Un canto a los cuentos

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Así viví desde adentro el Festival internacional de cuenteros, el Caribe cuenta.

Por Nataly Acosta Guzmán

Yo le llamo pueblo santo 
dónde una gaita resuene,
en la tierra e la cumbiamba
o en el pueblo de llirene…

(Pueblo Santo)

Con sus cantos tradicionales y cuentos, tuyos, míos y nuestros, artistas de otros lares fueron acogidos por el público barranquillero, que se dejó seducir por esos contundentes versos que cada cuentero traía.
Las noches de velas y cuentos  iniciaron el 27 de agosto con unos grandes exponentes nacionales de la cuentería, quienes nos hicieron sentir en Malambo, en Corozal, a las orillas del río o en pueblos donde se andaba a burro, pero burros finos, valga la aclaración.
Ana Coralia, de Costa Rica, acompañada de sus instrumentos poco convencionales y su guitarra, nos contó las historias de tradición de su país creando paisajes sonoros, con sus elementos y su voz.
¡Gueeeeeeey! Cómo olvidarnos del divertido Tío Pello, corozaleño de buena cepa, quien narra cómo enamorar una dama en sus poéticos versos: “Sin ti me siento más triste que una esquina sin mototaxi”.

Tangos y boleros en voz de mujer fue la propuesta de género que trajo la Argentina Gricelda Rinaldi a Casa Luneta, a quien el público en complicidad disfrutó.

Ya no te luce la peineta
La flor de bonche se te calló
No tiene el mismo brillo tu pelo
Ay dime rosa que te pasó
.

Reinaldo Ruiz “El rey del costumbrismo” nos transportó con la historia de la bella Rosa, quien estaba comprometida con el dentista Candelario pero también tenía amores con el vago del ‘Chifla’. Esta historia de maridos y amantes hizo del espectador una ola de risas, logrando que el Caribe Cuenta viajara durante esa hora de cuentos a las calles de Sahagún, Córdoba.

Para cerrar la poética semana vuelvo a nombrar a la gran agrupación Pueblo Santo: “Gaitas que resucitan con su viva voz a quienes ya murieron e iluminan los andares de quienes caminan vivos, pero andan muertos”.
Más vivos que nunca, así nos hizo sentir esta agrupación de gaiteros entrelazados con las historias de nuestros cuenteros. Ese arsenal de artistas nos llevó a navegar por el río de Pueblo Santo, donde la llorona y la Moana hicieron presencia, donde nos visitaron nuestros ancestros, nuestros abuelos para darnos un abrazo y un gran beso cada que escuchábamos un arrullador verso. Nos reímos de cada regaño que cuando niños recibimos pues algunos nos recordaron la magia de ser chicos, nos enamoramos una y otra vez de esas bellas damas que en el pueblo sonreían y robaban miradas cuando pasaban por las plazas a bailar fandangos, mujeres como las que describe el verso con el que ahora despido mi canto a los cuentos.

Morena de mis amores
la razón de mis plegarias,
son tus labios color rosa
capullito e trinitarias…

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