Espejo venezolano

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Basta mirar a Venezuela para ver nuestro verdadero rostro. Ese que tanto maquillan los medios de comunicación, y tanto duele a los pobres, y tanto complace a los ricos. 

Por Jorge Guebely

Venezuela, el mejor espejo de Colombia para ver los cientos de desplazados como aquí. Donde niños mueren de hambre como aquí. Donde los adultos fallecen en hospitales como los nuestros en las EPS: sin medicamentos y sin atención. Allá, donde no hay medicamentos como aquí. Y aquí, si los hay, son los más caros del continente. Medicamentos sólo para pudientes.

En empleo digno, somos similares. Abunda el desempleo camuflado por las estadísticas y prolifera el empleo chatarra. Sólo los adeptos al político Maduro y otros similares poseen los buenos cargos como los adeptos al político Santos y otros similares. Allá como acá, la política actúa como infame bolsa de empleo, como siniestro mercado electoral.

En corrupción, caminamos iguales. Corruptos los políticos de allá como los de acá. Allá, quien proteste contra la injusticia estatal es asesinado, como sucede aquí. Allá, los partidos políticos se comportan como bandas de amigos para desfalcar al erario, como acá. Allá prolifera el capitalismo burocrático, una dictadura única usufructúa al Estado; aquí igual, pero nuestra dictadura se comparte entre élites. La democracia venezolana es tan artificial como la artificialidad de la democracia colombiana. Aquí, tan godos como allá porque no hay régimen más godo que una izquierda en el poder.

Escasas diferencias en relaciones internacionales. Allá están sometidos a capitales extranjeros, como acá. Los de ellos, provienen de Rusia y China; los nuestros, de Estados Unidos y Alemania: un mismo capital con dos caras. Maduro insulta a Santos y Santos descalifica a Maduro. Mientras Maduro culpa al imperialismo norteamericano de su incompetencia; aquí, se culpabiliza a las guerrillas. Allá como acá, hay enorme incapacidad para asumir la ineptitud.

Sin embargo, las diferencias existen. Mientras el chavismo, en su populismo, le quita poder a la plutocracia venezolana y deteriora su capital, aquí se los consolidan. Aquí creemos estar mejor que allá, gracia a la mala prensa contra Venezuela y a la buena para Colombia. Los colombianos le creemos más a la televisión que a la realidad.

Dos sistemas social y humanamente fracasados. Socialmente, porque sólo sirve a una élite. Humanamente, porque estanca el desarrollo humano. Fracasan porque defienden privilegios. Y todo Estado que defienda privilegios tendrá que mentir, oprimir y fracasar. “Ninguna sociedad, controlada por los que buscan privilegios, ha terminado de modo distinto al fracaso”, afirmaba con razón Erik Larson.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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