¿Se caerá el Acuerdo de Paz en Colombia?

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A un año de haberse firmado el Acuerdo de Paz, por segunda vez, (la primera fue en Cartagena, la segunda en Bogotá) entre la guerrilla de las Farc y el gobierno colombiano, éste pasa por su peor momento.

Por: Victor Herrera

Victor Herrera Michel

Victor Herrera Michel

El primero de sus problemas fue el de la legitimidad. Recordemos que el plebiscito del 2 de octubre había señalado un NO al acuerdo que entrañaba la urgente necesidad de revisar algunas de sus consideraciones. El presidente Santos –seguramente envalentonado por el Nobel de Paz– optó por la vía legislativa en donde, por el contrario, el SI fue unánime, seguramente alimentado por los estímulos “enmermelados” del gobierno. Pero el costo de esta decisión se reflejó en su credibilidad, como lo siguen demostrando aún hoy las encuestas.

Ya a estas alturas, varias son las situaciones que amenazan con su implementación. En primer lugar, lo que dijo la Corte Constitucional que, si bien estableció una especie de blindaje de los acuerdos sobre posibles modificaciones por los próximos 12 años, señaló que los terceros coadyuvantes y los civiles solo podrán declarar si ellos así lo quieren, lo cual compromete el esclarecimiento de la Verdad como pre-requisito de la anhelada reconciliación.

Juan Manuel Santos, Raùl Castro y Timochenco

Juan Manuel Santos, Raúl Castro y Timochenko

Por otra parte, los errores  políticos de las Farc, al conservar  su nombre original –de tan ingrata recordación– en su nuevo movimiento y escogiendo como su candidato presidencial al otrora Alias “Timochenko”, por fuera de lo preceptuado en el Acuerdo y provocando una discusión jurídica en torno a si antes deberían someterse a la Justicia Especial para la Paz (JEP).

Además, el país no tiene certeza sobre sus bienes, fortunas, armas, número de guerrilleros o de menores combatientes, entre otros. Por último, no haber logrado (¿a propósito?) el consenso unánime de todos sus integrantes lo que ha dejado una “disidencia” armada que cada vez crece, comete actos terroristas y se muestra, para algunos, como el brazo armado que les sobrevive. En éste punto, el jefe de verificación de la ONU aseguró recientemente que por lo menos un 55% de los excombatientes se han retirado de las zonas de reincorporación –y algunos han engrosado esta “disidencia”– por el incumplimiento de los compromisos que asumió el gobierno nacional en la adecuación de dichas zonas y de sus beneficiarios.

Todo parece indicar que al final las Farc, con su nuevo partido, terminarán molidos por la implacable maquinaria politiquera, tal y como sucedió con otros movimientos al margen de la ley que trataron de incursionar en el Congreso como el de Pablo Escobar, el M-19 y los Paramilitares, entre otros.

El Congreso, por su parte, ha aprovechado para cambiar las reglas del juego iniciales en lo que se refiere al trámite de la Ley estatutaria de la JEP, tratando de presionar al gobierno para raspar lo último que queda del “cucayo” de la olla de la mermelada, a fin de garantizar la reelección de sus integrantes en la próxima contienda electoral.

Para rematar, crece la polarización en el país  –ahora más con las elecciones presidenciales– y todo hace prever que el SI y el NO se trasladarán nuevamente a las urnas (como en el Plebiscito) pero en un ámbito lleno de mucha más plata, corrupción  y  posverdad.

Finalmente, el presidente Santos trata de salir al rescate del Acuerdo en el peor momento de su favorabilidad, ad portas de un año electoral y a punto de culminar su mandato. Muchos creen que tendrá que conformarse con el Nobel de Paz por el que tanto luchó.

@vherreram

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