La Venezuela que ‘elige’ este domingo con una población llevada al extremo

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La Cháchara consultó a venezolanos en varias ciudades venezolanas y un solo adjetivo define sus estados de ánimo: cansancio.

Lexander Loaiza Figueroa @Lexloaiza 

José Valle reside en la zona céntrica de la otrora ciudad industrial de Venezuela: Valencia. Es esposo y padre de un niño de nueve años que cursa estudios primarios en una escuela pública cercana a su residencia. A pesar que el horario de trabajo como diseñador gráfico comienza a las 9:00 de la mañana, tiene que salir desde las 7:00 de su casa para llegar a tiempo. “Debo caminar cerca de dos kilómetros con dirección a la avenida Cedeño donde debo tomar un bus con dirección a Trigal Centro, pero debo esperar en promedio una hora junto a otras 80 personas para abordar una unidad de transporte público”.

Al igual que los usuarios de otras ciudades del país, José sufre las consecuencias del profundo deterioro del servicio de transporte público terrestre, debido a la salida de circulación de innumerables unidades de buses y busetas, varadas desde hace años por falta de repuestos y la incapacidad de sus conductores de adquirirlos con la hiperinflación reinante.

En la principales ciudades del país, el transporte público formal ha desaparecido.

En la principales ciudades del país, el transporte público formal ha desaparecido.

“Es difícil y triste contar los hechos del día a día en Venezuela cuando a cada hora nos sumergimos en una inflación que nos come nuestros ahorros y sueldos, que con enorme sacrificio sudamos y en tan sólo un abrir y cerrar de ojos lo dejamos (el sueldo) comprando un pollo”, narra José mientras sigue en la parada esperando un bus que no llega.

A unos 500 kilómetros al oeste de Valencia, en la pequeña ciudad de Los Puertos (Zulia), enclavada en la costa oriental del Lago de Maracaibo y sede de una de las principales plantas petroquímicas de la anteriormente poderosa Pdvsa, está otro José. Se apellida Alaña.

Además de su nombre de pila, ambos entrevistados comparten su año de nacimiento: 1978. Nacieron en medio de la bonanza petrolera e industrial que inundó al país durante décadas y que permitió a sus pobladores gozar de un nivel de vida muy superior a los residentes de otros países latinoamericanos y de Europa. Por eso Venezuela, la de 1978, era receptora de inmigrantes de muchos países de todos los continentes.

José Alaña es hijo de padres colombianos y al igual que José Valle, es profesional universitario. De hecho, tiene un magister en Gerencia Empresarial y un doctorado en Educación y es en la actualidad un profesor de educación superior que está en su año sabático. Es el tiempo que por contratación colectiva se les da a los docentes universitarios para realizar trabajos de investigación y optar a mejores posiciones dentro de la institución.

Varias ciudades del país sufren frecuentes fallas en el servicio eléctrico.

Varias ciudades del país sufren frecuentes fallas en el servicio eléctrico.

Pero José Alaña está utilizando ese tiempo en su modesto vehículo para trabajar de taxista y con los ingresos extra mitigar en algo el desastroso efecto que ha tenido la hiperinflación en la economía de su hogar. Su esposa, también universitaria, ha dispuesto en su residencia una venta informal de huevos, queso y otros comestibles que les permita además acceder a algo de dinero en efectivo, otro bien escaso y caro en la atribulada sociedad venezolana.

Como “trágico” califica Alaña el tema del transporte público en Maracaibo, la ciudad grande que es la capital del estado donde habita. Relata que esta semana vio cómo decenas de personas abordaban un camión tipo cava para poder llegar a su destino y que cuatro de esas personas, al no tener espacio dentro del contenedor, optaron por montarse en el techo.

Totalmente empobrecidos

Tras un tortuoso recorrido dentro de un improvisado y atestado camión, José Valle se baja lo más cerca posible de su lugar de trabajo. A pesar del caos tuvo suerte, ya que tenía suficiente efectivo y en billetes nuevos para pagar el pasaje, como lo exigía el ‘colector’, especie de ayudante del chofer encargado de cobrar.

Valle, quien vive en un espacio alquilado, hasta hace algunos años había podido mantener sin problemas a su pequeña familia. Junto a su esposa, que es una operaria de máquinas industriales para manufactura de ropa, estaban reuniendo para adquirir una vivienda propia.

