El ‘grito vagabundo’ de un hombre sin rostro

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Ventura Díaz, un juglar de El Difícil plasmó en esa canción un inmenso dolor justificado, y durante años nadie lo conocía porque sus canciones figuraban a nombre de otros. Es la inspiración del caricaturista Turcios. 

Por Rafael Sarmiento Coley

Era un hogar pobre como la mayoría de las zonas periféricas del entonces corregimiento de El Difícil, en el Magdalena grande. Era un pueblo silvestre enclavado en el corazón de la montaña, con malísimas vías y, en la práctica, aislado del mundo. Llegar allí tenía que ser en mulo o burro yegüero, porque ni los caballos podían con el barro espeso y amelcochado en el que se pegaban las patas de las bestias.

El nombre del pueblo lo dice todo. Allí, en una de las casas más escuetas y desamparadas, nació un niño a quien su madre bautizó con el nombre de Ventura Díaz.

Creció el niño. A sus ocho años Ventura tuvo la desventura de sufrir una de las tantas epidemias que diezmaban la población infantil de esas zonas rurales sin Dios ni Santa María. Para combatir la epidemia llevaban de Barranquilla un remedio a base de suero fisiológico y otros componentes que se aplicaba por la nariz. La madre de Ventura, por un fatídico error, tomó un frasco de ácido fénico (en su forma pura como desinfectante) utilizado para desprender la mugre acumulada en las ollas y calderos de la cocina. No se murió de puro milagro.

Un hombre sin rostro

El ácido destruyó las fosas nasales, el tabique y parte del rostro. Ventura quedó con la cara totalmente deformada. Con ese inmenso dolor en el cuerpo y en el alma pasó los días, semanas y meses. Hasta cuando sanaron las heridas del rostro, menos las del alma.

Como consuelo, le pidió a su progenitora que le consiguiera un acordeón viejo de esos que iban dejando abandonados en el pueblo los numerosos juglares que con frecuencia iban a alegrar las parrandas de los adinerados terratenientes del pueblo. Su petición se hizo realidad y desde ese momento se olvidó del mundo y solo aflojaba su quejumbroso instrumento cuando lo llamaba la mamá a la cocina por el poquito de comida casi siempre con los sobrantes de las vacas que mataban los ricos del pueblo.

Al correr de los meses, ya Ventura no solo entonaba bien ‘La piña madura’, sino todo el cancionero de los juglares de su región, en especial las notas de Pacho Rada (uno de cuyos hijos, Alberto ‘Beto’ Rada, quien llegó a coronarse rey del Festival Vallenato, era pariente cercano de Ventura), llamado ‘El tigre de la Montaña’, un icono viviente de la región.

Cuando ya dominó por completo el acordeón, empezó a componer canciones como ‘Campos florecidos’ (de la cual más tarde se adueñó Toño Salas). Y su inmortal ‘Grito vagabundo’, que grabó Guillermo Buitrago como si fuera de su autoría.

Gracias a investigadores del folclor, como el notable compositor, historiador y escritor valduparense Julio Oñate Martínez (autor, entre otras, de las obras ‘El ABC del Vallenato’ y su más reciente, ‘Los secretos del Vallenato’).

“En esos tiempos los artistas de moda de la Costa Caribe, que grabaron las primeras versiones de la música vallenata, se adueñaban, algunas veces sin mala fe y en otras de manera impune, de las canciones de compositores anónimos de la región, como Ventura Díaz, Adriano Salas, Leandro Díaz, Pacho Rada y tantos otros”, sostiene Oñate Martínez.

La pluma de Turcios

Turcios - Vallenaturcios - Un grito vagabundo
Precisamente el tema de Ventura Díaz es reflejado en forma magnífica por el consagrado caricaturista Omar Figueroa Turcios (quien se firma como Turcios, ganador de decenas de premios mundiales de caricatura, hoy consagrado maestro que es invitado como jurado de todos esos concursos, y desde hace varios años uno de los más notables caricaturistas del diario barranquillero El Heraldo).

Turcios - Vallenaturcios - Un grito vagabundo

Con su pluma maestra Turcios refleja en su caricatura del suplemento ‘El Dominical’ de El Heraldo en su más reciente edición, las notas profundas que salen de un alma herida. El rostro deformado, los dedos largos y delgados, ese remolino en las entrañas y un acordeón estirado mostrando su quejumbroso fuelle con sus botones del bajo y los pitos.Turcios, de paso, le hace honor al homenajeado este año en El Festival de la Leyenda Vallenata, Carlos Vives, el artista colombiano internacional de moda. “Vives el Vallenato” es el título de su caricatura, con el siguiente epígrafe: “Es un lamento cultural que se canta en todo el mundo. Patrimonio inmaterial, es un grito vagabundo”.

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

1 comentario

  1. Avatar
    OMAR FIGUEROA TURCIOS el

    Excelente crónica, al mejor estilo de «El Buho». y muchas gracias por la mención de mi obra, homenaje a este gran vallenato.