La fragilidad de la Vida

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Si solo la tragedia te solidariza, entonces la tragedia será tu maestra. Si solo la enfermedad detiene una vida de abusos, ella será tu maestra.
Por Mariangela Mercado
En estos días me reuní con un buen amigo que hace mucho tiempo no veía y entre historias e historias de tanto tiempo sin vernos, me contó que a uno de sus sobrinos le habían descubierto un cáncer bastante particular.
El niño no llega aún a la adolescencia, y por supuesto la noticia desencadenó un ambiente de profunda tristeza en su familia. A pesar de continuos tratamientos y posibles mejorías, esta lucha entre la salud y la enfermedad, entre la esperanza y la incertidumbre, ha causado estragos en los ánimos de grandes y chicos dentro del núcleo familiar.
El impacto de la noticia me llegó al alma, pensé en mi hijo de tan solo 10 años, en mis sobrinas, en los hijos de mis amigas y en fin, como siempre, este tipo de acontecimientos me hacen pensar en la vida y en lo valiosa que es y lo poco conscientes que somos a veces de ello. Creemos que nos merecemos el día a día por derecho propio, nos enteramos de enfermedades, catástrofes, muertes,  accidentes y pensamos que les pasa a los demás  y que nosotros estamos excluidos. En muchas ocasiones vivimos distraída e irresponsablemente.

La fragilidad de la vida es indiscutible y la conciencia sobre ello debería representar para cada uno de nosotros un despertar diario lleno de gratitud y una fuente inagotable de paz y felicidad en nuestro interior de las cuales podamos echar mano a cada instante de nuestra existencia, sin importar qué tantos problemas debamos enfrentar. Lejos de esto, dejamos que este acelere moderno que nos inventamos nos aparte cada vez más del disfrute de lo sencillo, de lo básico y de la simple y maravillosa sensación de poder respirar.

Uno de los escenarios en los que más se aprecia esta especie de “neurosis” es en la calle, cuando conducimos, basta que un solo vehículo o moto se nos atraviese accidental o arbitrariamente y explotamos, perdemos el control, soltamos mil improperios contra quien quiera que sea el culpable del incidente. En el trabajo, en casa, con nuestros  hijos, con los vecinos, con el que nos atendió en un almacén sin mirarnos al rostro y así sucesivamente, pasamos de explosión en explosión desperdiciando minutos valiosos que no se repetirán.
Deberíamos aprender a andar ligeros y hacer un esfuerzo extremo por librar el corazón de cargas emocionales innecesarias adquiridas por situaciones que no lo ameritan. Tal como lo expresa la “Desiderata” en su parte final:
“Tú eres una criatura del universo, no menos que las plantas y las estrellas; tienes derecho a existir.
Y sea que te resulte claro o no, indudablemente el universo marcha como debiera.
Por eso debes estar en paz con Dios, cualquiera que sea tu idea de él.
Y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones, conserva la paz de tu alma en la bulliciosa confusión de la vida.
Aún con toda su farsa, penalidades y sueños fallidos, el mundo es todavía hermoso.
Sé cauto, esfuérzate por ser feliz”. Max Ehrmann.
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Chachareros

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