Talento, Felicidad y Popularidad: ¿Trilogía anhelada?

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¿La popularidad atenta contra la Felicidad? ¿Conocen a alguna persona que no tenga ni un solo talento? ¿Menos del 1% de la población reúne las tres variables?

Por Jairo Alonso de la Castañeda

 

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“Señor usuario, por favor califique a la persona con la que acaba de conversar”. En la tercera temporada de la serie Black Mirror, exponen una temática en la que seguramente todos hemos pensado: la hiperbólica aceptación social.

En su primer episodio, una aplicación llamada Reputelligent permite que las personas se evalúen constantemente unas a otras, como si fueran productos de consumo masivo: “3.7 (de 0 a 5) es el promedio con el que has sido calificado por los que te conocen”. Allí no hay psiquiatras sino consultores que ayudan a analizar la curva de popularidad del paciente

¿Ficción que no tardará en volverse real? Pensé en otras dos aplicaciones complementarias a esta: Una que te avise en cualquier momento: “Son las 3 de la tarde y cuentas con 16 virtudes y 23 defectos”. Otra que te anuncie al final de cada jornada: “Entérate que hoy fuiste feliz sólo en un 28%”. ¿Tanta retroalimentación, en tiempo real, puede aterrorizar o motivar?

¿Por qué hay gente talentosa que no llega a ser feliz y, mucho menos, aceptadas socialmente? ¿Existirán personas populares a pesar de ser infelices y carentes de virtudes? ¿Qué tan relacionados están: el talento, la felicidad y la popularidad?

“Si supieran las grandes cualidades que tengo… ¡pero nadie lo nota!”, dijo Marcos, angustiado, al ver que todo conspira en su contra. Como muchos, cree que la felicidad consiste en el reconocimiento de sus talentos y que eso, poco a poco, le sume puntos en popularidad. Los mismos que afirman poseer alguna habilidad, se muestran cautelosos a la hora de declararse mayormente felices. ¿Y si este sentimiento dura pocos minutos pero con alta intensidad? ¿bastaría?

No basta con tener un gran talento si no se cuenta con virtudes complementarias, que promuevan su salida a la luz y ser valoradas socialmente. La Felicidad es un combustible intermitente y, por ende, suele ser percibida de distintas maneras dependiendo del observador.

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Un individuo tendría que ser único en su especie (gozar de un talento exclusivo) para que pueda darse el lujo de no tener carisma y de no proyectar felicidad. Si no maneja sus emociones difícilmente será aplaudido por su entorno. “No es que seas mala hierba, sólo hierba el mal lugar”. recomienda Bunbury para aquellos que deberían mudarse a donde sus chistes tengan gracia.

En sociedades donde la apariencia es norma, nadie quiere ser visto andando con gente de “baja reputación” ¿los que aspiran a la popularidad sólo valora los Likes de aquellos con alto pergamino? “Prefiero ser amada que popular”, manifestó una amiga que prefiere ser estimada honestamente por una minoría a ser admirada por muchos que no la conocen realmente. La popularidad tiene mala fama, la acusan de arruinar la Felicidad.

Cuando la popularidad llega al nivel de fama, se corre el riesgo de corroer la felicidad; y también disminuye el talento si el poseedor se duerme en los laureles. Cuando tu vida se centra en complacer el otro, la libertad se va al traste. Michael Jackson, Robin Williams, por citar dos ejemplos de virtuosos y famosos que, ante los ojos de testigos, lucieron infelices al final de su vida. A Jim Carrey el talento lo hizo muy popular pero no feliz; corre el rumor de la energía que gasta juzgándose a sí mismo. “¿lo hice mejor que en películas anteriores?”.

La popularidad sin talento ni felicidad suele darse por un “golpe de suerte” o linaje, tal vez una viralización. O aquellas personas que son acechadas por atributos físicos que no obtuvieron con esfuerzo. ¿La genética favorable es mérito? Muchos dirán que aparentar felicidad y popularidad es todo un talento y, estar en forma, también. Todo hace pensar que el espejismo (el parecer) importa más que el paisaje natural (el ser).
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No se nos haga raro que a mediano plazo impongan leyes sociales como esta: “Si tienes menos de 40 talentos, no puedes participar de nuestra conversación”. El escarnio público siempre ha existido y el estado de ánimo de una gran mayoría depende de él, sólo que los pogromos ahora son virtuales y agilizan la gestión de reproche o aceptabilidad. La sociedad amonesta al que no encaja en el estándar, a menos que tenga el suficiente carisma, humildad y autenticidad para transmitir su mensaje.

La felicidad es especulativa porque sólo el que la encarna sabe, a ciencia cierta, de su veracidad. Se dice que “Si no cultivas felicidad en tu interior no la busques en otra parte”. El exceso de futuro y de pasado la maltratan: sólo es feliz quien no espera serlo. Poseer habilidades no es igual a tener la capacidad de explorarlas. Por eso pueden existir personas felices que no se hayan interesado en sacarle provecho a sus talentos. Expertos afirman que una persona feliz suele ser compasiva hacia sí misma, además de altruista y esa energía da pie a que broten muchos talentos, en él y en su entorno. Transmutar lo poco en mucho. Hacer lo que se puede con lo que se tiene.

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