Voto inteligente

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Abundan muchas elecciones políticas y existen escasísimas posibilidades de que los políticos se auto-reformen electoral y humanamente.

Por Jorge Guebely

Nunca dos manzanas buenas sanearon un saco de podridas. Casi nadie escala las alturas políticas sin feriar su conciencia. Cualquier ascenso pasa por el mercado local, nacional o internacional; por la corrupción. Odebrecht no es más que otro ejemplo de buen postor. Existen postores mayores y, por supuesto, también menores. Parodiando a Joseph Fouché, paradigma del cinismo político: todo político tiene su precio, sólo falta saber cuánto vale. Un político no parece un sujeto social sino un objeto de mercadeo.

El antídoto reside en el voto inteligente de ciudadanos honestos, el que rechaza el entramado podrido de la política vigente. El que aún tienen fe en el ejercicio democrático, aún si la mayoría de los actuales votos están contaminados.

El ciudadano que vota inteligente lo hace aunque la democracia de hoy esté diseñada como farsa, como trampa, como espejismo de elección popular, para perpetuar el capitalismo inhumano, para ocultar los verdaderos electores: los capitales que ferian políticos y ciudadanos cómplices.

Toca construir un voto de conciencia humana –la ignorancia se excluye con la democracia-, libre del mercadeo, del chantaje, de la promesa de un pan, de la conservación de un cargo; un voto con dignidad. Libre de ideologías políticas o religiosas que nos convierten en sumisos y nos impiden un voto autónomo y ciudadano. Libre de banderas: liberal o conservadora, derecha o izquierda, pero de cara a la calidad humana del candidato. Un voto que rescate la política de la podredumbre y la ponga al servicio de la especie.

Voto que revolucione la razón ciudadana, que permita develar al candidato mitómano que gana votos mintiendo, al violento que triunfa infundiendo terror, al prevaricador que viola la ley a su favor, al peculador que se apropia de los recursos públicos, al nepotista que nombra familiares y compadres en el Estado abusando del poder, al que forma bandas gubernamentales para delinquir, al que hace concusión negociando prebendas económicas gracias a su cargo, al extorsionista que inmoralmente cobra gajes por los “favores” realizados, al que coloniza instituciones estatales o fortines políticos para construir la purulencia de su corrupción.

Y aun cuando el reto parezca imposible, no queda otra alternativa que apelar a la conciencia de los ciudadanos libres y honestos.  “Si no luchas para acabar con la corrupción, acabarás formando parte de ella”, decía la cantante norteamericana Joan Baez. Pero, además, el neoliberalismo nos propone un futuro oscuro, y cuenta con la complicidad de nuestros políticos corruptos.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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