Duque tendrá que usar paraguas de cristal por lluvia de ratas

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Por donde se meta le caen del aire los roedores de todos los pelambres y niveles que se han tragado los dineros públicos de Colombia. Minhacienda, en la cuerda floja, según Daniel Coronell. 

Por Rafael Sarmiento Coley

Se dice que Colombia es un país próspero, en donde se vive bien y la gente es feliz; lo que no se mira con lupa es que la procesión va por dentro con sectores de la población que se encuentran en peores condiciones de pobreza que Haití (en Latinoamérica) y Níger, Etiopía y Somalia, en África.

Se pensaba que con la llegada al poder de Álvaro Uribe Vélez en los dos períodos desde el año 2002, el ‘mesías’ de la mano dura y el corazón blandengue haría las reformas necesarias y suficientes para reducir los niveles de pobreza absoluta y cerrar un poco la inmensa brecha que separa a la sufrida y numerosa población colombiana de los cada vez más ricos y egoístas dueños de la economía nacional.

Uribe Vélez hizo todo lo contrario. Redujo hasta en un 50% todos los ingresos de la clase obrera y media, incrementó el impuesto al Valor Agregado (IVA) a más productos de la canasta familiar y condenó a la miseria a las pobres viudas que viven de una pensión que heredaron por derecho propio de sus difuntos esposos al quitarles de un rasponazo dos mesadas al año y aumentar los aportes que deben hacer al servicio de salud. Si eso no es una infamia, habría que buscar otro adjetivo más ofensivo en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

El brazo que realizó la tarea

A Alberto Carrasquilla le falta moral y le sobra cinismo para seguir en Minhacienda.

Los abuelos campesinos dicen que “puerca pollera nunca pierde el vicio, aunque la lleven a la ciénaga más abundante a comerse los polluelos de los patos”.

Este escándalo que ahora le estalla en sus narices de ave rapaz rastrera al Minhacienda Alberto Carrasquilla reafirma que Iván Duque tendrá que amarrarse bien los pantalones si no quiere convertirse en el primer presidente al que, por culpa de un ministro con un prontuario que da vergüenza, sería arrastrado por un nefasto huracán. Y tal vez él no tenga la culpa.

De lo que no hay duda es que Duque no fue educado para esas burradas de antisocial de mala muerte. Como se ha dicho, nació en una cuna decente, honesta, sin tacha alguna. Nada de vínculos con narcos, con autodefensas y otra clase de malandros.

Hombre joven y astuto, sabe bien que gobierna un país en donde las ratas caen como lluvia de la estratosfera, y él tendrá que usar paraguas de vidrio termoacústico para que los roedores mueran del golpe. De lo contrario, esta vaina cada vez se verá más fea. Colombia no puede seguir mirándose el ombligo ni pensando en los problemas de Venezuela. Los problemas están aquí en las narices del Gobierno, y Duque, que no es ningún caído del zarzo, lo sabe mejor que nadie. Lo que tiene que hacer es amarrarse los pantalones y patearles las pelotas a subalternos mañosos como Carrasquilla.

En su primera diabólica gestión como Minhacienda el señor Carrasquilla lo primero que hizo fue quintuplicarse sus sueldos, primas, bonificaciones y viáticos, para ponerse al nivel del Presidente de la República y de los Congresistas.

Para redondear sus inmensas ganancias, se inventó una fórmula que permitía a los incautos 1.100 municipios del país endeudarse a futuro, es decir, hipotecarse, para obras faraónicas que, en su mayoría nunca se hicieron, aunque la deuda sigue viva con sus ingresos pignorados. El fin de esa jugada maestra de Carrasquilla era obtener el 20% de comisión por asesoramiento y gestión para esas pignoraciones, “trabajito” que hacía a través de una firma chimba con base en Panamá, tal como valerosamente lo denuncia el periodista Daniel Coronell en su columna de la fecha en Semana.com.

Como de todas maneras los ingresos de la Nación quedaban desfinanciados con los aumentos de sueldos a los áulicos del Gobierno de turno y, para colmo de males, el antiguamente denominado ‘Sindicato Antioqueño’, que patrocinó a Uribe con una fuerte inversión para ganarle la Presidencia a Horacio Serpa, la manguala Uribe Vélez-Carrasquilla echaron mano de una reforma tributaria que le puso el Impuesto al Valor Agregado (IVA) a un mayor número de productos de la canasta familiar para joder a los pobres.

Faltaba la cereza

El par de angelitos que manejaban las finanzas del país en aquellos años aciagos tuvo la diabólica idea, a petición del empresariado paisa, sobre todo, de reducir hasta en un 50% los ingresos de la clase obrera y clase media.

