Lo que el televisor no alcanza a mostrar del Carnaval de Barranquilla

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Vemos un desfile, más no el mundo del Carnaval de Barranquilla que tiene tantas aristas envueltas en alegría.

Por Gabriel Moncada Figueroa

Cuando prendemos el televisor de nuestras casas para ver lo que está aconteciendo en el Carnaval de Barranquilla, nos quedamos con un desfile multicolor de danzas, carrozas y la narración del significado de cada uno de las diferentes presentaciones, con algunas impresiones de los asistentes y protagonistas. Pero este guión no se acerca a la magnitud que involucra este magno evento.

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Pidiendo agua por el barro que reseca su garganta. Foto Gabriel Moncada Figueroa @_the bata

Solo al despertar se escuchan los equipos de sonido prendidos a todo vapor, indicándole al extranjero que está en una atmósfera especial, casi imposible de encontrar en otra parte del mundo.

Al salir a las calles nos encontramos que las casas están disfrazadas, al más puro estilo Navidad, pero en esta ocasión con motivos alegóricos al Carnaval. Probablemente la casa adornada representa una comparsa, que por cierto tienen una preparación profesional casi como deportistas Olímpicos, porque el reto es grande: recorrer más de 2 kilómetros danzando, gritando, sonriendo, aguantando las inclemencias del clima, y algunos disfraces que sofocan hasta al más fuerte astronauta.

En las tiendas se conglomeran los amigos, para ponerse al día, con la música típica de estas fechas, que tiene como sello particular que se mezclan entre clásicos y los últimos hits, pero que tienen la misma fuerza para que las personas vibren en un solo ritmo, estos detalles hacen que el Carnaval sea más que una simple fiesta para los barranquilleros y el mundo.

 

Carroza con marimonda. Foto Gabriel Moncada @_thebata

Carroza con marimonda. Foto Gabriel Moncada Figueroa @_thebata

Todo este ambiente creado hace que las personas salgan por lo menos a la puertas de sus casas y vuelven a recordar o a vivir cuando se podía compartir de manera tranquila con el vecino de al lado, no solo por el tema de seguridad, si no por el afán que nos impone la sociedad de que producir es lo único y que para eso estamos. Muchos incluso por la pasión y unión que despierta el Carnaval salen con su camisa de la selección Colombia, como diciéndole al mundo: Esto es Colombia y soy colombiano.

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Otro de los aspectos satisfactorios es que se quitan en gran parte las etiquetas, del bajo, el alto, el gordo, el feo, la mona, el quemao y tantos otros que día a día son solo distracciones inútiles que tenemos presentes solo para menospreciar o enaltecer. Porque en está fiesta llena de arte y espontaneidad, se busca es liberarse de las ataduras internas que cada uno llevamos por dentro.

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Este sábado en la Batalla de Flores se pudo presenciar desde el inicio cómo la Policía Nacional hizo un trabajo impecable, las personas estaban muy relajadas y en sintonía con el desfile. La asistencia fue baja comparada con los anteriores años, pero en contraposición el orden por parte del Carnaval y la gente fue de lo más destacado, puntualmente cuando alguien tropezaba con alguien se pedían perdón o cuando se iba a pasar pedían permiso, cosas básicas o pequeñas, pero estas hacen grande a los eventos.

Carrozas

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Excelentemente construidas, las combinaciones de colores hacen resaltar nuestro bello cielo, los personajes que estaban sobre ellas eran incluso más despampanantes que las propias carrozas, con sonrisa de oreja a oreja y con bailes exóticos, todo con un certero dominio del cuerpo, porque al estar en ese espacio reducido deben ingeniárselas para verse fluidos y además debían sortear el movimiento del vehículo.

En esta batalla se extrañaron las flores que enaltecían a las carrozas y que dejaban a su paso un rio como el del Edén, pero en cambio los vestuarios de los asistentes y carrozas desprendían un brillo que iluminaba hasta el anochecer.

En este carnaval no solo se siente como formamos parte de un solo sistema, si no que la gente de todas las partes del mundo, crean sus propias atmósferas, así lo expreso una Alemana llamada Ambalema, así es, nombrada por su padre como el pequeño municipio del Tolima, quien estuvo en la Troja con sus amigos esperando ese ambiente típico creado por Barranquilleros en que las horas no pasan, pero que sin darte cuenta ya está amaneciendo, pero no lo vivió así porque este lugar fue acaparado por turistas y claro un lugar no es el lugar, lo que hace al lugar es la gente y en definitiva el Carnaval sigue siendo su gente.

 

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Acerca del Autor

Gabriel Moncada Figueroa

Freelance Ingeniero Industrial trabajando con @lachacharaco. Apasionado por el Marketing y el mejoramiento de las empresas. Twitter: G9MF

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