La forma del agua o el camino de un héroe femenino

2009

La reciente película de Guillermo Del Toro, con 13 nominaciones en los Óscar, es una oda a la feminidad, un cuento de hadas en un universo sin tiempo.

Por Diego Rojas*

“El tiempo no es sino un río fluyendo en nuestro pasado”. Es la primera frase del día con la que inicia la película ganadora de dos Globo de Oro y cuatro Premios de la Crítica Cinematográfica, además de contar con trece nominaciones al Óscar. Y es que todo el tiempo que podemos contar es el tiempo que está pasando; cuando divagamos sobre el futuro lo hacemos en el presente, que de inmediato se hace pasado.

La forma del agua (The Shape of Water, 2017) es la más reciente película del director Guillermo del Toro (México, 1964), el mismo de El espinazo del diablo (2001), El laberinto del fauno (2006), y las megaproducciones Blade II (2002), Hellboy (2004), Hellboy II: el ejército dorado (2008) y Titanes del Pacífico (2013).

La cinta cuenta la historia de Elisa Esposito (Sally Hawkins), una joven muda que se comunica por lenguaje de señas y trabaja como aseadora en un laboratorio del gobierno estadounidense, a principios de los años sesenta. Lleva una vida apacible y algo aburrida hasta que un día descubre en un tanque de agua a una criatura humanoide (Doug Jones) que ha sido capturada en el Amazonas. Elisa, lejos de verla como un monstruo, entabla comunicación y descubre en él a un ser inteligente, comunicativo y, como ella, profundamente solo.

La forma del agua es una oda a la feminidad, narrada como un cuento de hadas, en un universo sin tiempo. Si bien está ambientada en plena Guerra Fría, una historia así pudo haber pasado en cualquier época porque se trata de un encuentro entre seres que van al encuentro de sí mismos, de ahí que la película contenga una serie de símbolos, mitos y leyendas populares. Es, además, un homenaje a El monstruo de la laguna negra (1954) una emblemática película de terror, aunque en la película de del Toro la heroicidad recae sobre el personaje femenino.

Elisa, la heroína

No hay en La forma del agua un héroe venciendo un villano a través de un largo proceso de crecimiento personal, ni el héroe se completará a sí mismo sobreponiéndose ante la sombra del mal. Tampoco será devorado para luego renacer entre los muertos y dar esperanza y luz renovada para quienes confiaron en él. Aquí la heroína es una mujer cuya misión es unir lo humano y lo bestial, que no son más que las puntas de un mismo lazo; ella danza (y lo vemos en la película) con el monstruo para germinar el suelo en el que ocurre el milagro de la vida, la transformación, la separación y el crecimiento: la protagonista, poco a poco, se va haciendo adulta.

Elisa es una ninfa, una deidad asociada al agua que despierta sentimientos de veneración, ilusión, seguridad y fertilidad. El tono verde que la acompaña en muchas escenas simboliza la equidistancia entre el azul del cielo y el rojo infernal, el verde la muestra como una mediatriz entre el calor y el frío, trasmitiendo la tranquilidad que da la autenticidad humana.

El huevo que tantas veces le ofrece Elisa al monstruo es la herramienta que le da la voz que no tiene. El huevo es el símbolo de la génesis del mundo, la realidad primordial que contiene el germen de la multiplicidad, la historia que está por venir, la palabra que crea.

Un monstruo muy humano

El propósito del monstruo en la película es hilar el camino de la heroína, guiarla en su despertar. Lo que despierta es el amor humano, erótico, escondido tras una forma animal que, aunque distinta de ella, es genuina. Luego del primer encuentro, ni Elisa ni el monstruo seguirán siendo los mismos: ella lo libera de su monstruosidad transformándolo en su imagen de lo masculino. En el azul de sus grandes ojos hay una mirada perdida en lo indefinido; es en esa profundidad de la mirada donde viaja Elisa.

Un villano muy común

Richard Strickland (Michael Shannon) es un villano caricaturesco. Lee libros sobre el poder del pensamiento positivo y tiene relaciones sexuales con su esposa únicamente sobre ella, con la ropa puesta y en estricto silencio, lo que sugiere una forma de acoso. Se ve a sí mismo como un hombre correcto y es muy severo con todo lo que percibe como desviado. Trata con violencia al monstruo, a quien considera menos que un animal, y en ocasiones acosa a Elisa, buscando sacar ventaja del silencio natural del personaje; para ella, Strickland es el verdadero monstruo.

Su función es la de crear un ambiente hostil para que el personaje principal cumpla con su proceso de crecimiento. También representa el contraste entre lo socialmente aceptado y aquellos personajes segregados, como Zelda Fuller (Octavia Spencer) una mujer negra, y Giles (Richard Jenkins), un homosexual, ambos amigos de Elisa.

La forma del agua se anticipa como una obra maestra en la que el camino del héroe es recorrido por una mujer. En ese sentido, no se trata de un personaje que vence al enemigo, sino de alguien que danza con su propia sombra hasta crear un suelo fértil, propicio para que ocurra el milagro de la vida.

* Diego Rojas. Psicólogo clínico, con estudios en simbología y psicología analítica. diegorojas1801@gmail.com

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