Gaitas y campanas

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En el marco de la fiesta patronal de San Jacinto, pueblo emblemático del Caribe colombiano, celebramos los 25 años del martirio del padre Javier Cirujano Arjona.

Por: Padre Rafael Castillo Torres

Padre Rafael Castillo

Y lo hicimos en un ambiente de fe, alegría y gratitud. En esta celebración, San Jacinto, con su gente, nos ofreció lo mejor de sus niños y jóvenes, la genialidad de sus artesanos y pintores, los sabores y olores de la tierra, las interpretaciones de sus juglares y la palabra de sus educadores, así como la gentileza de su alcalde y la acogida del cura párroco. Fue la ocasión para celebrar la vida y entender mejor el testimonio del mártir Cirujano, quien vivió por 30 años en esa comunidad siguiendo la lógica del sembrador y no la del cosechador. Algún motivo tuvo Adolfo Pacheco para definirlo, en el apuro de “Gallo Bueno”, como el cura casto y prudente.

Saint-Exupery, autor de El Principito, ha dicho: “Dime cuáles son tus fiestas y te podré decir cómo es tu civilización”. Como bien sabemos, todos los años por esta época, este municipio realiza el Festival Nacional Autóctono de Gaitas, que reúne a los mayores exponentes e intérpretes de este instrumento tradicional de nuestro folclor.

Lo que vimos en la Iglesia y lo que sentimos en la plaza es que en San Jacinto se vive una atmósfera afectiva muy especial que despierta, en propios y visitantes, nuevas posibilidades, invitándonos al disfrute y al gusto por la vida.

Los sanjacinteros no tienen problema para entrar en fiesta porque su existencia no está vacía. Cada uno de ellos tiene en su alma una gaita y una cumbia de Landeros. Estando vivos por dentro saben celebrar su liturgia a partir de su identidad y pueden organizar la programación atractiva de sus festejos con sus corazones encendidos.

Pero hay todavía algo más significativo para quienes participamos de este escenario de identidad religiosa y cultural: nuestras vidas se llenaron de algo nuevo. Esos aires montemarianos nos refrescaron y nos sacaron de la rutina. La existencia es regalo de Dios para disfrutar y celebrar. Un ejemplo fueron los niños, que presentaron las ofrendas litúrgicas bailando una cumbia. No creo equivocarme si afirmo que aquí está el sentido sagrado de la fiesta patronal y del Festival de gaitas, fusión respetuosa de la fe y la cultura.

Qué bueno aprender la lección que nos ha dado San Jacinto en la celebración de sus fiestas: Que nunca nos falte el sentido positivo y gozoso que nos invita a celebrar, siempre, con el Dios de la vida. Tengamos presente que cuando un pueblo, o cualquier comunidad, desacraliza sus fiestas, las va reduciendo, vaciándolas de su contenido más profundo. San Jacinto nos ha enseñado que los fundamentos de la comunidad están en su fe y en su cultura. Ellos saben escuchar la invitación de sus campanas y conocen el sonido de sus gaitas.

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