La Doctrina Tillerson, un regreso al siglo XIX

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Al mejor estilo de un imperio, Estados Unidos acaba de presentar al mundo su visión de Latinoamérica. Mire usted lo que se nos viene…

Por Héctor Galeano*

Luego de un año en la Casa Blanca, América Latina estaba esperando un pronunciamiento oficial de Trump y su equipo, que definiera el marco en el cual se desarrollará la política exterior de Washington hacia la región.

Después de tanto silencio, el secretario de Estado Rex Tillerson inició un periplo por América Latina, explicando lo que ya se conoce como la Doctrina Tillerson. La extensa exposición que realizó en Austin, en la Universidad de Texas, tuvo eco en la región y el mundo.

Por una parte, les recordó a los latinoamericanos la longeva, vergonzosa y obsoleta Doctrina Monroe, promulgada en 1823, que rezaba “América para los americanos”. Además, señaló a Rusia y China como actores peligrosos y desestabilizadores para los países de América Latina, lo cual generó de inmediato el rechazo de las autoridades del gigante asiático.

Han transcurrido casi dos siglos desde que el presidente James Monroe expresó su rechazo a la posible injerencia de Rusia, Prusia y Austria, que unidos en la Triple Alianza planearon la reconquista de las excolonias españolas. La realidad histórica demostró que la Doctrina Monroe se convertiría en el instrumento para la expansión territorial, económica y financiera de los EE.UU. y en la mejor herramienta para consolidar la hegemonía continental.

De esa manera arrebataron territorio a los mexicanos, posteriormente se adueñaron de Puerto Rico, y con el ascenso de Roosevelt a la presidencia, la mirada norteamericana se volcaría sobre Panamá, que cobijado en el Corolario justificaría el “garrote y la zanahoria”, dependiendo por supuesto de la subordinación que los pueblos latinoamericanos estuviésemos dispuestos a tener ante los EE.UU.

La argumentación de Tillerson no solo ignora la historia. Además, desconoce que la presencia rusa y china en Latinoamérica es el resultado del abandono y los vacíos de poder que voluntariamente fue dejando los EE.UU. En materia comercial por ejemplo, algunos gobiernos latinoamericanos entendieron que la clave para el crecimiento estaba en la diversificación de las balanzas comerciales, y no en la dependencia hacia el norte del continente.

Las posturas de Trump frente a temas como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, el TLCAN y la revisión de algunos TLC, han llevado a repensar a los países de la región sobre los riesgos de una adhesión comercial incondicional con los EE.UU.

En el plano de la seguridad regional, la nueva Doctrina del Secretario de Trump desconoce que en el contexto actual la posibilidad de una intervención directa o auspiciada desde Washington será rechazada tajantemente por todos los gobiernos, incluso aquellos enmarcados en la derecha y proclives a los lineamientos norteamericanos. Adicionalmente, los intereses que a lo largo del presente siglo han construido tanto chinos como rusos, haría pensar que no se quedarán como testigos mudos de un rompimiento abrupto del orden en la región, sin su consentimiento.

De acuerdo a lo expuesto por Tillerson, la Casa Blanca dimensiona la relación con América Latina desde dos aristas. Distancia, sustentada en el muro de la vergüenza con México; y sumisión, al mejor estilo del siglo XIX. Sin duda, nos esperan tiempos complicados.

@hgaleanodavid

Analista Internacional

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