Tragedia de Hidroituango: la ambición de ser ‘Potencia energética’

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Desde cuando el poder energético del país está en manos de los antioqueños, su ambición los ha llevado a la meta de exportar energía a toda Suramérica. Sin importar el impacto ambiental. 

Por Chachareros/ElColombiano/Ríos Vivos

La tragedia de la hidroeléctrica de Ituango era un anuncio a grito herido de las comunidades ribereñas de los ríos aledaños, en especial el Cauca y, más abajo su afluente poderoso el Nechí.

Y lo que se presentía por parte de las comunidades se presentó esta semana con el taponamiento de uno de los gigantescos ductos y el consecuente desbordamiento del Cauca aguas abajo, con 1.200 desplazados, 6 desaparecidos y más de 20 poblaciones en alto riesgo en zonas ribereños de Córdoba, Bolívar y Sucre, especialmente en la subregión de La Mojana y en municipios como Ayapel (Córdoba), Sucre (Sucre), Majagual, San Jacinto del Cauca, Tenche, Achí y Guaranda, más un centenar de corregimientos y caseríos.

3 17 mayo panorámica

Desde las montañas del Cauca, Valle del Cauca y Antioquia, serpentea el principal afluente del Magdalena, el río Cauca.

Los dirigentes de la fundación social Ríos Vivos desde cuando se empezó a hablar del citado proyecto de la “más gigante hidroeléctrica de Colombia”, según anuncio de la Empresas Públicas de Medellín (EPM), advirtieron que en la zona en donde se harían las excavaciones de la represa había cerca de mil cadáveres de fosas comunes que dejaron regadas en ese amplio sector montañoso los distintos grupos armados al margen de la ley como las autodefensas, las Farc, EPL, ELN y bandas criminales dedicadas de tiempo completo al cultivo, fabricación y exportación de coca.

Seis de esos miles de muertos fueron consecuencia directa de su oposición al megaproyecto hidroeléctrico. Y los últimos dos homicidios fueron de activistas de la fundación Ríos Vivos.

“Desde un comienzo advertimos y solicitamos que se hiciera, por parte de organismos del Estado, entre ellos la Fiscalía, un barrido en la zona en busca de los cuerpos de esos mil asesinados por los grupos armados al margen de la ley. Nadie nos hizo caso”, denunció este jueves el Senador Iván Cepeda.

Ríos Vivos denunció desde hace varios meses que el proyecto ha producido 73 desplazamientos del 60% de la población cercana, masacres y desaparecidos.

El exministro de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) y exingeniero de las EPM, Daniel Quintero, opinó que la tragedia pudo ser ocasionada por el cierre de túneles con 22 metros de concreto “para ahorrarse seis meses en la construcción de la obra. Ahora se dice que lo ocurrido es parte de los fenómenos de la naturaleza. ¿La naturaleza de quién?”.

La ambición paisa

Desde cuando los antioqueños a comienzos del siglo pasado vinieron a Barranquilla a ver cómo era el cuento de las entonces pujantes y acreditadas Empresas Públicas Municipales (EPM), se fijaron como meta copiar el modelo y superarlo al máximo. No les quedó nada difícil, dada su afición innegable al trabajo, animados con el aguardientico.

Así fue como poco a poco las EPM de Medellín fueron creciendo hasta convertirse en un gigante que metía mano en todo: agua potable, alcantarillado, aseo, teléfonos y energías aeróbica, térmica e hidroeléctrica. Como las térmicas estaban en su mayoría en la Costa Caribe, poco a poco las fueron matando por inanición. Acabaron con Corelca. Limitaron a Termoguajira. El proyecto multipropósito de Urrá lo sabotearon de tal manera que hoy su única central hidroeléctrica produce apenas la mitad de la energía proyectada. Y la hidroeléctrica del Río Ranchería es un remedo del proyecto inicial.

El propósito es que desde Antioquia el país se convierta “en la gran fábrica de energía eléctrica de América Latina. Para ello debe desarrollar proyectos que protejan los bosques y las cuencas”. Esto último, por supuesto, es una ironía.

