El vallenato: Hilar la historia desde las leyendas y los mitos

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“La Hamaca Grande” es el nombre de la exposición que, en la Biblioteca Nacional en Bogotá, intenta contar la historia del origen de la música vallenata, con una muestra que conjuga varios elementos narrativos para lograr una aproximación a la evolución de uno de los géneros musicales más reconocidos del país.

Lexander Loaiza Figueroa @Lexloaiza

Contar la historia del vallenato tradicional no es una tarea fácil, sobre todo cuando se trata de construir una narrativa partiendo de acontecimientos que no se encuentran rigurosamente documentados. Por eso en “La Hamaca Grande”, la muestra que desde el 10 de mayo se expone en los espacios de la Biblioteca Nacional de Colombia en Bogotá, trata, según su curador, de presentar una serie de hechos y documentos que intentan acercarnos a la narrativa que hasta ahora ha sido patrimonio exclusivo de palabreros, juglares y unos pocos investigadores académicos.

La muestra comenzó el 10 de mayo y se mantendrá hasta el 30 de noviembre.

El escritor Alonso Sánchez Baute, curador de la muestra, nos comenta que tras una ardua investigación lograron recopilar una serie de elementos literarios, oficiales, fotográficos, sonoros, periodísticos y testimoniales que fueron reunidos en un mismo espacio, con el fin de que los asistentes a la muestra pudieran tener una idea de cómo surgió un género musical que durante mucho tiempo tuvo como epicentro a la ciudad de Valledupar, pero que ya es un patrimonio musical nacional.

Sánchez Baute dice que la iniciativa surge a partir de la resolución de la Unesco del año 2015, que consagra al vallenato tradicional como Patrimonio Cultural Inmaterial e insta a las autoridades locales y nacionales colombianas a desarrollar actividades y emprender acciones destinadas a preservar esta manifestación musical para las nuevas generaciones.

Acordeón Colibrí Eagle Brand, de origen alemán que data de 1890. De la colección privada de Julio Oñate Martínez.

Fueron las directivas de la Biblioteca Nacional las que se apropiaron de la idea y de inmediato respaldaron la realización de la exposición. Consuelo Gaitán, directora de la Biblioteca Nacional de Colombia, sostiene que la exposición también es un llamado a valorar la música tradicional vallenata y su poder de narrativa. “El vallenato tradicional es rico en contenido literario y, gracias al poder de la palabra de los juglares, generaciones enteras han disfrutado de relatos con una gran dosis de realismo e imaginación; aspecto contemplado en el Plan Especial de Salvaguardia para la música vallenata tradicional”.

Sánchez Baute confirma que es la primera vez que se realiza en el país una exposición sobre la historia de la música vallenata. Aunque trató de entusiasmar a las autoridades de Valledupar con la idea de la exposición, fue en la capital del país donde encontró eco a su inquietud. Hoy en día valora el hecho de que, con la tribuna de la Biblioteca Nacional, la muestra está logrando captar el interés de un público que no es el habitual para este género musical.

Existe una colección de fotografías que recrean los tiempos y lugares donde se extendió el vallenato como expresión musical.

Aunque tiene menos de un mes expuesta al público, “La Hamaca Grande” ya ha recibido invitaciones desde Uruguay, Cuba y hasta de Italia. El sueño del curador es que logre exponerse en espacios tan universales como la sede de la Unesco.

Lo que cuenta “La Hamaca Grande”

Es imposible pasearse por esta muestra y no sentirse conmovido por la espontaneidad de lo que se puede ver. En la mayoría de los visitantes sirve para desmitificar hechos que se han ido distorsionando con el pasar del tiempo. Por ejemplo y según los manifiestos de aduana de la segunda mitad del siglo XIX, los primeros acordeones que ingresaron legalmente a Colombia lo hicieron por Cartagena, Sabanilla, Riohacha y Cúcuta. En la capital de La Guajira, los importadores del emblemático instrumento fueron comerciantes locales, pero de origen curazoleño, español y francés.

Músicos dominicanos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX representan un antecedente del vallenato actual.

No se tiene certeza de cuándo la música del acordeón comenzó a llamarse vallenato, sin embargo, según los relatos que se muestran en la exposición, en los albores del siglo XX se denominaba ‘natos del valle’ o ‘vallenatos’ a aquellos nacidos en el valle que cubren el centro de La Guajira (Fonseca) hasta el río Magdalena en el sur; y desde la Sierra Nevada de Santa Marta al occidente, hasta la sierra de Perijá al oriente, conocido como el ‘Magdalena Grande’.

En esta vasta región ubicada en la parte norte de Colombia, se escenificaban las llamadas ‘cumbiambas’ en las cuales se encontraban en situaciones aisladas los tres elementos básicos con los cuales se interpretaría el vallenato: el acordeón, la caja y la guacharaca. Según relatos del compositor Luis Enrique Martínez, fue Abel Antonio Villa el primero en usar el formato musical conjugando los tres instrumentos, hacia la tercera década del siglo XX.

Los primeros acordeones que llegaron a Colombia lo hicieron a través de Riohacha, Cartagena y Cúcuta. El Caribe fue su lugar de procedencia.

Uno de los hechos que parece quedar en evidencia, según la investigación realizada por Alonso Sánchez Baute, es que el acordeón no provino directamente de Alemania, sino que debió haber llegado por el Caribe, “muy posiblemente nos llegó desde República Dominicana, Cuba o Panamá -cuando el istmo todavía era territorio colombiano-“.

De hecho, parte de la literatura exhibida, específicamente en la ‘Breve Introducción a la cultura dominicana”, el conjunto vallenato compuesto por acordeón, caja y guacharaca, tiene un antecedente en la música dominicana. También se encuentran indicios en la música de los indígenas de la zona de la Sierra Nevada de Santa Marta y los esclavos africanos que entraron por el Caribe, con sus carrizos y tambores.

En la muestra hay recursos sonoros con los cuales se pueden aprender los cuatro aires tradicionales de este género musical.

El vallenato es un canto eminentemente rural, y se extendió a finales del siglo XIX y principios del siglo XX por sembradíos y haciendas de ganado en todo el Magdalena Grande a través de los llamados juglares “hombres de piel curtida y manos callosas por el trabajo del campo que trasegaban por trochas, veredas y caminos reales llevando sus cantos de un lado a otro”.

Sánchez Baute nos reitera que la intención de la muestra no es presentar hechos concluyentes, sino aprovechar y concentrar todos los elementos narrativos disponibles para que sean los mismos visitantes los que puedan armar la historia del vallenato, así como conocer sus manifestaciones más genuinas.

El vallenato ha ido evolucionando, pero mantiene su esencia de ser un canto para narrar historias humanas y cercanas.

Y es inevitable cuando se tiene este encuentro cercano con un género musical cuya esencia es la narración de historias de amor y desamor, de fiestas y tragedias, de pasado y de presente. Como dice el curador: en ‘La Hamaca Grande’ cabemos todos.

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Acerca del Autor

Lexander Loaiza

Es comunicador social con especialización en el área audiovisual egresado de la Universidad del Zulia (Venezuela). Ha realizado cursos de periodismo económico con el Banco Central de Venezuela, periodismo digital, locución comercial y ha desempeñado labores en medios como RCTV, Televen, Últimas Noticias, Diario La Calle-Valencia (editor), Union Radio y ha acumulado experiencia como asesor comunicacional en instituciones públicas y privadas.

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