El pecado de oponerse: Análisis de la crisis en la Universidad Autónoma del Caribe

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A varios profesores los expulsaron por oponerse al desfalco y el maltrato. A otros los paralizó el miedo. Veamos si se salva la institución.

Por Soledad Leal

No es fácil ser sindicalista, ni tampoco estar en medio de protestas, ni buscar dentro de uno osadía y energías para pararse al frente de un grupo gritando consignas, cuando uno ha sido un “revolucionario de escritorio”, de esos que arreglan el país a punta de palabras. Y más difícil aún dejar de lado el miedo a perder el trabajo en un país en que tener empleo es un milagro y a los que protestan los botan con el apoyo de todos los Ministerios y ante la indiferencia de nosotros mismos.

Esa es la historia de la UAC, Universidad Autónoma del Caribe, que en menos de 5 años ha estado en la primera página de todos los medios, pero no por conquistas académicas.

Y ¡¡¡ojo!!! Que somos la Universidad de la que han egresado profesionales de la talla de Silvia Tcherassi, Joseph Daccarett, Erika Fontalvo, Martín Tapias, Jorge Cura, profesores como Heriberto Fiorillo, Fabián Sanabria, y muchos otros que son hoy orgullo nacional e internacional. Creo que no hay un medio nacional ni una gran empresa en este país por el que no haya pasado aunque sea de practicante un egresado de la UAC.

¿Cómo llegamos entonces a este estado de crisis y postración? Por indiferentes, desinformados, acomodados y acostumbrados a ser llevados por posturas caudillistas. Hace rato olieron que la Autónoma era un gran negocio y se la tomaron por dentro, la vaciaron de méritos académicos y educativos y construyeron una estructura sumisa y atemorizada en la que la disidencia y el libre pensamiento se castigaron con la expulsión. Ni ellos, los del negocio, ni nosotros, los presuntamente académicos, nos dimos cuenta que esa fue la semilla de la destrucción.

Una empresa, institución, organización, lo que sea, en la que sólo se obedece y nadie propone, interpela, cuestiona, está condenada a morir por inanición. Cuánto más una entidad de educación superior que exige precisamente cualificar el pensamiento para evolucionar, para proponer, para mejorar. Donde no hay debate, donde no hay distancias, no hay propuestas tampoco, no hay evolución. Es un morir lentamente. A eso hemos asistido durante todos estos años en la Universidad Autónoma del Caribe. Y como nos descuidemos, se nos muere el país.

Hoy estamos luchando, despertando, y ya muchos nos tachan de radicales e interesados en el poder. Lo triste es que no quedará mucho de la universidad de la que un día nos sentimos orgullosos, del patrimonio que se forjó durante 50 años, como una posibilidad para miles de jóvenes talentos de nuestra región a quienes no les alcanzaba para llegar a Bogotá. Ese es el patrimonio que todos estamos perdiendo.

Como dije en Facbook: no son posturas radicales querer que salgan las directivas todas. Es que hay un cáncer instituido y hay que extirparlo para que el paciente UAC sobreviva.

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