Por cuenta de los paisas Colombia destruye parte de su casa para venderle las tejas al vecino, sin importar que cuando llueva todo se moje. “Con 8 nuevas hidroeléctricas el país tendría disponibles 4.242 megavatios. De los cuales 2.400 los produciría Hidroituango en su plena actividad”, dice EPM.

El proyecto de esta polémica central hidroeléctrica fue adjudicado en agosto de 2012 al consorcio colombo-brasilero CCC integrado por las constructoras nacionales Conconcreto y Comsa Ramón H. y la brasilera Construcoes e Comercio Camargo Correa, a un costo de 1,9 billones de pesos. Y un costo total de 5.508 millones de dólares, incluyendo costos financieros, imprevistos y reajustes. La interventoría está a cargo de Ingetec-Sedic.

En su etapa de plena producción Hidroituango daría empleo a 7.000 personas en forma directa y a 20 mil indirectos

Alertas tempranas

2 Ayapel inundado siempre

Como siempre, Ayapel (Córdoba), debe prepararse para lo peor cuando hay tragedia invernal aguas arriba de los ríos Cauca y Nechí.

Debido al fuerte invierno en el alto y bajo Cauca y toda la zona de Nechí, las poblaciones ribereñas “estamos en alerta máxima, porque el agua está que se desborda, la tenemos en los talones”, dice Fredy Cañavera, un comerciante de Achí y Guaranda.

Ante esa realidad aterradora, el antioqueño Departamento Administrativo de Prevención de Desastres (Dapard), ha alertado a todas las poblaciones a orillas de los ríos Cauca y Nechí.

Con lo ocurrido esta semana se vuelve una realidad concreta el temor de las comunidades ribereñas de los ríos afectados por el proyecto del poco caudaloso río Ituango. En particular los temores, ante semejante megaproyecto, de la organización Ríos Vivos, que desde un comienzo adelantaron la campaña “para que se detenga esta represa y la inundación de este territorio, toda vez que allí se encuentran cerca de mil cuerpos de personas desaparecidas, producto del accionar de los diferentes grupos armados que hacen presencia en la zona”.

“Cuando se inunde con la represa –agregaron–, se va a perder la posibilidad de encontrar a todos esos cuerpos que fueron enterrados por los habitantes de las riberas del río, el dolor de una familia de un desaparecido no se sella hasta que no encuentren el cuerpo”.

Isabel Zuleta, de la organización Ríos Vivos, la más adolorida activista de dicha fundación, asegura que una familia no descansa “hasta cuando no encuentra los huesos de sus muertos para darle cristiana sepultura. Entonces expulsa ese dolor profundo que lleva en su corazón y que durante mucho tiempo ha tratado de expulsar, pero no le sale por la garganta”.

Es la pura verdad

“Por tratarse de un país con un relieve muy accidentado y una gran disponibilidad de agua, Colombia genera la mayor parte de su energía eléctrica a través de hidroeléctricas. Las plantas hidroeléctricas, que generan el 80 por ciento del total de la energía, componen el 68 por ciento del sistema colombiano. Este es un caso muy poco frecuente, ya que la mayor parte de los países la producen ante todo a partir de la combustión de carbón o derivados del petróleo, o de plantas de energía nuclear”, dicen los defensores a ultranza de estos proyectos, olvidándose que cada proyecto de una central hidroeléctrica deja sin comida a miles de personas. Es una hambruna de por vida. Eso es verdad. Eso no es embuste, como dicen los campesinos.

Los alegres paisas que siempre piensan en función de negocios y ganancias se les prendió el bombillo cuando se enteraron de la crisis energética que sobrevendría en varios países de Suramérica por los cambios climáticos. Y como no son ningunos pendejos, pensaron de inmediato que dicha situación “pone a Colombia en una posición de privilegio. Como el cambio climático obligará a los países a restringir de manera progresiva el uso de combustibles fósiles, Colombia puede convertirse en un gran proveedor de energía de América Latina y exportarla a varios de sus países vecinos, como ya lo hace en la actualidad a Ecuador”.

