Jerga tóxica

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Colombia no tiene mecanismos, ni moral social, para devolver dineros. Tampoco hay confianza en una dirigencia voraz.

Por Jorge Guebely

Entre las jergas profesionales, la de los políticos es la más tóxica. La de los que usufructúan el Estado y representan las élites nacionales e internacionales. La que comunica con dobles semánticas: una dudosa para los pobres –para la mayoría de colombianos que es pobre, incluyendo la clase media que se empobrece cada día más- y otra cierta para los ricos.

Su veracidad reside en lo que oculta, no en lo que explicita. Corresponde al estilo propio del político según Félix Ovejero, escritor español: “La perversión del léxico político no es un vicio, es un procedimiento”.

Con jerga venenosa se construye la reforma tributaria. Predica gravar todos los productos de la canasta familiar y devolver $18.000 a las familias pobres. Ficción estatal. Colombia no tiene mecanismos, ni moral social, para devolver dineros. Tampoco hay confianza en una dirigencia voraz que consume gran parte del presupuesto nacional en corrupción política. Discurso perverso que oculta una verdad: la bancarización de esos impuestos para favorecer al sector financiero.

Tóxica la jerga sobre la explosiva bomba pensional. Publicidad aterradora para bancarizar los dineros pensionales de los trabajadores del sector privado y público. Para debilitar el sistema pensional público e institucionalizar el de ahorro forzado. Forma ladina de proveerse los recursos del Estado.

Tóxica también la semántica de reducir impuestos a las empresas para aumentar el empleo digno y seguro; veneno para los crédulos. Historia cacofónica, ya lo hizo Uribe en uno de sus mandatos, y nunca aumentó el tal empleo digno. Por el contrario, de la mano de su ministro Carrasquilla duplicó la tercerización, que es empleo indigno. Y en 2009 aumentó la informalidad del 58% al 62%.

Semántica tóxica de Uribe cuando propone aumentar el salario mínimo. Virosis lingüística con sabor a miel, plenamente respaldada por los sectores financieros. El aumento no llegará a las arcas del trabajador, se quedará en los fondos pensionales. ¡Qué fijación uribista en favor del sector financiero! ¡Qué intensidad para que los ricos negocien con los dineros de los pobres!

Jerga pública para favorecer intereses privados. Estrategia equivocada, las élites económicas no abandonan su avaricia, tampoco desarrollan sensibilidad social. Sólo se mueven y conmueven con sus éxitos económicos.

Paradoja absurda del ser humano que ha creado un sistema lingüístico más allá de lo natural. Lenguaje que Kierkegaard, el filósofo danés, califica de irónico por degradar al hombre por debajo de los seres que conservan su lenguaje natural. Precisamente por eso, por ser discurso al servicio de la voracidad económica, no del desarrollo humano.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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