El texto de Tonino Celia que uno de sus nietos leyó en la misa de despedida

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Familiares y centenares de amigos y miembros de los estamentos empresarial, político y social despidieron este martes a Tonino Celia. 

Por Chachareros – Incluye texto de Tonino Celia

En una muy concurrida ceremonia religiosa, familiares y amigos le dieron el último adiós a uno de los más autorizados y respetables dirigentes gremiales y empresariales, escritores, columnista e historiadores barranquilleros, don Antonio Celia Cozzarelli, quien falleció este domingo.

Antonio Celia Cozarrelli, en una de sus más recientes fotografías.

La misa de cenizas se llevó a cabo este martes en la iglesia de la Inmaculada Concepción, en donde desde las tres de la tarde (la misa era a las cuatro), ya no cabía un alma. A esa hora el martes barranquillero estaba de un humor insoportable. Botaba fuego. El termómetro marcaba 34 grados a la sombra.

Por fortuna la iglesia de la Inmaculada Concepción tiene un equipo de aire acondicionado fuerte y potente que se apiadó de los devotos asistentes a dar el último adiós a uno de los prohombres de Barranquilla.

Allí estaban en primera fila sus cuatro hijos: (Antonio, Presidente de Promigas; Gian Piero, Presidente de Serfinanza; Carla, la dinámica y triunfante Presidenta del Carnaval de Barranquilla, y Ricardo), con sus 12 nietos (4 de Antonio; 3 de Carla, 2 de Gean Piero y 3 de Ricardo).

Le correspondió a Tony Celia Maestre (hijo del exitoso Presidente de una empresa que recibió en medio de una tremenda crisis en su casa matriz en Estados Unidos, y en 25 años de continuo e infatigable trabajo la colocó como una de las mejores distribuidoras de gas natural en Colombia y el exterior), pronunciar unas breves palabras en homenaje póstumo a su abuelo.

El texto de Tonino que Toni leyó

Como nietos, sentimos que no hay mejor homenaje para nuestro abuelo Toni que leer la columna que, creemos, mejor lo describe:

No puedo tener en mis manos uno de esos folletos publicitarios que nos llegan tan a menudo, sin que me antoje de hacer con él un avioncito y lanzarlo al aire desde mi balcón, para ver cómo y se contonea cual ágil bailarina hasta caer al piso agotado y vencido. O hacer un barquito de papel que, aunque se pueda lanzar al arroyo, lo imagino luchando contra la corriente por las turbulentas aguas, esquivando obstáculos, tratando de no naufragar para llegar al río.

No puedo dejar de recoger chuvitas y caracoles en la playa, de correr detrás de la esquiva jaiba de muelas azul de porcelana, que busca, desesperada, su hueco en la arena, aunque correr me cause dolor.

No puedo olvidar los cánticos religiosos que entonábamos en la misa del Colegio Biffi las que aún tarareo en aquellos momentos de soledad cuando la que canta es el alma, y uno se encuentra solo y feliz, sin que nadie me escuche y pueda pensar que estoy loco. No puedo pasar bajo un palo de matarratón sin coger sus hojas, estrujarlas con mis dedos y aspirar su olor por varios segundos sin que vuelvan recuerdos de mi niñez en la Calle Obando, con su bóveda de matarratones y el piso tapizado de verdes gusanitos.

Entonces no puedo dejar de rezar la primera oración que mi madre me enseñó: “Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”. No puedo dejar de mirar con nostalgia el viejo camioncito de palo donde paseaba a mis hijos por el patio de la casa, cuando eran pequeños y aún cabían en él. No puedo dejar de darle una mirada al trompo de carreto, al yoyo rojo de Coca Cola, las bolitas de uñita y la carrucha que aún en la gaveta de lo que fue y ya no es. No puedo deshacerme de ese sentimiento de niño que aún llevo dentro de mí y que se acrecienta a medida que pasan los años.

Gracias………Ese era Toni. Descansa en paz.

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Chachareros

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