Verbo político

571

De cantinflesco se califica el verbo de los políticos.

Por Jorge Guebely

Discurso cundido de galimatías, de semántica retorcida, de argumentos ridículos. Artilugios para defender prebendas económicas y destruir el ser humano. Abundante en giros farragosos y palabras cascarones. Lenguaje diseñado, según George Orwell, para que: “… las mentiras parezcan verdades; el asesinato, una acción respetable y dar al viento apariencia de solidez”.

Cantinflesco, pero no a lo Cantinflas que es lenguaje genial, capaz del humor vivo a partir de pensadores y pensamientos mayores: “Como dijo ‘Chicaspear’, la ‘filosofía’ de la vida es ‘to be or no to be’, que quiere decir ‘te vi o no te vi’”. Humor popular con sentimiento incluyente: “Para mí, todas las ideas son respetables, aunque sean ‘ideítas’ o ‘ideotas’”. Humor político de envergadura marxista: “La política la hacen unas bandas de poderosos para exprimir a los débiles”.

Cantinflesco, no a lo Cantinflas sino a lo político, como los debates en el Senado. Discusiones con apariencia de acaloramiento para crear la impresión de la democracia. En casi todo senador se agazapa un anti-demócrata, un delincuente legal que compra su curul en el más tramposo de los mercados. Demócrata de mercado negro en donde todos los compradores de políticos llevan la razón.

Debates cantinflescos, el de las circunscripciones de paz. Horrorosos galimatías en torno a conceptos. “Si la mitad del congreso es de 49.5 y hubo 50 votos favorables, medio congresista no hace las mayorías absolutas”. Argumento caricaturesco, carente de sensibilidad social, de inteligencia parlamentaria y de sentido humano. Normal, en política, el ser humano no cuenta, sólo intereses económicos. El congreso alberga la avanzada política de la podredumbre colombiana, interesada en todas las formas de la exclusión.

Y mientras los senadores se enmarañan en las enredaderas de un discurso floripondio, el país se desbarata. Aumentan las zonas de conflictos, los asesinatos políticos se multiplican, los asaltos callejeros pululan en todas las ciudades, el feminicidio se vuelve un deporte, los indigentes andan como sombras por las calles, la salud es una utopía, los contratistas desbaratan el Estado, los profesores venden marihuana a sus estudiantes, los policías extorsionan al delincuente, los niños se mueren de hambre y mil desbarajustes más.

Ninguna duda hay, toda Colombia es víctima de una clase política cantinflesca. Todo colombiano es prisionero del discurso cantinflesco de los políticos. Le toca padecer esa estrategia infame que pretende ocultar una realidad perniciosa: un político estándar es aquel que se arrodilla con la frente hacia las elites económicas y las espadas hacia las mayorías.

jguebelyo@gmail.com

Compartir.

Acerca del Autor

Jorge Guebely

Los comentarios están cerrados