Un día con las monjas clarisas de Magangué

1302

Al llegar a la ciudad de Magangué, nombre derivado de la voz indígena Maganguey, lo primero que se encuentra a mano izquierda entrando desde Sincelejo es una inmensa construcción en obra negra estilo medieval: el convento de las monjas clarisas.

Por: Ubaldo Manuel Díaz

Ubaldo  Manuel Diaz

Magangué es una ciudad que se ha detenido en el tiempo, sus construcciones  vetustas que datan de comienzo del siglo pasado. Fue un importante puerto y paso obligado de los buques que se trasladaban del interior del país hacia la región Caribe.

La ciudad fue fundada a mediados de 1610 por un español errático llamado Antonio De la Torre. Colonizada en su mayoría por libaneses e Italianos que huían de la persecución de Franco y las huestes hitlerianas.

Sus calles en forma de laberinto comunican una vivienda con la otra, con arabescos adornando sus dinteles, propio de la arquitectura Árabe, nos dan la imagen de una de esas casas de las mil  y una noches.

En el puerto, bajo el calor intenso de las 2 de la tarde un buque cruza perezoso las aguas del Magdalena. El olor a pescado podrido es insoportable, los venteros ambulantes hacen su agosto, aquí  se consigue de todo, desde una lámpara de Aladino hasta un elixir para la eterna juventud. .Veo venir  caminando desde una descolorida esquina a un ‘Pedro Navaja’ que observa con ojos de felino la desierta calle, acechando  a uno que otro incauto transeúnte.

Magangué es una ciudad llena de contrastes políticos y sociales, por ser la segunda ciudad de Bolívar después Cartagena, con un presupuesto anual  de 200 mil millones de pesos, debería ser una taza de plata. Pero la realidad es otra.  En uno de sus parques un grupo de niños desarrapados juegan a policías y ladrones, un negro corpulento lleva dos gallos de pelea debajo de sus brazos, cruza lentamente la calle. Cuatro compadres matan el tiempo debajo de un árbol jugando una partida de dominó. Toda esta amalgama de imágenes forman parte de la ciudad donde están ubicadas las clarisas.

sede de las hermanas clarisas

Se levantan a las 4:00 de la madrugada, enfundadas en un hábito café. Se aprestan a cumplir las responsabilidades del nuevo día. Detrás de una pequeña buhardilla se escuchan jaculatorias en latín y castellano, es la primera oración que entonan cada día. En un costado lateral está la imagen de Santa Clara con una hostia en la mano; un crucifijo doliente como el de la pintura de Goya, preside el altar. Debajo hay cosas más terrenales; una silla de madera adornada  con flores artificiales.

El teléfono repicó varias veces antes que la monja lo descolgara. Del otro lado del auricular se escuchaba la voz de un feligrés que pedía oración:” madre ore por el escándalo de corrupción del cartel de la toga”.  De estos últimos  se puede decir que son protagonistas desafortunados de otro evento deplorable de que  se haya tenido noticia en la historia de la justicia Colombiana. La llamada  se da porque como monjas de clausura no pueden escuchar noticias, no tienen radio, ni televisión, mucho menos internet. Viven aisladas del mundo exterior.

El día que fui a visitarlas me atendió una de ellas, una mujer silenciosa que casi nunca habló sino le preguntaba algo; Intuyo que esto se debe a la regla de oro de los contemplativos, inspirados en la regla en San Benito, padre del monaquismo en occidente, de guardar silencio, mucho silencio, de la economía de las palabras, de hablar casi las 24 horas solo con Dios.

– ¿Madre, porque no tienen radio ni televisión?  Fue mi pregunta –

– Su respuesta fue muy práctica-: “porque casi nunca nos queda tiempo”- y acto seguido empezó a enumerar un rosario de ocupaciones: rezar, tejer, bordar, hacer panes, ostias.. Concluí: de caminar con una cesta bajo el brazo en el infernal sol de las 2 de la tarde en la ciudad de Magangué, vendiendo rifas, ofreciendo escapularios,……

– ¿Si sabía que Magangué tiene un presupuesto anual de 200 mil millones de pesos y que la ciudad sigue postrada hace más de 20 años?  -Seguí preguntando-

las hermanas clarisas

Ella seguía en silencio, me miraba y bordaba, el juego de agujas en sus manos y el brocado casi finalizado semejaba a Penélope esperando a Ulises de Ítaca. Esperaba encontrar algún gesto de reproche, indignación en su rostro o que su respuesta iba a  desembocar en: -“Con ese dinero ya se hubiesen hecho varios conventos como este”-.  Pero no;  Siguió silenciosa, bordando, no pronunció palabra y con una mirada de indulgencia me invitó a que me arrodillara en silencio a su lado y suplicar a Dios por todos esos hijos que se han equivocado de camino Porque, Jesús según ella, es el único que puede cambiarlos… puntualizó. El bordado ya estaba finalizado, se veía elaborado con maestría la cara de Jesús Nazareno.

