Desmanes del incumplimiento

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La paz “es una virtud, un estado mental, una disposición a la benevolencia, a la confianza y a la justicia”. ¿Es este el espíritu de los seres humanos?

Por Jorge Guebely

El espíritu conservador colombiano se caracteriza por el incumplimiento inveterado de los acuerdos de paz y el posterior asesinato de quienes osaron levantarse contra su poder político y económico.

Incumplieron la capitulación de Zipaquirá con los Comuneros a finales del colonialismo español. Asesinaron a José Antonio Galán y esparcieron su cuerpo para escarmentar al resto de la población. Le han incumplido por siempre a los liberales. Infringieron el armisticio firmado en la finca La Neerlandia al finalizar la guerra de los mil días. Poco después, sucedió el fusilamiento de Victoriano Lorenzo, líder indígena, y el asesinado Rafael Uribe Uribe. Feriaron a Panamá para paliar las miserias generadas por las múltiples guerras contra liberales.

En 1948, prefirieron el asesinato de Gaitán, líder liberal y seguro ganador de las elecciones, a cumplir con la democracia. Violentaron el orden político y desplegaron, desde el gobierno, la mayor persecución contra liberales del común. Enfermos de fanatismo -todo fanatismo es un enfermedad mental-, se entregaron a la orgía de la sangre, al desequilibrio del degüello, al festín del machete. Muchos campesinos fueron descuartizados y sus miembros esparcidos como los de José Antonio Galán o la cabeza de Marino López que sirvió de balón a los paramilitares del Alemán.

Durante el Frente Nacional, el espíritu conservador les cumplió únicamente a los liberales limpios, a los de la élite. Los otros, los del común, tuvieron que padecer la persecución, defenderse después del abandono de sus líderes puros. Se levantaron en armas con las banderas del liberalismo, como Guadalupe Salcedo, asesinado después de haber firmado los acuerdos de paz. Como Tirofijo, quien se inició al lado de Gerardo Loaiza, jefe guerrillero de origen liberal del común. La muerte natural lo salvó de un asesinato, pero muchos militantes de su organización son asesinados en su nombre. Antes los mataban por portar un fusil, hoy los matan sin fusil. El espíritu conservador no concede ni perdón ni dignidad a los excluidos.

El incumplimiento parece ser el destino previsible de los actuales acuerdos de paz. Tan previsible como los asesinatos de líderes sociales y de reclamantes de tierra. Previsible también la continuación de la guerra. No hay paz donde se promueve la miseria de los muchos, el privilegio de los pocos y el terror estatal y paraestatal. Tres fertilizantes explosivos para perpetuar cualquier guerra. La paz, según Spinoza, “… es una virtud, un estado mental, una disposición a la benevolencia, a la confianza y a la justicia”. Rasgos humanos que no contiene el espíritu conservador colombiano.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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