Coomeva, no la mates

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Un nuevo caso de la salud convertida en patíbulo de muerte está a punto de hacerse realidad en Barranquilla.

Por Tatiana Blanco

La de la foto es Margarita Pimienta Sourdis, mi abuela. Una ciudadana más de Colombia. Pero, para mi familia y para mí, la persona más importante del planeta.

Ella ha sido nuestro ejemplo de vida, una mujer luchadora que siempre venció los obstáculos y nos ayudó a salir adelante contra viento y marea. La típica madre colombiana que es sinónimo de resiliencia.

Ayer, mientras que la llevábamos a consulta con un cardiólogo en la Clínica PortoAzul, tuvimos que correr con ella en una silla de ruedas para ingresarla de urgencias por un fuerte dolor en el pecho y la espalda. Allí inmediatamente la atendieron y le hicieron los exámenes de rigor. Le dio un infarto, una afección que ya es posible de superar gracias a los avances tecnológicos que poseen muchos de nuestros hospitales.

Aunque se mantiene firme como un roble y mantiene sus signos vitales perfectos, corre peligro de muerte. Necesita una simple autorización de un cateterismo para salvarse, pero en la clínica no pueden realizarlo sin la autorización de la EPS Coomeva, y en ninguna otra clínica de Barranquilla quieren ingresarla porque a pesar que a mi abuela no le dejan de descontar mes a mes sus aportes de salud, Coomeva no paga por sus servicios. El arma secreta de Coomeva para estafar a sus usuarios es dilatar estos procesos.

Una funcionaria de la clínica se encargó durante toda la noche de realizar solicitudes de remisión a muchas clínicas de Barranquilla para su traslado, pero todas la rechazan por ser usuaria de esa EPS.

Mientras está monitoreada en una sala de reanimación, está perdiendo tiempo vital. Sin que le hagan ese procedimiento, corre el riesgo de que un nuevo infarto le repita. Su vida está a en manos de un trámite y sólo esa EPS tiene el poder de salvarla o dejarla morir lentamente en otro caso que antepone la corrupción por encima del valor de la vida.

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Acerca del Autor

Jairo Castro Acosta

Licenciado en Matemáticas, egresado de la Universidad de Sucre y docente de la Institución Educativa San Marcos del municipio del mismo nombre, oriundo de Santiago Apóstol, corregimiento de La Villa de San Benito Abad. El menor de los cuatro hijos de Mirian "La niña millo" Acosta, nieto de Ayda "La Orozcana" Acosta y padre de Elizabeth.

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