Los fétidos

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Ni siquiera interpreta la perspectiva de Maquiavelo quien la redujo al apetito de poder puro.

Por Jorge Guebely

Ante la vergonzosa putrefacción de la política, debemos acudir a la conciencia ciudadana. Distinguir los fétidos que, como parásitos, nos carcomen la paz y la vida. Los sobornables para elegir funcionarios públicos: personeros, contralores, magistrados, rectores de universidad pública…

Fétidos encubiertos que posan de líderes comunitarios y sólo lo son de sus malsanos apetitos personales. Los que hacen de la política una confrontación de bandas o partidos de bajos fondos para delinquir en las alturas del Estado. Verdaderos delincuentes, algunos sorprendidos por la ley y, otros, camuflados entre jueces. Algunos violando cínicamente la ley y otros, interpretándola para violarla legalmente.

Conciencia ciudadana que nos permita visualizar los infectos que conciertan para delinquir, que tricotan componendas entre bancadas para cometer crímenes contra el Estado, establo donde rumian sus sucios alimentos. Los que empobrecen la política, la rebajan a la mecánica clientelar, al ejercicio del mercachifle astuto. Práctica que no interpreta la visión filosófica de los griegos clásicos que veían en la política la gestión para el desarrollo superior del ciudadano y la sabiduría como la condición sine qua non para orientar el Estado.

Ni siquiera interpreta la perspectiva de Maquiavelo quien la redujo al apetito de poder puro. La nuestra corresponde a la miseria de la política capitalista que saca la peor fetidez de cada político. Sus mandatos surgen y terminan en la voracidad del estómago y en los estragos del delirio de importancia personal.

Conciencia ciudadana para reconocer a los fétidos que malversan los dineros públicos a través de los fortines políticos donde duplican nóminas paralelas, ejercen tráfico de influencia y maquinan contratos públicos a favor de cómplices privados.

Fétidos que generan las hambrunas del país con su estela de niños muertos. Quinientos niños mueren diariamente de inanición según estudio de la Universidad Nacional cuando ellos sólo se preocupan por la burocracia pública.

Fétidos tan peligrosos como el Mono Jojoy o Pablo Escobar en sus peores tiempos de locuras y asesinatos. En fin de cuentas, éstos nunca se camuflaron con máscaras de falsos bienhechores.

Conciencia para advertir el escaso nivel humano de los fétidos, convertidos en insectos como en la angustiosa metáfora kafkiana de La Metamorfosis, verdadera connotación literaria. Animalejos con figura humana, pero con instinto de piojo que los incita a chupar sangre de sus víctimas. Con cerebros que secretan pus en vez de ideas o ideales. Verdaderos microbios que enferman el Estado y lo exponen a la locura de cualquier dictador. Excelentes ejemplos del descenso en la evolución humana.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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