fantasma que se les acerca. En la barca sólo hay miedo y tempestad.

Este es nuestro problema: vivir la crisis contagiando desaliento, miedo y falta de fe. No somos capaces de ver a Jesús acercándose en medio de la crisis. Nos sentimos solos e indefensos. Justo allí, Jesús les dice: “Tranquilícense, soy yo; no teman”. Lastimosamente sus oídos solo oyen el estruendo de las olas y la fuerza del viento. Aquí está nuestro error: ¿si no escuchamos a Jesús y no ponemos en él nuestra confianza, a quién acudiremos?

Miremos ahora la figura de Pedro, quien sintiendo un impulso interior y sostenido por la llamada de Jesús, es capaz de romper la seguridad que le da su propia barca, pone sus ojos en los ojos de Jesús y camina con certeza sobre el agua en medio de la tormenta.

Cuando el papa nos invita al silencio y a la oración, hace referencia precisamente a este momento en que debemos caminar hacia Jesús en medio de la crisis, apoyándonos, no en el poder ni en el prestigio, sino en el deseo de encontrarnos con él en medio de la oscuridad y la incertidumbre.

Caminar sobre el agua no es fácil. También nosotros vacilamos y nos hundimos como Pedro. Pero, hoy, como ayer, Jesús extiende su mano, nos sostiene y nos dice: “Hombres de poca fe, ¿por qué dudan?”.

La tarea es aprender lo novedoso que nos deja esta experiencia y caminar  con fe renovada hacia Jesús, con la certeza de que esta crisis no es el final de nuestra fe cristiana, sino su purificación.

Vamos a liberarnos de la mundanidad y de todo cuanto nos aleja de Jesús. Él está actuando en esta crisis y, bajo el liderazgo de Francisco, nos está conduciendo hacia una Iglesia más evangélica que confía en él y no le teme a nada ni a nadie.

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