Dictadura democrática

567

Si las dictaduras de derecha o izquierda utilizan el soborno para mantenerse en el poder, entonces Colombia es una dictadura democrática.

Por Jorge Guebely – jguebelyo@gmail.com

Como sistema, en el país nos sostenemos a base de sobornos. Lo confirma la reciente encuesta de la Universidad del Externado y Transparencia por Colombia.

Nada nuevo en sus resultados. Ya lo sabíamos: Colombia es un país corrupto. A muchos no les gusta esta acusación, prefieren maquillar la realidad esgrimiendo argumentos como “no todos son deshonestos”. Sin embargo, es un país corrupto y enfermo, en el sector público y en el privado, y en cualquiera de las ramas del poder estatal. Hasta el ciudadano que vota por un corrupto es corrupto, un cómplice.

Encuesta interesante por las personas encuestadas. No son de izquierdas, ni exguerrilleros, ni periodistas amargados, ni de enemigos del sistema. Fueron los empresarios colombianos. Supongo que respondieron con intereses calculados, por lo bajo; sin embargo, sus respuestas escandalizan. Un 96% ha sobornado para seguir adelante. Casi ningún funcionario público presta sus servicios sin el estímulo de una coima. Desde el empleado menor hasta el jefe más encopetado. El soborno es la gran bandera patriótica del funcionario público.

Para cometer su fechoría, el funcionario cuenta con un Estado débil y politiqueado, y con un interminable papeleo inoficioso que favorece el cohecho. Funcionarios mediocres que deben su cargo a un jefe político. Un Estado inoperante que no garantiza el empleo, origen de toda descomposición social; que cohonesta con el trabajo chatarra. Tan inmoral que hasta los grandes privilegiados –magistrados, por ejemplo- aceptan jugosas coimas para cumplir con sus funciones o torcer sus veredictos.

En el sector privado, el soborno es tan normal como en el público. Sobornan para poder competir por mayor rentabilidad, para encarecer productos a través de alianzas estratégicas. Invierten en campañas electorales para sobornar a políticos, la inversión más productiva. Coimas que camuflan con el término de donaciones o patrocinios o regalos. Dineros para comprar votos a microempresas electorales, otro centro de la podredumbre legal.

Si los políticos aceptaran sinceramente la realidad, tal vez encontrarían una forma distinta de hacer política. Pero eso es imposible. ¿Cómo convencer a un gusano que la llaga de la que vive es una herida que provoca dolor? Ningún futuro humano queda dependiendo de los políticos. La democracia existe cuando la política sirve al bien común, no a la paga coimas. Eso no es una dictadura de derecha, tampoco de izquierda. Simplemente es la dictadura democrática de las élites.

jguebelyo@gmail.com

Compartir.

Acerca del Autor

Jorge Guebely

Los comentarios están cerrados