Que lección tan grande para mí, que por razones de este oficio, formulo muchas preguntas a las personas que entrevisto.

En el año 1205 una jovencita italiana de familia noble decide dejar todo y tomar los hábitos siguiendo el ejemplo de otro joven que estaba dando de qué hablar llamado Francisco de Asís. Más tarde esa casi niña se convertiría en Santa Clara de Asís, fundadora de las monjas clarisas, dedicadas a la vida de clausura y contemplación.

Ellas entran al convento a la edad de 17 años, la formación la inician con una etapa llamada el “aspirantado”, seguida de otra que es el “postulantado”. En dos años y medio realizan el noviciado, en esta etapa conocen a profundidad la vida de la fundadora, es la etapa más deseada por ellas porque se preparan para los votos simples o temporales.

María Teresa de la Santa Faz es el nombre que ha adoptado la madre superiora del convento de Magangué  aunque para el mundo o el siglo, como ellas le llaman, María Teresa sigue siendo Rut Mery Molina, este acontecimiento, o nuevo nacimiento sucede el día de la profesión perpetua que es  “per secula seculorum”  (por los siglos de los siglos).

A las 6:00 de la mañana se escuchan nuevamente los murmullos detrás de la Buhardilla, es la nueva oración llamada el oficio divino,  que acompañan con unos salmos cantados llamados “laúdes”. A las 7:00 am se asoman furtivamente por la buhardilla para escuchar la misa; que un curita, de Magangué, – viene a ofrecerle sagradamente todos los días.

Este día tiene una connotación especial, se alegran profundamente cuando el capellán les informa que sigan orando por  el papa Francisco.  No imaginan el fuerte ataque que está recibiendo Francisco por parte de una facción ultraconservadora que quieren sacarlo a sombrerazos de la silla de Pedro. En él se puede aplicar el texto de las bienaventuranzas de mateo 5. 9-10: “Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan toda clase de mentiras por mi cusa, alégrense y regocíjense porque vuestra recompensa será grande en el cielo”. En un desnudo y austero comedor desayunan en silencio, el olor exquisito a pan aliñado que sale del interior es embriagador.

Una de ellas comenta que el convento lo están haciendo a punta de panes, rifas, bordando ornamentos litúrgicos. En fin, suspira, denotando en su mirada una profunda  bondad que mira la lejanía: “confiamos en la divina providencia, en la divina providencia”. El silencio es total. Desde afuera se observan los pórticos medievales del segundo piso donde algunas de ellas caminan con  camándula en  mano.

A las 9:00 de la mañana un órgano musical arranca unas bellas notas. Interrumpen sus quehaceres para rezar una oración llamada “tercia”, se le denomina así porque es la tercera hora litúrgica del día. Después del almuerzo tienen una hora de recreación, tuve curiosidad por preguntarles en qué la ocupaban y entre bromas y sonrisas una de ellas comentó: “a veces jugamos fútbol”. Nunca pierden el sentido del humor, se les ve feliz a todo momento. Faltando un cuarto para las 12:00 de la noche suena la campana para rezar la última oración llamada “maitines”, esta lleva una especial intención y es ofrecerla por todos los pecadores.

Desde el fondo del convento se escucha una tenue música gregoriana, son ellas que nuevamente se aprestan para la oración.  Son anónimas para el mundo, tal vez no opinen, ni sepan, ni les interese el despliegue mediático, publicitario que por estos días le hacen a los famosos del planeta. La felicidad para ellas en otra cosa, otro estado del alma, otra concepción de la vida; quizás superior a la que nosotros llamamos felicidad. El día va agonizando, la noche se avecina y en la la misma vía que conduce a Magangué se encienden las luces de neón de un motel.  Pienso en  la dialéctica de la vida: allá se peca aqui se reza.

*Ubaldo Manuel Díaz,Sacerdote. Premio Nacional de cuento y poesía ciudad Floridablanca. Email: sinuano1817@yahoo.es

 

Compartir.

Acerca del Autor

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

1 comentario

  1. Luis Héctor Delchiaro el

    Este sujeto en su afan de rebuscar palabra y tratar de inventar una novela de las de hace 100 años, dibuja una Magangue casi que similar con Macondo jejeje. Amigo le recomiendo que sus historietas sean mas ajustadas a la realidad y no pordebajee a todo un pueblo. El convento de las Clarisas esta ubicado en la margen derecha en el sentido Sincelejo – Magangue no en el izquierdo como usted dice entre otras muchas Falacias.