Los venezolanos han aprendido a comprar la comida por 'raciones' para ajustarse a su presupuesto.

Los venezolanos han aprendido a comprar la comida por ‘raciones’ para ajustarse a su presupuesto.

Sin embargo, la hiperinflación se comió no solo sus ahorros, sino lo que habían acumulado como prestaciones en sus respectivos trabajos. Hoy viven al día. Al igual que su tocayo en Zulia, José Valle tiene otro trabajo. Además de diseñador, labora como técnico de computadoras en su casa y logra con mucho esfuerzo reunir mensualmente entre tres y cuatro millones de bolívares. Pero es muy poco lo que puede hacer con eso.

Con lo que cobra en su trabajo, Valle compra 500 gramos de queso, un paquete de arroz, algunos granos (frijoles), seis huevos, un paquete de medio kilo de pasta y si alcanza, una o dos piezas de pollo. Con eso tienen que sobrevivir más de 15 días.

500 kilómetros al oeste, Alaña también se lamenta de la carestía de los alimentos. Dice que el programa de bolsas Clap -cajas con alimentos básicos que el Gobierno distribuye a precios subsidiados- es un fraude. “Es mentira que la gente pueda mantenerse con eso, en todo caso es una pequeña ayuda, pero no resuelve nada, sobre todo si el núcleo familiar es grande”, dice José agregando que por el sector donde vive, sólo la han distribuido una vez en lo que va corrido del año.

Votar o no votar

En otros tiempos conocida como la capital petrolera del país, José Alaña ve a Maracaibo, -hasta donde conduce todos los días desde su natal Los Puertos- como un fantasma de lo que solía ser la segunda ciudad de Venezuela. Basura acumulada, constantes fallas eléctricas y escasez de agua potable solo dejan ver un panorama desolador.

En su vehículo convertido en taxi, José dice que recoge muchas impresiones de la gente que a diario aborda su carro. “La gran mayoría, más del 60% dice que no va a votar”. Agrega que la gente está muy desconfiada con el Consejo Nacional Electoral -CNE-, el ente que organiza estos comicios convocados por la oficialista Asamblea Nacional Constituyente para este 20 de mayo.

“Yo no voy a votar porque además de la desconfianza en el CNE, tampoco confío en Falcón (Henri), ya que de buenas a primeras firmó un compromiso de respetar los resultados electorales y ahora se está quejando de las trampas que está haciendo el gobierno. Además, siento que si la gente vota, Maduro se va a valer de eso para tratar de legitimarse frente a la comunidad internacional, donde ya nadie le cree”, comenta el profesor universitario.

A José Valle por su parte, le toca escuchar las historias en las filas para tomar el bus -su carro tiene más de un año varado por falta de llantas y batería, que no ha podido comprar- “eso es una controversia”; relata al referirse a las polémicas que escucha en la calle sobre si se vota o no este domingo.

Este viernes, la gente estaba más preocupada por cobrar sus pensiones que en el tema electoral.

Este viernes, la gente estaba más preocupada por cobrar sus pensiones que en el tema electoral.

Él mismo no sabe si va a sufragar, aunque aclara que nunca ha votado por un “rojito” (oficialista). Lo que sí ha visto José en Valencia, es que la gente está más preocupada por resolver su día a día que por el tema electoral. Comenta que hasta su casa han llegado familiares suyos pidiéndole comida, porque no tienen nada que comer “y a veces les damos lo poco que nos queda, porque son familia y no los podemos dejar pasar hambre, pero hay gente que come una sola vez al día”, se lamenta.

Ambos José tienen otra coincidencia en sus vidas: sus planes. Los dos están reuniendo dinero para irse de Venezuela, porque tienen la certeza de que si gana Nicolás Maduro este domingo, las cosas en el país pueden ponerse peor y sienten que ya el hambre está demasiado cerca de sus casas…y de sus hijos.

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Acerca del Autor

Lexander Loaiza

Es comunicador social con especialización en el área audiovisual egresado de la Universidad del Zulia (Venezuela). Ha realizado cursos de periodismo económico con el Banco Central de Venezuela, periodismo digital, locución comercial y ha desempeñado labores en medios como RCTV, Televen, Últimas Noticias, Diario La Calle-Valencia (editor), Union Radio y ha acumulado experiencia como asesor comunicacional en instituciones públicas y privadas.

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