De la manera más salvaje e inhumana Carrasquilla hizo el borrador, que finalmente fue aprobado por su jefe inmediato sin quitarle una coma, en el cual quedó establecido que, a partir de la promulgación de una nueva norma, trabajadores ni empleados tenían derecho a ganar horas extras, a recibir bonificación por recargo nocturno, a que se les pagara triples dominicales y festivos trabajados. Con esas perlitas el salario de la clase media y obrera se redujo en un 50% y, como era de esperarse, la pobreza y la hambruna se multiplicaron. ¿Cuántos niños y ancianos no han muerto de física hambre por culpa del diabólico Carrasquilla, a quien ahora habría que llamarlo como ‘El genio de la maldad’? Esa fue la cereza que Albertico le puso al pastel envenenado del Ministerio de Hacienda.

Le falta moral y le sobra cinismo

No conforme con tener ese vergonzante rabo de paja, ese perfumado prontuario de ladrón de cuello blanco, Carrasquilla tan pronto se posesionó anunció una reforma tributaria como inspirada en los tribunales hacendistas de la colonia española. Propone este títere sin vergüenza, de uñas largas y sucias, aplicar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) a casi todos los productos de la canasta familiar, incluyendo el humilde huevo, que, en fin de cuentas, es la tabla de salvación de miles de familias pobres del país.

Es que el huevo es una bendición de Dios. Tanto así que con mucho acierto Joe Arroyo se inspiró para dedicar uno de sus tantos éxitos: “Mi papa y mi mama/mi hermanito y yo/comimos de un huevo/ y la yema sobró”.

Con justa razón la Federación Nacional de Avicultores (Adenavi), en su reciente congreso nacional, elevó su más firme protesta con argumentos irrebatibles.

¡Manda cáscara Carrasquilla! Clavándole el 19% de aumento a uno de los pocos alimentos que todavía pueden comer los colombianos de a pie. La memoria de cierta clase dirigente política del país es tan falsa, que no le da importancia a las diabluras de Carrasquilla, porque a la larga, a esos encopetados dirigentes el médico les prohibió el huevo por el colesterol. Pero a quien habría de cortárselo es a Carrasquilla para ver si así se aquieta y deja de hacerle tanta maldad a la gente pobre de este país.

Es absurdo que líderes que prometían ser unos demócratas integrales, hombres justos y probos, salieran poniéndoles estas trampas canallas a la gente empobrecida de este país. Y lo grave es que los falsos caudillos creen que nadie se atreverá a tocarlos. Eso pensaban Musolini y Hitler. No es de extrañar que un día de estos en alguno de esos foros a los cuales asiste con timidez obvia Carrasquilla, lo levanten a huevo para que respete. Y que la justicia opera y lo obligue a devolver las multimillonarias cuentas bancarias que tiene en paraísos fiscales a nombre de empresas de papel con unos calanchos de socios.

Un Congreso en deuda

Los casi 400 congresistas que ganan en promedio $50 millones mensuales, en un acto de pura conciencia, deberían promover en la tramposa reforma tributaria de Carrasquilla que se devuelvan los derechos adquiridos a la clase obrera y a la clase media: recargos nocturnos, horas, extras, triple pago de dominicales y festivos y las dos mesadas que Uribe y Carrasquilla le raponearon a las viudas de Colombia.

Porque lo burlesco de lo que sucede en las altas esferas de los tres pilares del poder público (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), es que, cuando se habla de una reforma para reducir el número de salarios mínimos legales mensuales vigentes de 25 a 14, de quitar primas extras y gabelas exóticas, de inmediato esgrimen el hipócrita argumento de que, tal como lo establece la Constitución y la Ley, “a un trabajador no se le pueden desmejorar sus ingresos ni su rango laboral”. Eso estaría perfecto, si los genios de la maldad hubieran pensado eso cuando masacraron a los obreros y a la clase media. O todos en la cama o todos en el suelo. Nada de colombianos de primera y colombianos de segunda.

Un mensaje para el muy respetable joven presidente Iván Duque: la justicia para todos es la paz. Si permite que funcionarios de mala leche y sucias manos sigan haciendo pilatunas, habrá más colombianos dispuestos a hacer cuanta maldad se les ocurra. Los malos ejemplos conducen a eso. Al revés, el buen ejemplo se multiplica, y usted, señor Presidente, aprendió estas enseñanzas muy bien desde chiquito cuando su nana le daba el tetero de fécula de banano verde para que creciera fuerte, valiente e inteligente. No se deje agarrar lo más intocable que tiene un hombre serio como usted.

*Caricatura de portada/Turcios/cortesía El Heraldo

*Video de Daniel Coronell/cortesía Semana.com

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

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