Balas son palabras

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Frases que se dicen para ayudar, otras que se afirman para hundir y las que se pronuncian sin medir las consecuencias.

Por Mariangela Mercado Salas

Últimamente es muy común que lleguen a mi vida personas afligidas o confundidas por alguna circunstancia personal y que me cuenten sus asuntos con toda la confianza que otorga la mirada, porque en la mayoría de las ocasiones los acabo de conocer. No sé si esto se deba a la casualidad o la causalidad, si lo busco o es algún propósito de Dios, lo cierto es que me gusta y hasta me atrevo a “esculcar” para luego permitir que las palabras fluyan y así ayudar un poco a los demás a llevar sus cargas con una sonrisa o a tirarlas lejos sin culpabilidad.

Leemos, escuchamos y hasta repetimos el poder increíble que tiene la palabra, pero poco lo tenemos en cuenta al hablar. La frase que se dice para ayudar, la que se afirma para hundir y la que se pronuncia al descuido sin medir las consecuencias, todas, son como varitas mágicas causando estragos o reparando y muchas veces el resultado no coincide con la intención del emisor.

Hasta ahora no ha llegado a mi vida ninguna persona lastimada físicamente, pero sí que he visto daños emocionales y sicológicos muy grandes, casi siempre infringidos por las personas más allegadas. Quienes más nos aman en ocasiones golpean con el abecedario completo. El amor no por llamarle amor siempre es bueno.

La cizaña a veces se disfraza de defensa y apoyo; los chistes se visten de burla y rompen autoestimas difíciles de remendar; el cinismo, la ironía y el sarcasmo pueden agujerear el alma con mayor destreza que el cuchillo más afilado contra la piel.

De la bondad del corazón hablan los labios, dice la Biblia y le da mayor sentido a aquello de “Amar el prójimo como a sí mismo”  se refiere a aquel amor que se describe en Corintios y que llevamos 2018 años repitiendo sin saberlo aplicar.

Como siempre, aclaro, no soy sicóloga, ni pastora o religiosa, de hecho tengo bastantes pecados que, de acuerdo a algunos, me restarían la autoridad moral para citar la Biblia e incluso para tomarla en mis manos, pero quizá Jesucristo nos ama desmedidamente a los pecadores y nos hace parte de su grupo “élite” precisamente porque todo el dolor o la tristeza que arrastran los errores aumentan la sensibilidad a un extremo útil a los demás.

“No matarás” dice uno de los mandamientos y nos proclamamos a gritos defensores de la vida como si la vida solo fuera carne y sangre y no todo eso que llevamos dentro y que tan solo un par de frases puede destruir.

Hagamos un esfuerzo por disminuir las discordias, matanzas y cementerios que creamos a nuestro alrededor con balas de la A a la Z. Respirar profundo y subirse a los zapatos del receptor antes de hablar sea quizá la técnica más eficaz.

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