El condón no protege el corazón

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En una vida sexual promiscua y sin límites, las personas suelen sentirse tan solas como grande es el número de personas con las que se acuestan. 

“He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; nuestro lecho es de flores. Las vigas de nuestra casa son de cedro, y de cipres los artesonados”. Cantar de los Cantares.

Por Mariángela Mercado Salas

Cuando mis sobrinas mayores empezaron a hacerse grandes y “mujeres” en el pleno sentido de la palabra, ya yo había pasado los 30 y había cometido los suficientes errores como para tener muy claras las razones por las cuales mi padre era tan celoso y mi madre le hacía coro en aquello de no llegar muy tarde a casa, y de cuidarnos y no entregarnos al primer “tipejo” que nos dañara el oído. De hecho, era una de las pocas cosas en las que mis padres siempre estaban de acuerdo.

Cuando se lleva una vida sexual promiscua y sin límites, se reciben energías de todo tipo y se dispersan las propias, al punto de generar vacíos que no se llenan fácilmente. Si bien es cierto que durante mi adolescencia y juventud fui bastante rebelde y a pesar de que tomé, bailé, salí, me divertí y llegué hasta a ser reina en la universidad, siempre fui bastante tradicionalista en los temas de pareja y he tenido unos  límites fuertemente contrarios a la libertad sexual que anda por las calles de la vida hoy en día, tristemente, desde muy temprana edad.

En mi afán porque mis sobrinas interiorizaran la importancia de cuidarse sexualmente no solo por razones físicas sino por razones espirituales y emocionales y debido a que coincidencialmente, en esos días, dictaba charlas a los adolescentes del PEP en Barranquilla, diseñé una que llamé: “El condón no protege el corazón”. Más adelante la frase ha sido usada, sin mi firma y con otros fines, pero eso no viene al caso.

El condón (ni ningún método anticonceptivo) no protege de la descarga espiritual y energética o del  impacto emocional que se produce cuando tenemos relaciones sexuales. Cuando se lleva una vida sexual promiscua y sin límites, estas personas suelen sentirse tan solas como grande es  el número de personas  con las que se acuestan. Por más superficiales que se esfuercen en ser para evadir las emociones negativas de su comportamiento sexual, hay algo en la conciencia humana y más allá del control racional que, a todos, nos lleva en algún momento a encontrarnos con nosotros mismos y con la riqueza o la miseria que hemos dispersado en nuestro interior y que es  producto de la forma en que actuamos en nuestra vida.

Como tantas veces lo digo, no soy profesional en la materia, reúno lecturas y experiencias a partir de las cuales me atrevo a hacer afirmaciones que se convierten en la opinión que aquí dejo plasmada. La sexualidad es sagrada y tan importante que  a través de ella se crea la  vida y es eso lo que debemos transmitirle a nuestros hijos y tener presente al desarrollar la nuestra.

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