Otro fraude histórico  

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Elegir Presidente de la República es la máxima ilusión de una utopía llamada democracia. Lo que debería elegir cada persona es su libertad.

EL COMENTARIO DE ELÍAS

Por Jorge Guebely

‘Falta de inversión social’ constituye el doloroso clamor de los colombianos pobres. Sucede en la guerra del Catatumbo y en las zonas entregadas por las Farc, en los barrios de Buenaventura y en las comunas de Medellín. La misma queja claman los niños que mueren de hambre en La Guajira o los de Bogotá. ¡Qué mala suerte tener un Estado criminal para los débiles y cómplice para los poderosos!

Lo saben 20 millones de colombianos que no votan por político alguno. Han comprendido, por inteligencia racional o emocional, la inoperancia del Estado colombiano. Padecen su pavoroso entramado de burócratas parlanchines, de mandatarios corruptos, de políticos delincuentes. No votan porque las elecciones engañan, reflejan una imagen limpia de un Estado sucio.

Y la apariencia es más creíble que la realidad. Estado de la infamia donde la mayoría de sus dirigentes juegan con la moral de la mezquindad, la avaricia y la ignominia; bacterias que supuran la podredumbre nacional.

Lo saben los otros millones de ciudadanos que votan extorsionados por el hambre. Los excluidos que, sin nada que negociar para sobrevivir, terminan feriando el voto. Los que, ante la ausencia de Estado, el precio de un voto les permite comer una semana. Y saben perfectamente que nuestra democracia no sólo es imperfecta sino criminal. Un Estado, que se alimenta de la miseria ciudadana donde hunde sus fauces, es criminal.

Y también lo saben los pocos empleados estatales que votan por instinto de permanencia en el cargo. Votan chantajeados por un empleo público en un Estado contaminado de fortines políticos, furúnculos estatales que supuran pus, que chupan la fuerza de trabajo y la conciencia del empleado. La vorágine riveriana trasladada a los corredores de un Estado inhumano, a la selva política.

Y lo saben los millones de ciudadanos que votan amordazados por el terror. Votos del campo que surgen bajo el ojo de un arma. Y votos urbanos que surgen manipulados por el terror lingüístico. Los que votan atemorizados por la venezualización como si la Colombia de hoy fuese diferente a la Venezuela pre-chavista. Hay un huevo de la serpiente que intenta gestar su monstruosidad dictatorial.

Y lo sabe la élite económica, el 1% de los colombianos. Los que sí tienen Estado. Comité que utilizan para operar sus negocios, según Marx. Construcción jurídica para el despojo de los pueblos a favor de las élites, según Bakunin. Para ellos, sí existe el Estado liberal. Para los otros, sólo hay un Estado fantasmal, un artificio jurídico, otro fraude histórico.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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