El daño irreparable

Cada vez que en el mundo se hace un proyecto de generación de energía hídrica, en vez de solucionarle un problema a la humanidad, le está generando uno mayor. Porque un proyecto de la magnitud de Hidroituango acaba con miles de especies de la fauna, con millares de plantas que incluso todavía no han sido investigadas sobre su utilidad para la salud o si tienen algún principio activo importante para curar el cáncer, el ‘Alemán’ y cualquiera de estas enfermedades degenerativas.

Los defensores altisonantes de dichos proyectos aseguran con postura de científicos de largos bigotes: “Las hidroeléctricas tienen la gran ventaja de que no queman combustibles fósiles y no producen residuos tóxicos radiactivos. En su construcción se crean muchos empleos y pueden llegar a mejorar la calidad de vida en su área de influencia a través de escuelas, centros de salud y vías de acceso Los embalses, además de generar energía, pueden utilizarse para controlar inundaciones, proveer agua para riego, el uso en los hogares y las industrias, y en muchas ocasiones se convierten en atractivos turísticos y permiten desarrollar proyectos de piscicultura”.

Es como si se estuviera ante la pantalla de cine viendo la película ‘Chico Da Silva’, el defensor vehemente de las selvas vírgenes del Amazonas. El abogado regordete, de saco y corbata, perfumado de pies a cabeza, con su maletín sobornador como los agentes de Odebrecht, tratando de convencer a Chico que el proyecto de atravesar una carretera por el corazón de la montaña amazónica era lo mejor del mundo. Chico alcanzó a decir, cuando el abogadillo le abrió el maletín para que viera los millones de dólares que le traía, “váyase con su plata de merda”.

Palabras con las cuales se colgó una lápida en el cuello. A los dos días, en una noche tigrera de la selva del Brasil, un pistolero en solitario, nervioso, impreciso, inseguro, inexperto, lo mató porque su víctima no hizo nada por defenderse. Sabía que de todos modos iba a morir.

Claro que ciertos defensores de esos gigantescos proyectos que atentan contra la naturaleza, por supuesto, tienen su corazoncito y su pequeña dosis de remordimiento y vergüenza. Advierten que “cuando no se toman medidas preventivas, la construcción de embalses y represas puede provocar daños drásticos en los ecosistemas. La descomposición de la masa vegetal cuando se inunda produce gases como el metano y acidifica el agua. Además de dañarse la calidad del agua, se interrumpe la migración de peces y del paso de nutrientes. La construcción de grandes embalses muchas veces trae consigo el desarraigo de la población y conflictos sociales, sobre todo cuando se anteponen los intereses de los constructores a los de las comunidades”.

La pregunta del millón es, si saben todo eso ¿por qué impulsan con tanto entusiasmo la construcción de más hidroeléctricas en el país?  Su respuesta es muy obvia: “Por ese motivo, la construcción de grandes hidroeléctricas requiere de un cuidadoso estudio de impacto ambiental, que no siempre se cumple. ¿Cómo conciliar los intereses ambientales, económicos y sociales de una zona con la necesidad del país de expandir su capacidad de generar energía eléctrica?”

Como siempre, en estos casos surge el abogado leguleyo que los encargados del cabildeo para que aprueben uno de estos proyectos gigantes llevan en la manga de la camisa: “como no, doctor, la respuesta parece estar en algo tan sencillo como el cumplimiento de la legislación vigente. El artículo 45 de la Ley 99 de 1993 señala que las empresas deben transferir el 6 por ciento de sus ventas brutas de energía a las Corporaciones Autónomas Regionales y a los municipios del área de influencia donde se encuentra localizada la cuenca hidrográfica y el embalse. Las corporaciones y los municipios deben utilizar estos dineros en la protección de la cuenca hidrográfica y proyectos de saneamiento básico”.
Lo verraco es conseguir que ese 6% llegue a su destino final y no se desvíe hacia el barril de los marranos, que es a donde van a parar los dineros sobrantes o de poca monta que entran a la Nación, Departamentos, Distritos, Municipios, para engordar la panza y la chequera de congresistas, diputados y concejales.

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Chachareros

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